La historia arquitectónica de Bariloche más allá del Centro Cívico

Hay otros edificios emblemáticos y de gran valor patrimonial, como el Club Andino o la sede de Telefónica, pero las normas de preservación y protección de estas construcciones no aseguran que con el correr de las décadas el progreso termine devorando estas joyas de la ciudad.





La historia de Bariloche habla por los documentos, por el testimonio y los relatos de los primeros pobladores y también por sus edificios más representativos, relacionados en muchos casos con los orígenes del parque nacional Nahuel Huapi. Allí están el Centro Cívico, la Catedral y el hotel Llao Llao entre los que convocan mayor interés y avidez fotográfica de los turistas.

Pero existe algo así como una segunda línea, un listado importante de “actores de reparto”, que engrosan también el patrimonio arquitectónico y atraen la mirada de los más curiosos. La estación de ferrocarril, que cumplió ya 86 años y conserva su piso de mosaicos, sus vidrios biselados y su carpintería original, es uno de los ejemplos. También pueden figurar en esa nómina la sede del Club Andino Bariloche, la antigua oficina de Tierras y Colonias (que hoy alberga al Senasa), el pequeño palacio de Elflein y Frey levantado hace casi 70 años para albergar a la empresa Entel y hoy pertenece a la privada Telefónica o el edificio de Movilidad y Talleres del parque nacional, sobre la avenida Costanera.

La conservación de esos tesoros arquitectónicos fue encargado por ordenanza al ente asesor para la Preservación del Patrimonio Cultural, en el que están representados la subsecretaría de Cultura, el Concejo Municipal, Parques, las universidades, los colegios profesionales de arquitectura e ingeniería y también alguna ong interesada. Funciona como tal desde 2011, cuando fue creado en reemplazó de la antigua “comisión de patrimonio histórico, arquitectónico y urbanístico”.

El Club Andino Bariloche, en pleno centro, terminó rodeado de una extraña traza de calles. Foto: Marcelo Martinez

Retaceo de fondos


Hoy el ente trabaja con muy escaso presupuesto porque el Ejecutivo no le garantiza las transferencias obligatorias para financiar actividades y programas relacionados con el patrimonio. Según la ordenanza debería recibir no menos del 10% de lo recaudado por derechos de construcción. Este año, hasta el 31 de agosto, le hubieran correspondido 1.100.000 pesos Pero desde 2016 están cortadas las transferencias. La deuda total superaría los 5 millones de pesos.

La concejal que integra el ente Roxana Ferreyra dijo que presentaron pedidos de informes sobre el tema pero no fueron respondidos. El colegio de Arquitectos decidió no participar más hasta que el gobierno municipal garantice el financiamiento del ente asesor.

El subsecretario de Cultura, Joaquín de Bento, dijo que el ente “estaba un poco desarmado” cuando él se hizo cargo y superado lo peor de la pandemia consiguieron ponerlo en movimiento, con reuniones regulares y un reglamento interno, del que carecía.

La estación de trenes de Bariloche se mantiene abierta por los servicios del Tren Patagónico. Foto: Marcelo Martinez

Señaló que hay proyectos vinculados “al patrimonio inmaterial”, que la ordenanza actual privilegia y pone a la altura de los bienes edilicios, y tienen también la intención de incorporar a los pueblos originarios.

Pero de Bento reconoció que la normativa tiene limitaciones porque los dictámenes del ente son “no vinculantes”, de modo que hay impedimento legal para que el propietario privado de un edificio histórico lo modifique a su gusto o incluso lo demuela para construir otra cosa.

Una posibilidad es exigir que parte de la construcción se mantenga intacta, con una referencia histórica”.

Marta Velaztiqui.

Una de las integrantes del ente, Liliana Schiavo (por el Colegio de Profesionales de Turismo), dijo que la ordenanza anterior era “más protectiva” porque en algunos casos sus opiniones eran vinculantes. “La actual es hermosa, porque es muy amplia, con un concepto de patrimonio cultural muy extendido, pero protege poco”, admitió.

La concejal Ferreyra dijo que trabajan en una reformulación para resolver ese déficit y también Marta Velaztiqui, extrabajadora municipal y miembro del ente durante varios años, señaló que “no se termina de entender cuál es el rol del ente asesor, en qué consiste realmente la protección, el cuidado y la conservación”.

