La gratuidad universitaria


La medida impulsó la inclusión de sectores antes marginados al nivel cultural más elevado del país. Permitió, además, considerar a la educación universitaria no como un privilegio, sino como derecho social.


El 22 de noviembre se cumplió un nuevo aniversario del decreto de gratuidad universitaria impulsado por el presidente Juan Domingo Perón en 1949. Fue una medida que cambió para siempre el rumbo del sistema de educación superior argentino. Ese día se firmó el decreto Nº 29337 de Supresión de Aranceles Universitarios.

En los considerandos del texto el decreto señalaba que “‘el engrandecimiento y auténtico progreso de un pueblo estriba en gran parte en el grado de cultura que alcance cada uno de los miembros que lo componen’”. Agregaba que “una forma racional de propender al alcance de los fines expresados es el establecimiento de la enseñanza universitaria gratuita para todos los jóvenes que anhelen instruirse para el bien del país”.

Se trató de una medida que impulsaba la inclusión de sectores antes marginados al nivel cultural más elevado de nuestro país. Permitió, además, considerar a la educación universitaria no como un privilegio, sino como un derecho social. El gobierno central entronizaba en el país una medida que ni siquiera habían soñado los autores de la reforma universitaria del 18.

Pero esta no fue una medida aislada. Durante los dos primeros gobiernos peronistas se creó la Universidad Obrera Nacional, se expandieron como nunca antes las escuelas técnicas y se reemplazó el viejo Ministerio de Justicia e Instrucción Pública por el de Educación, otorgándole a esta cartera la debida jerarquía dentro del Estado.

A pesar de su fundamental importancia la conformación de un verdadero sistema universitario amplio y democrático -en consonancia con las bases liminares de la Reforma de 1918-, este decreto fue ocultado en la historiografía tradicional. Recién en 2007, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner subsanó la omisión al declarar por ley 26320 el 22 de noviembre como el Día Nacional de la Gratuidad Universitaria.

Los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández concretaron un notable impulso a la educación superior. Dieciséis universidades y tres institutos universitarios fueron creados desde 2003 a 2015. A su vez, otras casas de estudio creadas con antelación fueron dotadas de importantes recursos, producto del aumento del presupuesto sin precedentes en el país, alcanzando el 6,4 % del PBI. Un altísimo porcentaje de la matrícula de esas jóvenes dependencias se constituyó en la primera generación que accede al nivel universitario.

La obligatoriedad de la educación secundaria contemplada en la ley de Educación Nacional, Nº 26206, junto a las leyes provinciales sobre el tema, representa un requisito mínimo e indispensable para los jóvenes en el futuro desempeño social y laboral y también para proseguir estudios superiores.

En Río Negro, la cruda realidad nos muestra que más de la mitad de los jóvenes que ingresan a ella abandonan entre 1º y 2º año. Otra cifra significativa no inicia los estudios ni tampoco se perfecciona en la búsqueda de un oficio o artesanía con salida laboral.

Hoy cabe preguntar: ¿quién es el responsable de hacer cumplir “la obligatoriedad de la educación secundaria” en Río Negro?

Hay familias con numerosos adolescentes que no estudian ni trabajan. No existen controles gubernamentales que obliguen o persuadan a los progenitores a concretar la regular asistencia a clase de los jóvenes que culminaron el ciclo primario.

El 60% de la población adulta y joven no ha completado el ciclo secundario obligatorio. Se hace necesario y urgente la creación de estrategias y dispositivos para llegar a este importante sector de la población para que se cumplimente con lo establecido en la ley nacional. De esa forma la juventud podrá desarrollar a pleno sus capacidades para encontrar una clara inserción laboral o profesional.

Modificando la realidad imperante, los mismos barrios superarán sus actuales problemas. Los nuevos cuadros superarán su propia autoestima, accederán a la era del conocimiento, participarán de las vivencias de sus vecinos y serán promotores políticos y sociales de los reclamos comunitarios para alcanzar con su esfuerzo una vida digna, con vivienda, trabajo, salud y educación.

* Periodista de Viedma


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