“La justicia divina y la justicia de los hombres”

Por Redacción

Me da pena escuchar a los políticos u obsecuentes con sueldo hablar mal y criticar al papa Francisco I, cuando en todo el mundo hay muestras de felicidad y asombro por esta asunción del primer sumo pontífice latinoamericano y argentino en los 2.000 años de historia de la Iglesia Católica Apostólica Romana. No es casual esta designación, ya que el 47% (casi la mitad) de la grey católica es latinoamericana: los países más católicos del mundo son México, Brasil y Argentina. El resto se dividen en proporciones menores entre Europa, África y Asia. Todos (practicantes o no) esperamos un verdadero cambio en la Iglesia Católica y confiamos en éste, nuestro papa, humilde y preocupado por tanta pobreza, hambre y miseria en el mundo que afectan a miles de niños en nuestra Argentina y a millones de criaturas en el mundo. Ya ha demostrado en algunos de sus actos que el cambio es verdadero, como omitir los lujos y comodidades para tratar de estar al mismo nivel que la mayoría de los fieles, buscar en los medios de comunicación aliados para su labor pastoral y acercarse a saludar uno por uno a los feligreses que encuentra por la calle. Como argentinos todos tendríamos que estar orgullosos y felices de que este sumo pontífice sea un compatriota nuestro. Los que quieren ensuciar la imagen del nuevo papa, en algunos casos y en el de los políticos en general, están muy equivocados en su actitud. Todos somos libres de criticar pero creo que algunos primero tendrían que meditar si tienen autoridad moral y personal para hacerlo. Primero algunos deberían mostrarle a la sociedad que la riqueza material que ostentan es bien ganada. En mi humilde opinión ningún mandato (dentro de la Constitución nacional) tendría que durar más de dos períodos para que en democracia la política vuelva a gozar de buena salud. Sería bueno que, imitando a los cambios en nuestra Iglesia Católica, también en nuestra política hubiera una sana renovación. También dentro del ámbito de la Justicia se tendrían que ajustar ciertas medidas para evitar la corrupción dentro de la política y evitar el posible enriquecimiento ilícito de algunos políticos. Los jueces tendrían no sólo que investigar sino también dictar sentencias ejemplificadoras, porque si no los magistrados se convierten en simples y mudos testigos de la corrupción. Que los tribunales, desde el primario hasta la Suprema Corte de Justicia, fallen sentencias justas a favor de la gente. Se tienen que terminar en nuestra Argentina las muertes impunes. La sociedad, especialmente en las ciudades chicas, pueblos y barrios, conoce a los delincuentes y asesinos con nombre y apellido; hay denuncias, detenciones y los jueces los liberan y al poco tiempo vuelven a cometer delitos graves. Hay excarcelaciones y permisos diarios sin el debido control. Los derechos humanos, tanto en el país como en la región, sólo defienden a los delincuentes y asesinos. Todos los que fuimos víctimas también somos seres humanos con derechos y ¿quién los defiende? Llego la hora de hacerles juicio político a los jueces que cometen errores. Los derechos, si los jueces no los ejercen con buenos criterios, terminan perjudicando a la sociedad con más homicidios, violaciones y crímenes aberrantes. ¿Qué juez ante los hechos consumados se hace cargo del dolor de esas familias que han perdido a un ser querido, como ha ocurrido los últimos días en nuestra zona? Para finalizar dejo un interrogante: ¿hasta cuándo el pueblo honesto y honrado seguirá soportando tanta injusticia? ¿Será hasta que explote en una crisis inmanejable en las manos de las autoridades legalmente constituidas? Luis Rodríguez, DNI 8.215.977 Allen

Luis Rodríguez, DNI 8.215.977 Allen