Los neuquinos de Araca la Barda llevaron su obra a Tucumán.
Araca la Barda. Representó a Neuquén en la 31 Fiesta Nacional de Teatro que se desarrolla en San Miguel de Tucumán con la “Edad de la ciruela”. Con aplausos de pie despidió el público aficionado al teatro a la propuesta del elenco regional que se distinguió por la simpleza y belleza de su puesta.
“La edad de la ciruela”, el representante neuquino en la Fiesta Nacional de Teatro
Humor neuquino en fiesta teatral
Los neuquinos de Araca la Barda llevaron su obra a Tucumán.
“La edad de la ciruela”, pieza de Arístides Vargas protagonizada por Lala Vega y Carolina Sancho, del elenco Araca La Barda, dirigida por Guillermo Troncoso con asistencia de dirección de Luciana Vega y música original de Fox y Ramiro Colonna, estrenó en Tucumán el jueves pasado en la sala del Círculo de la Prensa.
Antes, “Río Negro” compartió las actividades del última prueba de la pieza que representó a Neuquén en la Fiesta Nacional del Teatro, la puesta de luces y el ajuste de ubicaciones de las actrices en el escenario, dialogando mientras tanto con Guillermo a oscuras. La sala vacía.
“La edad de la ciruela’ es una obra que me gusta muchísimo porque tiene humor y una poética increíble”, define el director.
“Mi forma de trabajo se basa también en lo corporal y lo vas a ver después en las actrices, donde voy metiendo de a poco la comedia del arte, la pantomima. Es una pieza que se ha hecho mucho, he visto muchas formas de abordarla y en la mayoría es tomada con mucho dramatismo; en realidad va por otro camino, aunque tiene sus momentos”, agrega.
P: Está tan bien escrita que permite distintos abordajes, lecturas diversas.
R: Sí, claro y no están mal, Pero en mi caso, me atrae el humor de los personajes. Arístides y yo somos de Mendoza y sus textos en “La edad…” se desprenden de recuerdos de su infancia allí. Las muchas mujeres de su familia se reunían alrededor de un ciruelo, allá por departamento San Martín. En mi casa ocurría lo mismo pero bajo una higuera. Así que es un placer volver a dirigirla y con estas actrices de enorme trayectoria en Neuquén.
P: Entre las herramientas que manejás para dirigirla, están ellas. ¿Qué te dan, qué posibilidades te abren?
R: Tiene mucho que ver el oficio de actor, también. Entonces, son muy, muy importantes, porque vienen trabajando desde hace mucho tiempo y permiten que la tarea para lograr lo que yo quiero del espectáculo, se agilice, sea más liviana.
Las dos son formidables, toman los que les digo y lo hacen crecer y crecer justamente por el oficio que tienen en un grupo que se caracteriza por abordar mucho la comedia, Araca Teatro. Con Luciana (Vega), la asistente de dirección, igual; cuando me tenía que ir a mi provincia, ella seguía trabajando para que no se diluyera lo logrado.
A Carolina Sancho la conocí después de haber visto videos y me atrajo su apariencia para el rol, su physique du rôle, su gestualidad, su calidad como actriz. Es muy buena.
Así que para mí, ha sido y es un placer dirigirlas y a ambas les ha ido muy bien con la obra. Bueno, Carolina ganó el premio (Teatro del Mundo) en el Centro Cultural Ricardo Rojas de Buenos Aires, por su interpretación en ella. El mundo que se ve, lo hemos elaborado entre los cuatro. A mí me fascina trabajar el deseo de los actores, qué quieren mostrar, ¿no? Y entre todos vamos tejiendo el espectáculo.
P: Ahora estás a tres horas de estrenarla en Tucumán. ¿A qué detalles te dedicás, qué retocás?
R: El miércoles pasado hicimos una pasadita técnica en una sala que consiguieron unos amigos tucumanos, porque ésta se estaba usando con otro grupo, y vimos que no hacía falta hacer otra pasada. Vimos lo espacial con los técnicos, cómo trabajar la iluminación en los desplazamientos y posiciones que ocupan las actrices. Sobre todo por ser un nuevo espacio. El piso no varía mucho, sí es un poco más largo que en Neuquén; la profundidad es casi la misma. Así que eso no me preocupa tanto, cómo ocupan ellas el espacio. Corremos con esa ventaja.
