La educación pública, en retroceso

Por Redacción

FORO DEL BICENTENARIO (*)

En este siglo avanzan las naciones capaces de construir un sistema escolar no sólo socialmente inclusivo sino también de calidad en lo que hace a los contenidos educativos. Nuestro país había liderado desde fines del siglo XIX la escolarización primaria en América Latina. La ley 1420 de Educación Común, Gratuita y Obligatoria permitió un abatimiento del analfabetismo que hizo que nuestra escuela fuera un ejemplo a imitar. La situación actual es distinta, tal como lo confirman las últimas evaluaciones internacionales de calidad educativa en el Nivel Primario, que nos colocan por debajo de seis países latinoamericanos. Otro dato preocupante es la desigualdad, que se pone en evidencia cuando se considera el nivel de conocimientos de los niños según la provincia de residencia o el tipo de gestión escolar, tal como lo revela el Operativo Nacional de Evaluación del Ministerio de Educación. Estamos lejos de la igualdad de oportunidades cuando, por ejemplo, las deficiencias en los conocimientos de los niños de sexto grado en las escuelas estatales del conurbano son nada menos que seis veces mayores que las que se registran en los colegios privados de la ciudad de Buenos Aires. La avenida General Paz parece, en educación, el límite entre dos naciones distintas. Es preocupante, un hecho que apareció por vez primera en el 2003. Destaquemos que hasta ese año nunca había disminuido la matrícula estatal en la escuela primaria. Pero entre el 2003 y el 2011 se matricularon en escuelas primarias estatales 288.000 niños menos (8%); este comportamiento de la población es un llamado de atención no sólo para las autoridades sino también para los sindicatos docentes. En primer grado el éxodo de la escuela pública es aún más pronunciado, ya que entre el 2003 y el 2011 la matrícula se redujo en un 11%. Por primera vez en nuestra historia, ahora son miles las familias –muchas de ellas humildes– que están renunciando a una educación pública y gratuita. Tampoco es promisorio que no estemos cumpliendo el exiguo calendario escolar, que además es uno de los más cortos en toda América Latina. No es alentador que no se esté cumpliendo la ley de Financiamiento Educativo. Ésta indicaba no sólo un nivel de gasto en educación equivalente al 6% del PBI: también establecía que hacia el 2010 el 30% de los alumnos en escuelas primarias estatales debía gozar de los beneficios de la jornada escolar extendida. Eso requiere incluir en esta doble escolaridad a más de un millón de niños. Lamentablemente, en el 2011 apenas gozaban de este beneficio 293.000 niños. En el Nivel Medio la luz de alerta la encendió la última prueba PISA, del 2009, ya que el nivel de conocimiento de nuestros adolescentes de 15 años los ubicó en el lugar 58 entre 65 países, por debajo de Chile, Uruguay, México, Colombia y Brasil. En lo que hace a la igualdad de oportunidades, es preocupante observar que, según la misma prueba PISA, la diferencia en el nivel de conocimientos entre adolescentes de familias ricas y pobres en nuestro país es de las más altas en América Latina. Sin igualdad de oportunidades educativas la equidad social es un objetivo inalcanzable. Pero aún estamos a tiempo de encarar el desafío que nos plantea este siglo, caracterizado por el avance de la ciencia y la tecnología. Por eso nuestra obligación es preparar a los adolescentes para ingresar bien preparados en el futuro. Esto exige fortalecer la escuela, que debe volver a ocupar un lugar central en nuestra sociedad, como lo tuvo hace un siglo. Es hora de que nuestros políticos asuman con decisión este desafío. (*) Integrantes: Marcos Aguinis, Gerardo Ancarola, Eduardo Caridi, Andrés Cisneros, Dante Cracogna, Felipe de la Balze, José Claudio Escribano, Rosendo Fraga, María Angélica Gelli, Mariano Grondona, Alieto Guadagni, Vicente Massot, Daniel Montamat, Carlos Ortiz de Rozas, Avelino Porto, Abel Posse, María Sáenz Quesada y Horacio Sanguinetti