La fruticultura regional, con menos dólares
Muchos exportadores regionales aseguran que los 60 millones de dólares que ingresaban de adelantos por ventas a la UE ya no estarán este año por el conflicto que se generó con Rusia.
Temporada 2014/2015
El costo/beneficio que traerá aparejado el conflicto entre Rusia y Occidente todavía no ha podido ser cuantificado por la fruticultura regional.
Lo único que está claro es que se rompió el equilibrio de un mercado con las consecuencias que esto tendrá a futuro.
“Es un grave error de los políticos pensar que Rusia va a consumir ahora mucho más de nuestras frutas. Eso es una entelequia… es una afirmación que carece de fundamentos”, argumentó con alto grado de preocupación el empresario Hugo Sánchez, titular de Patagonian Fruit Trade (PFT) ante una consulta de este medio.
En esta misma línea de pensamiento se encuentra la mayor parte de los exportadores regionales que orientan su oferta a los mercados de ultramar.
Hace semanas que se vienen analizando los posibles efectos y escenarios que podría llegar a tener la fruticultura del hemisferio sur ante el cierre de las importaciones rusas a los productos de la Unión Europea y Estados Unidos.
Sin embargo, la incertidumbre sigue ganando la arena a medida que se acerca la temporada de cosecha en toda esta región.
Uno de los efectos negativos generados por el conflicto entre estos dos importantes bloques económicos estará dado en el recorte del financiamiento que afectará en forma directa a la fruticultura del Valle de Río Negro y Neuquén. No es un tema menor. La necesidad de contar con capital de trabajo en el inicio de la cosecha es clave para el desarrollo de la actividad.
El escenario económico por el que atraviesa la Argentina genera muchas dudas sobre la posibilidad de conseguir fondos en este período determinante.
Los problemas entre Rusia y la Unión Europea –y sus aliados– profundizaron aún más este complejo contexto.
Con el cierre de la frontera rusa a los productos de Occidente, Europa tendrá mucha fruta que no podrá ser colocada en este mercado, esperándose una caída importante de precios. La presencia de una sobreoferta estructural en las góndolas del Viejo Continente hace casi impensable poder mantener los niveles de exportación de frutas argentinas en este importante destino.
Cabe recordar que anualmente el Valle orienta al mercado europeo alrededor de 180.000 toneladas de peras y manzanas. Los precios que históricamente allí se consiguen, por lo general, son más altos que los logrados en mercados como el ruso o el norte de África.
Durante décadas, y después de un consciente trabajo de los empresarios del Valle, los importadores europeos anticipan partidas de dinero a los exportadores a partir de noviembre en función de los programas de fruta proyectados hacia ese destino.
Por esta vía ingresa al Valle de Río Negro y Neuquén un promedio de 60 millones de dólares por año entre noviembre y marzo de cada temporada para sostener un momento crítico de la actividad, cuando la demanda de fondos de la cosecha es elevada en todo el sistema.
Muchos exportadores aseguran que este dinero ya no estará disponible para la presente temporada, profundizando aún más la estrechez financiera por la que atraviesa el sector.
Los otros frentes
Desde el sector político no se evalúa esta serie de limitaciones que está generando sobre la región el conflicto ruso con los países de Occidente.
El gobierno nacional ni siquiera tiene en su agenda el problema de desfinanciamiento que se avecina para el Valle de Río Negro y Neuquén. Peor aún, es el mismo Estado nacional el que hoy está desfinanciando a la actividad en su conjunto al no cancelar las deudas que tiene por reintegros y reembolsos.
El titular de la Cámara Exportadora de la República Argentina (CERA), Enrique Mantilla, confirmó la falta de pago que afecta a la mayor parte de las empresas productoras (ver recuadro). Según datos del sector privado, hasta la fecha Nación no canceló ninguna de estas obligaciones de la presente temporada frutícola. “Recién tenemos cerrado el año 2013”, sentenció Sánchez al hablar por su empresa.
Datos extraoficiales dan cuenta de que hoy la deuda que mantiene el Estado nacional con las exportadoras de pomáceas supera el equivalente a unos 10 millones de dólares.