Esto lo vivo como una fiesta, no con presión, sobre todo por encontrarle la poética a Arístides Vargas. Es una pieza que conmueve. Tengo los nervios normales de cuando va a comenzar todo, pero me gusta esto. Las funciones en cualquier lugar, y especialmente en el marco de la Fiesta Nacional, me hacen muy feliz porque se comparte lo que uno hace con compañeros de otras provincias, más allá de lo que resulte, si gusta o no. Es lo que uno genera, lo que propone, y es un espectáculo que funciona muy bien. Las chicas lo han hecho, incluso hasta con un elenco adolescente…

Razón de vivir la vida
“ La obra requiere mucho juego y no es muy complicado adaptarnos. Sí aseguramos la referencia del filo del escenario, todo converge ahí”. Explica la actriz neuquina Lala Vega que está en Tucumán con sus varones, Ramiro asiste en la técnica. “Yo no haría teatro si tuviera que sacrificar el tiempo de contacto con ellos. Entonces, se fueron acoplando a esto, desde siempre… De hecho, aman el teatro. Nosotros tenemos un pequeña salita que es Acara Teatro y allí, la consigna desde el primer día, fue que debía ser una segunda casa para ellos. Matías tenía tres, Rami, once, diez. Tiene que ser un lugar del que se puedan apropiar. Conviven con nuestro trabajo y con una forma nuestra de laburar que es de mucha dedicación. Somos medio un circo, nuestros hijos tiene un lindo vínculo entre ellos, los que están hoy acá y los de nuestros compañeros de elenco en Neuquén”, cuenta la actriz. “Para mí, el teatro es mi manera de vivir, un lenguaje que conozco. Una frase de una canción de Jorge Fandermole dice: ‘Canto, canto, porque cantar es mi brazo armado y fuerte’… Bueno, para mí es lo mismo”, concluye.
Carolina Sancho. Fue a llenarse de teatro.
Para vestirse hoy
“Maquillarnos, para las dos en un proceso en el que nos vamos poniendo un poco en tono. Nos cambiamos la ropa y mientras lo hacemos, vamos pensando en los textos, viendo el tono, su color. De acuerdo a lo que marcó el director en cuanto a maquillaje, peinado. Y nos ayudamos en esa preparación… Es un ritual que va modificándose con las funciones. Tomamos un tecito mientras nos pintamos”, cuenta Carolina Sancho.
“En el teatro uno se puede olvidar lo cotidiano, de los problemas que pasó. Sabiendo que al final de una jornada voy a actuar, ya está, vale todo. Es lo que salva el día. Nos sacamos toda la mufa y a la función. Acá (en Tucumán), uno viene a llenarse de teatro, a disfrutar, a ver propuestas que se hacen en otras partes del país. Esto es como un muestreo mínimo porque cada provincia tiene mucho más teatro, por lo menos en la nuestra. Somos solo las que nos presentamos y quedamos seleccionadas entre un montón de grupos que participaron en el provincial de Neuquén” sostiene la actriz.

Por las mujeres que habitan la memoria
Protagonizada por Lala Vega y Carolina Sancho, del elenco Araca La Barda, “La edad de la ciruela” con dirección de Guillermo Troncoso, subió a escena en Tucumán el jueves pasado.
“Celina y Eleonora, hermanas en la vida y en los recuerdos, como fantasmas del ayer, hacen ellas mismas de niñas y otras siete mujeres que habitaron la vieja casona sin hombres, y vuelven a asomarse a un presente constante e inmutable donde el tiempo, al menos momentáneamente, ha sido derrotado”, según la sinopsis de la obra de Arístides Vargas, que circuló entre los espectadores que colmaron la sala del Círculo de la Prensa, donde ocurrieron muchas cosas bellas.
Ante todo, la poesía de los textos de Vargas. El aplauso del público en cada apagón entre sus diecinueve escenas; con dos marcados acentos, el penúltimo incluyó bravos, y el del final fue de pie. Nada menos. El excepcional trabajo en el manejo de sus voces y cuerpos para diferenciar tantos personajes, de ambas actrices a quienes siempre se ve enamoradas por el oficio teatral, gozosas, divirtiéndose y divirtiendo por estar ahí jugando a ser Celina, Francisca, Jacinta, Victoria, María, Eleonora, la tía vieja Adriática, Gumersinda y la criada Blanquita, una creación soberbia de Sancho.
El fino humor del relato. La dinámica que le imprimieron para sostenerlo en tensión, atrayente, transcurriendo como la vida misma. Las miradas de picardía, complicidad, ira, desdén, aburrimiento de algunas de las mujeres que habitaban la casona del ciruelo donde transcurre la acción. La dirección de Troncoso y la asistencia de Lu Vega que permitió ser a Lala y Carolina, actuar libremente, sin marcaciones limitantes; y realzó la hermosura, la poética de una versión memorable.
Alguien podrá contar a sus nietos que vio al grupo de Neuquén en la Fiesta Nacional del Teatro, allá por 2016, en una obra que todavía recuerda. Este escriba lo dirá…
Creación en equipo cuyos resultados emergen naturalmente del respeto por el arte, por el canto de la palabra, su significado y buen uso, por la inteligencia de los públicos, por las mujeres que habitan la memoria, por su gracia, por el tiempo implacable, por el trabajo que se ama y se cuida, por la comunicación humana que necesita también cuidado.
En la devolución de los jurados y periodistas acreditados, durante la neblinosa mañana del viernes en el Ente Cultural de San Miguel, los elogios fundamentados abundaron tanto como el agradecimiento por haber sido parte de tanta belleza desde la simpleza.
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