La oscuridad

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MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)

La escasez energética es el problema más importante que enfrenta la economía argentina, ya que depende cada vez más de la importación de hidrocarburos para generarla. El déficit energético es el que ha provocado no sólo la mayor pérdida de reservas sino la actual ola inflacionaria que sufre el país desde los últimos cinco años. La administración Kirchner parece llevar el país a la deriva en medio de un mar de dudas sobre la cantidad de reservas disponibles y sobre los energéticos con que cuenta. Ni la economía tiene suficiente energía ni tampoco suficientes dólares para comprarla. Y como pasa ahora, se paga con más inflación, pobreza, desempleo y trabajo en negro. En primer lugar, la estatización de YPF no arrojó los resultados esperados y la gestión de Miguel Galuccio empieza a desdibujarse. En materia petrolera y gasífera, hoy se está peor que hace un año y los dólares prometidos para Vaca Muerta no aparecen. Tampoco se logró mejorar la performance de la petrolera con sus recursos actuales y sólo se ha generado un altísimo nivel de endeudamiento de la compañía. Para colmo, a esta altura, YPF con el dominio del mercado doméstico de venta de hidrocarburos se ha colocado a la vanguardia de los incrementos de tarifas, para intentar arriar recursos a la caja. El primer aniversario de la expropiación de YPF muestra las debilidades derivadas de una medida de alto contenido político, precipitada, mal diseñada y peor implementada. Algunos sostienen que, a la luz de estos resultados, Gallucio habría presentado su renuncia en la Casa Rosada como consecuencia de estos desajustes, aunque le pidieron que se quedara hasta las elecciones de octubre. La Argentina perdió en la primera mitad del año más de 6.000 millones de dólares y hoy las reservas no alcanzan a respaldar la base monetaria. La caída de reservas se profundizó no sólo por la baja en la cotización del oro, sino también por los pagos de la importación de energía que genera más emisión monetaria para manotear las reservas del BCRA, con lo que se entró en un círculo vicioso: más importación de energía, menos reservas, más emisión monetaria, más inflación. Este esquema potenció el dólar paralelo en medio de un blanqueo que no atrae ni al más pillo. El dólar negro mantiene una brecha superior al 50% respecto de la cotización oficial. La escasez de divisas es un problema “creado” por la impericia oficial originado en el 2002, por mantener tarifas inexplicablemente congeladas, el dispendio del gasto público improductivo que derivó en una inflación rebelde y con perspectivas de aceleración. El resto fue mérito y esfuerzo del “think tank” kirchnerista, la 125, la confiscación de los ahorros previsionales, la estatización de Aerolíneas, la de YPF, la prohibición de girar utilidades –lo que derivó en una fuerte salida de capitales–, huida hacia ahorro en dólares, una marcada caída de la inversión en un ambiente donde los ganadores del modelo son el sector financiero –dedicado casi exclusivamente a una banca transaccional–, los juegos de azar, el clientelismo político y el crimen. ¿Los perdedores? Los de siempre, empresas, trabajadores, jubilados y desempleados, emblemas del modelo progresista. (*) Analista económico DyN


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