La maravillosa tarea de criar a los cóndores que vuelan en Pailemán

En un laboratorio del Ecoparque de Buenos Aires crían a dos de los ejemplares que liberarán en la Línea Sur. Quienes trabajan en la conservación alertan sobre el envenenamiento de los animales.



Los huevos se incuban y crían a los pichones en aislamiento humano.

Los huevos se incuban y crían a los pichones en aislamiento humano.

Tayel tiene la cabeza calva y lleva un manto de plumones color marrón claro que lo abriga. De repente, la ventana de vidrio de su cueva espejada se abre y un guante de látex con cara de pájaro le da de comer. El pequeño cóndor cree que es su mamá, aletea contento y aunque sea el ave no marina más grande del planeta y la especie que vuela más alto, se ve vulnerable.


Desde agosto del 1991 el Programa de Conservación Cóndor Andino trabaja sin descanso para que este animal reine el cielo argentino. En un cuarto del Ecoparque de Buenos Aires, en el que crían a Tayel y también a Mawun, dos pichones que nacieron en el laboratorio y liberarán en septiembre en Sierra Pailemán; cuentan cómo es la difícil tarea de protegerlos.

Luis Jacome, director del Programa de Conservación de Cóndor Andino dice que trabajan en base a cuatro pilares. Uno, es la reproducción de la especie con parejas de cóndores en cautiverio. Otro, es el rescate de cóndores en problemas y ambos, se unen en un punto.

“Hay tres lugares de rescate de cóndores en problemas en el país. Cuando aparece uno que se chocó un cable de alta tensión, se intoxicó o lo balearon, lo llevan al Ecoparque Buenos Aires, Temaikén o a Fundación Cullunche en Mendoza donde se rehabilitan. Si se cura, lo liberamos, pero a veces quedan con secuelas y no se puede”, cuenta Luis.

Los cóndores tiene una taza de reproducción muy baja. Por eso, con los que no se liberan, forman parejas de reproductores. Cuando ponen huevos, le retirar el primero y los cóndores creen que se le rompió, por lo que vuelve a poner otro que dejan al cuidado de la pareja.

Pasan 4 meses en la Línea Sur hasta que aprenden a volar.


Los huevos que le sacan se incuban por 55 o 60 días artificialmente y cuando nacen, los crían en aislamiento humano. Los alimentan con títeres de látex que guardan las características físicas de los padres. Hay un títere hembra y otro macho. En la incubadora pasan por dos meses y cuando completan ese desarrollo, los llevan a corrales de maduración, donde conviven con otros cóndores y se familiarizan con la especie.

“El 100% de los huevos fértiles, dieron un pichón liberado. Hasta ahora criamos 75 pichones, lo que marca un récord a nivel mundial. Los pájaros se liberan en ambientes naturales”, cuenta Luis con orgullo.

Hasta los 7 meses de edad, los pichones socializan. Cuando tienen el plumaje marrón completo, van a lugares como Sierra Pailemán. “Darwin, Perito Moreno, Hudson, en 1830 veían a los cóndores en la costa atlántica y con los años se perdieron. Por eso se vuelven a insertar ahí”, dice Luis.


Cuando crecen



Los otros dos pilares del programa tienen que ver con el seguimiento. Cuando van a plataforma de liberación, en Sierra Pailemán, por dos meses se adaptan al ambiente. Hay gente que los sigue hasta satelitalmente.

El programa lleva 53 cóndores liberados, que vuelan de la cordillera al mar y están criando sus propios pichones. En la costa atlántica sacaron diez pichones. Los que liberaron hace unos meses, ya surcan los cielos. Uno de ellos venía de rescate y se llama Ñorquinquera y está por Chubut. Los otros 5 andan por Valcheta, Sierra Grande, todos juntos.

Pasan 4 meses hasta que aprenden a volar y al año ya son independientes. Tayel y Mawum, criados artificialmente, se liberarán en septiembre 2020. Luego, les tomará como 10 años, formar una pareja y sacar adelante a sus pichones. Por eso “cualquier impacto sobre la especie es categórica, porque tienen poca reacción para volver a reproducirse”, dice Luis con preocupación y subraya que atraviesan momentos difíciles.

El pichón sale del huevo a los 60 días de incubarse artificialmente.


Es que en los campos, el uso ilegal de agroquímicos está diezmando las poblaciones naturales de cóndor andino. Con fulminante impacto, en poco más de un año, murieron envenenados más de 100 cóndores en el país y los casos de muerte masiva se siguen repitiendo, a un ritmo que amenaza de extinción a la especie.

Para los Tehuelches el cóndor es el encargado de llevar el alma de sus muertos al lugar donde nace el sol y se reencuentra con sus ancestros. Luis dice que es un animal que tiene un rol biológico importante como carroñero, limpia el ambiente. A su vez, en la cultura de los pueblos originarios tiene un rol insustituible. Piensa y se pregunta “¿qué nos pasó en los últimos años que les decretamos la guerra?


“El cóndor nos dice que el hombre se está envenenando”



“Los pueblos ancestrales le rendían un culto al cóndor. Siempre tuvo un rol de mensajeros y hoy nos está diciendo que el hombre envenena los alimentos. Los agroquímicos están en las verduras que compramos en la feria. El cóndor está dando el mensaje de que hay que dejar de envenenar la tierra”, dice Luis Jacome y relata que se vienen enfrentado a cebos tóxicos que causan muertes masivas de cóndores en Argentina y en toda la región.

Desgraciadamente, algunos pobladores usan veneno para tratar de controlar grandes carnívoros como pumas, zorros o perros. Con ello no sólo causan la muerte de especies carroñeras, encargadas de mantener la limpieza del ambiente, sino también contaminan el suelo, el agua y ponen en peligro todas las formas de vida.

Los productores envenenan una oveja muerta para matar al zorro que le come sus corderos, pero Luis asegura que eso solo acrecienta el problema.

Tardás 10 años para que el cóndor sea fértil y a alguien se le ocurre envenenar el alimento y terminar con el trabajo de mucha gente”.

Luis Jacome, director del Programa de Conservación.


Algunos animales salvajes aprendieron a cazar los animales domésticos y se dieron cuenta que los más chicos son los más tiernos y ricos. El que aprende esto se lo enseña a sus crías. Cuando el productor envenena una osamenta, el zorro que come eso, es justamente el que no aprendió a cazar los animales domésticos. “No sirve para lo que se propone. Mata águilas, piches, un jote y ente todos hay un zorro. Dice ‘lo maté’ y eso es un error. Mató al que no aprendió que se puede comer al animal doméstico. Mató a un zorro que comía animales silvestres o muertos. Ese espacio, va a ser cubierto por los hijos de los que saben comer animales domésticos”, dice Jacome.

Por eso implementaron una Estrategia Nacional contra el Uso de Cebos Tóxicos. Ante casos de envenenamiento de fauna silvestre, cualquier persona debe comunicarse con las autoridades de ambiente de tu provincia, ellos saben cómo actuar para tomar muestras que permitan hacer estudios de toxicología.


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