El “Puente Jenga”: la impactante construcción ferroviaria que sobrevivió a un accidente y hoy es furor para el turismo

Hoy, el “Puente Jenga” se convirtió en una curiosidad histórica y turística para quienes exploran rincones olvidados del país.

Redacción

Por Redacción

Perdido entre arroyo, monte y silencio en la provincia de Entre Ríos, existe un puente ferroviario que parece salido de una historia improbable. Se lo conoce como el “Puente Jenga” por su estructura armada con cientos de durmientes de quebracho cruzados, una solución improvisada que terminó resistiendo durante más de dos décadas.

El lugar guarda además uno de los accidentes ferroviarios más impactantes de la región. El 14 de julio de 1977, un tren de carga con más de 40 vagones descarriló en este mismo punto mientras viajaba desde Posadas rumbo a Federico La Cruz.

La locomotora y siete vagones lograron atravesar el puente, pero detrás uno de los coches descarriló y provocó el colapso parcial de la estructura metálica original, construida en 1915. Los vagones atravesaron las barandas y terminaron cayendo al arroyo junto con toneladas de madera, arroz, hierro y mercadería.

El puente ferroviario que parecía un enorme Jenga


El escenario del accidente fue el llamado Puente Mármol, ubicado cerca de Colonia Hocker y a pocos kilómetros de la antigua estación de Estación Líbig, sobre el ramal ferroviario Concordia–Concepción del Uruguay.

Durante décadas, por esas vías circularon hasta ocho formaciones diarias de Ferrocarriles Argentinos, conectando Paraguay y el norte argentino con el puerto de Concepción del Uruguay.

Tras el accidente comenzó una reconstrucción que todavía hoy sorprende. Más de cien trabajadores ferroviarios llegaron al lugar para reparar el puente en tiempo récord. Como los perfiles metálicos habían quedado destruidos, los ingenieros diseñaron una estructura provisoria utilizando durmientes de quebracho de tres metros de largo.

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Construyeron enormes pilastras formadas por cientos de piezas encastradas entre sí, como si se tratara de un gigantesco juego de Jenga. En total, se utilizaron alrededor de 600 durmientes en cada una de las estructuras dobles y otros 300 en una pilastra más pequeña.

A ocho metros de altura, los rieles fueron colocados abrazando toda la estructura para darle estabilidad, mientras bases de hormigón sostenían el peso desde abajo.

Una solución “temporal” que duró más de 20 años


Lo más llamativo es que aquella reparación había sido pensada como una medida provisoria. Sin embargo, el puente volvió a habilitarse apenas 46 días después del accidente, el 1 de septiembre de 1977, y continuó soportando el paso de trenes durante más de dos décadas.

La última formación del ferrocarril mesopotámico pasó por allí en 1998. Desde entonces, el puente quedó detenido en el tiempo, rodeado de árboles, óxido y silencio.

Hoy, el “Puente Jenga” se convirtió en una curiosidad histórica y turística para quienes exploran rincones olvidados del país. Pero además de sostener viejos rieles, también conserva el recuerdo de una Argentina donde el ferrocarril llegaba a cada rincón y donde detener un tren nunca parecía una opción.


Perdido entre arroyo, monte y silencio en la provincia de Entre Ríos, existe un puente ferroviario que parece salido de una historia improbable. Se lo conoce como el “Puente Jenga” por su estructura armada con cientos de durmientes de quebracho cruzados, una solución improvisada que terminó resistiendo durante más de dos décadas.

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