Aseguró que la historia de los edificios de Bariloche “es riquísima” y que el ente recibe consultas de los organismos técnicos del municipios cuando ingresa un plano de obra para inmuebles que tienen valor cultural y patrimonial. Pero su intervención es limitada.

De Bento dijo que buscan soluciones alternativas. Por ejemplo, en una vivienda histórica de madera que está ubicada en la calle Mitre al 700, cuyas herederas quieren venderla para darle un fin comercial, “una solución seria trasladarla la vivienda a otra lado, y por ese tema mantenemos contactos con el Jardín Botánico, donde hay proyecto de construir un paseo histórico -aseguró el funcionario-. No es fácil desde lo técnico, pero otras veces se hizo”.

El edificio de Telefónica tiene una torre llamativa, en la calle Elflein. Foto: Marcelo Martinez

Un hábito llamativo


El traslado de viviendas de madera tiene una antigua tradición en Bariloche (ya perdida) y las crónicas de los años 30 y 40 mencionan incluso a Santiago Castillo como uno de los especialistas que dirigió varios de esos complejos operativos. Trabajaba con grandes rollizos a modo de ruedas improvisadas y con yuntas de bueyes que tiraban de las estructuras, sin desarmarlas.

La antigua comisión de patrimonio elaboró tiempo atrás un prolijo catálogo en dos tomos con el relevamiento más exhaustivo que existe hasta hoy de antiguas construcciones de Bariloche, con las características históricas y el estatus de protección asignados en cada caso.

Esa publicación tiene 30 años y releva algunos edificios que ya no están porque fueron eliminados para despejar terrenos con otro fin, como la casa Bachmann ubicada en calle Elflein al 100, o bien porque se incendiaron, como el refugio Berghof en el cerro Otto o la iglesia Inmaculada, que era enteramente de madera y había sido trasladada por Castillo.

Hay otros edificios que no son de los más mencionados en las reseñas pero que se mantienen en pie y aportan a definir la particular arquitectura local. Entre ellos está la sede social del Club Andino Bariloche, ubicada a pocos metros del Centro Civico, en una plazoleta triangular delimitada por las calles Morales, Neumeyer y 20 de Febrero.

Es considerada una muestra típica de arquitectura alpina y fue construida por Godofredo Haeker en 1935. En el inventario de la excomisión de patrimonio aparece definida como “un volumen cúbico, con techo a dos aguas, de mampostería revocada y pintada, con ventanas pequeñas, cobertura de tejuelas de alerce canteadas y pisos de madera machimbrada”.

Un año antes se inauguró la estación de trenes, ubicada en el acceso este de la ciudad. Se trata de un edificio firmado por el arquitecto Hernán Gamboa. Aparece descripto como un edificio “compacto” de techo a dos aguas en 45 grados, “recova de ingreso, hormigón y mampostería revestida de piedra”. La estación tiene un hall central, amplio andén hacia las vías en el flanco norte y alberga también oficinas y viviendas. Todo en una superficie de 1.975 metros cuadrados.

En ese listado de construcciones características también se destaca la sede de “Movilidad” de Parques, que albergó durante décadas su parque de vehículos y centro de reparaciones. Está emplazada en la avenida 12 de Octubre, de cara al lago Nahuel Huapi y junto a la escuela 266. Fue inaugurada en 1936 y modificada en 1943. Su fachada característica está integrada por un edificio en dos cuerpos de dos niveles y medio, con un llamativo balcón en voladizo y “una torre que jerarquiza el volumen central”, según indica la descripción del catálogo. Es una obra del arquitecto Ángel Cesari, que reproduce el estilo propio de Parques. Sus techos son de fuerte pendiente, los muros de hormigón revestido en piedra, techos de tejuela, pisos y carpintería de ciprés.

El edificio de Aguas Rionegrinas, otro de los históricos de la costanera de la ciudad. Foto: Marcelo Martinez

El edificio de Telefónica (antes de Entel) es más moderno pero su perfil contrasta también con el entorno. La construcción se inició en 1951 y estuvo a cargo de la firma Servente y Magliola. El estreno data de 1956 y la referencia histórica indica que allí se instaló la primera central del país con capacidad de enlace para 10 mil líneas.