Este agujero de divisas debe ser compensado por las empresas tomando dinero del mercado a tasas por encima del 40% anual. Un esquema, claro está, que poco puede durar en el tiempo.
Pero al problema de la falta de fondos provenientes de Europa como adelantos y la irresponsable actitud del gobierno nacional de no cancelar deudas con una actividad que mes a mes pierde competitividad en el mercado, aparecen ahora las compensaciones que deberán hacer las empresas frutícolas por los valores FOB declarados ante la Aduana y AFIP.
En la presente temporada la totalidad de las exportadoras ha sostenido ante los organismos fiscales valores FOB por encima de lo que finalmente terminó convalidando el mercado.
Ergo, la mayor parte de las empresas no cuenta hoy con los dólares para ingresar al país que manifestaron en sus declaraciones juradas. Datos del sector privado señalan que las diferencias entre lo declarado y lo verdaderamente percibido por las ventas van entre 0,50 y 2,5 dólares por caja.
Tomando como valor promedio 1,4 dólares por caja de fruta, estaríamos hablando de un desvío del orden de los 25 millones de dólares en la presente temporada sólo para el mercado de ultramar.
El perverso sistema en el que se debe convalidar los valores FOB, que son los que se toman como referencia para los impuestos a imputar sobre el producto, termina generando un problema para todo el sector privado.
Hay que recordar que la AFIP y la Aduana obligan a los empresarios a poner un precio teórico sobre su fruta –acordado con estos organismos– una vez que ésta ingresa a bodega para ser embarcada a los mercados. El problema es que ese producto se vende entre 45 y 90 días después del embarque y las liquidaciones a los exportadores locales les llegan unas semanas posteriores.
Los empresarios pueden tener una noción sobre la evolución que tendrá el mercado una vez que la fruta sale rumbo a destino, pero no pueden prever imponderables que ocurran meses después en destino.
A principios de la temporada existían buenas expectativas sobre el desarrollo de los mercados externos. Pero a partir de abril el escenario fue mutando, producto de los mayores stocks que se acumulaban en Europa y la caída de precios en las góndolas, lo que generó un quebranto en muchas de las operaciones.
Conclusión: los optimistas valores refrendados ante la Aduana nunca se convalidaron en los mercados.
Los exportadores tienen hoy dos problemas frente a este nuevo escenario. Uno, el conseguir los dólares en un escenario totalmente adverso para una Argentina a la que se le niegan divisas. El otro, la posibilidad de recibir una denuncia penal por parte del Estado nacional por no cumplir con el ingreso de divisas por las ventas de fruta que nunca pudieron convalidarse.
Política interna
Mientras tanto, el gobierno nacional sigue en su lucha contra el imperio. Con un relato cada vez más lejos de la realidad, sostiene una paridad cambiaria a costa del deterioro de las reservas del Banco Central y una mayor recesión. Un contexto en el que la fruticultura regional pierde competitividad a pasos agigantados.
La distorsión que existe sobre los precios relativos es cada vez más amplia. Un ejemplo que nos atañe: una buena manzana en las góndolas del cordón norte de Buenos Aires está por encima de los tres euros por kilo. Un valor que duplica, en muchos casos, los precios obtenidos en los supermercados del Viejo Continente.
En este escenario, las monedas de referencia internacional pierden valor y exportar para cualquier empresa argentina se tornó toda una odisea. Las exportadoras del Valle no quedan fuera de este esquema. La devaluación de enero perdió toda su mejora competitiva para lo que es el mercado de la pera y la manzana. A esto ahora se le suma el agravamiento del financiamiento para el sector con un sistema que le ha sido hostil en toda la década kirchnerista.
Habrá que definir cómo terminarán de impactar las restricciones de Rusia sobre los mercados occidentales como para terminar de saber si la crisis de la fruticultura regional continuará en su proceso de deterioro o podrá renacer y reinsertarse en los mercados externos de forma competitiva.
javier lojo
jlojo@rionegro.com.ar
Temporada 2014/2015
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