La encrucijada de las economías regionales

Por Redacción

El ministro Axel Kicillof persevera y se considera el genio de la economía, pero las cosas están que arden. El martes, en un programa de televisión le dijo al periodista Luis Novaresio: “Espero que las regulaciones para comprar moneda extranjera prosigan”. Lo dijo el mismo día que el público había solicitado 200 millones en dólares ahorro. Y vaya a saber si se los quedan o los revenden en las cuevas. Que no se diga que no hay tensión y expectativa frente a las próximas elecciones de las PASO, donde se dirimirán posiciones. Pero, en una dialéctica confusa, el lunes Kicillof había dicho que no descartaba algún tipo de arreglo tibio, no rotundo con los fondos buitre. Pero parece que no, que este gobierno le está tirando todos los conflictos a resolver al próximo gobierno, sea el que fuere. Sea presidente próximo Scioli o Macri, de lo que tendrán seguridad, si son inteligentes, será de hacer un balance de lo que reciben para determinar responsabilidades. Si se presentan en la ventanilla de los buitres tendrán que hacerlo con bonos, porque los dólares constantes son escasos. La gente presta oídos a si aplicarán a partir de diciembre una devaluación para poder revertir todas las tendencias depresivas de la producción o lo harán parsimoniosamente. Los profesionales del mundo de la economía discuten qué hacer. Los políticos no se arriesgan a nada. Todos dicen, más o menos, lo mismo, pero les escapan a las definiciones concretas respecto a ese asunto tan impactante. De allí surgen los que se pondrían contentos con una devaluación para salvar sus balances y aquellos que verán aniquilados sus salarios, porque el peso máximo recaerá sobre los trabajadores y dependientes en general. Y ya se sabe que desde hace dos años está parado el empleo privado. Los temas pendientes recorren todo el espinel económico y el social. Caen rotundamente las exportaciones, no se ha salido a buscar nuevos mercados, la presión tributaria es la más alta de la historia argentina y en muchos sentidos condiciona a mentiras o mentirillas a las autoridades del Fisco para poder sobrevivir (es lo que aseguran en la conversación privada muchos empresarios, pequeños, medianos o grandes), la deuda externa será un lastre pesado e imposible de sortear y el cepo impide importaciones, veda el pago de deudas de importaciones ya ingresadas al país, por lo que gran cantidad de fábricas han tenido que cortar horarios y relaciones laborales con los trabajadores por falta de insumos fundamentales. Además, las reservas son escasas y los trascendidos hablan de tenencias mucho más reducidas que las que se informan desde los organismos estatales, prosigue la mentira estadística, el gobierno no dice la verdad acerca de indicadores esenciales. El Indec intervenido en enero del 2007 sigue asegurando que la pobreza es mínima cuando el Observatorio de la Deuda Social, dependiente de la Universidad Católica asegura que bordea el 28% de la población. En definitiva, uno de cada tres argentinos es pobre, carenciado, marginado, víctima de una desigualdad absurda e inmoral después de años de ingresos fabulosos gracias a la soja, que fueron evaporados por los subsidios de todo tipo y color, beneficiando sólo a los empresarios amigos del poder, a provincias con gobernadores amigos y a intendentes que aplauden todo lo que dice, hace y ordena la presidenta. El titular de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere, brindó el domingo pasado uno de los discursos políticos más contundentes y definitorios de los últimos tiempos. No en vano Etchevehere proviene de una familia de buenos periodistas entrerrianos, por lo que le sobra buena pluma y una manera muy directa de plantear las cuestiones. Precisó: ojo dónde se pone el voto en las elecciones que quedan, porque de ello dependerá el futuro del campo y por ende del país. La soja ya no rinde. El único producto que tuvo una mejora cercana al 19% fue el poroto. El resto de los cultivos está cercado. Las economías regionales están acorraladas entre el costo de los insumos internos, que son elevadísimos por el atraso del tipo de cambio; el apriete impositivo, la falta de mercados para colocar su producción y la falta de interés del Estado por doblegar estos problemas. Sin duda toda esta realidad coincide con lo que afirma el especialista Héctor Rubini sobre las características del populismo plasmado en la economía: una política fiscal deliberadamente en crecimiento, sustentada en una presión impositiva inaguantable que sirve para apoyar el gasto público dedicado a los subsidios, la negación de la inflación y fijación de controles en el universo del comercio exterior. Ha sido tan así que Argentina le dio la espalda al Mercosur desde hace un tiempo, mercado que entró en terapia intensiva y no sale de allí. Agregando la crisis de distintos tipos en Brasil y el descenso de las compras por parte de China. Todo el cuadro afecta a las economías regionales, esenciales para la vida cotidiana en las provincias, pero ignoradas por el Ejecutivo y el mismísimo Legislativo, que deciden en la Capital Federal (es el rostro unitario de una leyenda acerca del federalismo en el país) habida cuenta de que los representantes del interior no presentan mociones y propuestas claras y definitivas. Los resultados de la explotación triguera se parecen a cifras de hace 80 años, cuando no existían las maquinarias ultramodernas sino que se cosechaba casi a pulmón. Bien se sabe, la zona frutícola se desbarrancó, aguijoneada por la falta de un dólar rentable y la pérdida de mercados de colocación histórica de su producción. Ahora se informa algo más grave: se ha roto la cadena de pagos en el interior. Es decir una expresión para explicar que hay cheques rechazados, solicitudes contundentes para derivar pagos a la AFIP para el año que viene, campos hipotecados por las deudas, ausencia total de respaldo de los bancos, valores de los arrendamientos que les sacan el dinero del bolsillo cotidiano a los que trabajan la tierra y exigencias perentorias de los productores con las gobernaciones para que clamen ante los poderes en Buenos Aires. Por ejemplo: en el brete de las presiones internas se esfumó el 70% del precio del maíz. Los productores han protestado tirando el producto frente a las intendencias. ¿Qué hacer? Seguir esperando es llevar las economías regionales a una bancarrota mayor. Esperar al próximo gobierno es también dramático, precisamente porque la próxima presidencia tendrá miles de problemas que resolver. No podrá apagar todos los incendios al mismo tiempo. (*) Periodista. Escritor

daniel muchnik (*)