El edificio tiene tres plantas y un diseño “pintoresquista”. Schiavo señaló que se caracteriza así a las obras “un poco exageradas, propias de la arquitectura bustillista”, que es signo distintivo en muchos inmuebles de Parques Nacionales. La sede de la exEntel está ubicada en Elflein y Frey, frente al hospital y “por su magnitud, altura y calidad de construcción” siempre fue visible a gran distancia y se la confunde con un templo religioso.

Tiene muros de ladrillones de 45 centímetros de espesor, techos con teja de cerámica negra, aberturas enmarcadas en piedra y una robusta torre con aguja.

Otros edificios que son muy representativos y así figuran en el relevamiento publicado por Patrimonio Histórico son el hotel Pilmayquén (de 1948), donde hoy funciona parte de la Justicia provincial; el hotel Bella Vista, de 1935; la escuela 16, construida por Primo Capraro en 1928; la sede de Radio Nacional (de 1943); la residencia Soria Moria (expresión del estilo noruego) que está ubicada en Circuito Chico y también otros que forman parte de la rica historia de Colonia Suiza como la llamada “Casa grande” (fechada por aproximación en 1899) y la escuela 129, que se construyó en 1937.


Una legislación que no acompaña


Varios de los consultados reconocieron que en Bariloche la legislación tiene un “gris” que no garantiza una preservación segura de los edificios.

El presidente del Club Andino Bariloche, Martín Enevoldsen, dijo que la sede de la entidad tiene un valor reconocido por todos pero “no hay nada que obligue” al club a preservarlo intacto. “No está dentro de ningún circuito” señaló. El subsecretario de Cultura, Joaquín de Bento, dijo que el patrimonio histórico (material e inmaterial) “tiene gran valor para Bariloche, porque es una huella identitaria” y constituye un recurso esencial, como en cualquier ciudad turística, pero admitió que “legalmente no hay impedimento” para modificar edificios que integran ese capital.

Marta Velaztiqui, ex integrante del ente por el municipio, advirtió hay riesgo de que el patrimonio se deteriore o se pierda. Dijo que Bariloche debería actualizar su legislación y propuso mirar los casos de Mar del Plata y de Rosario, donde existen “contraprestaciones” para que se preserven los edificios.

“Una posibilidad es exigir que una fachada o una parte de la construcción se mantenga intacta, con una referencia histórica, y a cambio se permita una excepción constructiva que supere lo establecido por Código: una área de implantación mayor, un piso más o algo de ese tipo”.

Señaló que esos permisos se han dado en la avenida Bustillo para construir entradas que invadieron la banquina, sin beneficio alguno para la comunidad y que hoy son un problema para el tránsito.


Muchos intentos desde hace 41 años


Las primeras ordenanzas que legislan sobre la conservación y protección del patrimonio cultural barilochense datan de la década del 80. Por ejemplo la 74/80 establece una clasificación de inmuebles considerados patrimonio histórico. La creación de la “comisión municipal” (que antecedió al ente) fue aprobada en 1989 y en los años sucesivos hubo varias ordenanzas que protegieron las viejas casas de madera u otras que reglamentaron las declaraciones de monumentos históricos.

En 2011 nació el ente por impulso del entonces presidente del Concejo, Darío Barriga, y su compañera de bloque Arabela Carreras.

Un conflicto puntual se desató en 1998 con el edificio de Aerolíneas Argentinas, de Villegas y Mitre. La compañía aérea había sido privatizada y los nuevos dueños españoles pusieron en venta la vistosa esquina, que estaba valuada en 2 millones de dólares. Entre los interesados se mencionó a una cadena de comidas rápidas.

Los concejales se movieron con rapidez y aprobaron una ordenanza que declaró al edificio como monumento histórico municipal.

La empresa se consideró perjudicada y acudió a la Justicia, pero tiempo después un fallo del Superior Tribunal de Justicia rionegrino dijo que la ordenanza no violaba derecho alguno, que la empresa no podía reclamar resarcimientos y que la declaración como monumento la beneficiaba porque contribuía a jerarquizar el inmueble, que por otro lado le seguía perteneciendo.


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