“La pobreza es el

Nacido en 1940 en Montevideo, pero tan uruguayo como argentino, Eduardo Galeano habló en la Feria del Libro el sábado a la noche sobre su última producción “Los hijos de los días”, ante la mayor concurrencia que un escritor haya logrado, al menos en las últimas dos décadas del evento.

Por Redacción

entrevista: A Eduardo Galeano, escritor

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@yahoo.com.ar

– ¿Se imaginó que iba a romper récords de asistencia en la Feria del Libro?

– ¡No, no! Nunca especulo con esos temas. Pero sí, me han dicho que ha sido una asistencia muy importante. Hacía tiempo, varios años que no venía a la Feria del Libro…

– ¿Por qué?

– No, por nada en particular. No sé… estados de ánimo, trabajo.

– Joaquín Lavado, alias “Quino”, tiene historia como humorista-caricaturista forjada antes y después de “Mafalda”. Lo mismo para Gabriel García Márquez en relación a “Cien años de soledad”. Uno y otro suelen “quejarse” de que su tarea es algo más…

– …seguramente me va a preguntar si me pasa lo mismo con “Las venas abiertas de América Latina”. Y sí, primero soy sinónimo de ese libro por más que siga escribiendo. Es un libro escrito hace más de 30 años, el más editado de todos los que he escrito, a lo que se une el hecho de que, en tanto bibliografía para el campo de la historia, la sociología, la antropología, es decir una apelación importante desde la ciencias sociales, el libro siempre está presente en mi contacto con la gente. ¡Está metido y metido en mi existencia!

– ¿Qué le genera esa trascendencia?

– Nada grave. O en todo caso que me gustaría más ser relacionado desde el conjunto de lo que he escrito, ya sea ensayos o bajo otros estilos.

– Desde lo académico, las “Las venas….” fue un libro cuestionado en cuanto a su ajuste como ensayo.

– Y seguramente lo es. Todo por el estilo narrativo desde el cual lo asumí. Bueno, son opiniones.

– ¿Qué es lo grave para un libro en materia de proyección?

– Y… quizá que se quede en un anaquel sin salir más de ese lugar…

– Aunque sea para sobarle el lomo, decía Soriano.

– Claro. Que no se vuelva a él, que se lo deje clavado en ese lugar. Me parece que algo le sucede a ese libro si nadie vuelve a él.

– ¿Esto tiene que ver con “la palabra volando”, es decir con el valor de la palabra al que usted se ha referido en algunas oportunidades?

– En parte sí. Sí, con el hecho de que lo bueno es que la palabra, en tanto una consecuencia de lo humano, no quede arrinconada. Yo he hablado o apelado a una figura: la de la mariposa que el coleccionista coloca en un cuadro colgado en una pared… clavada. No, es necesario que la palabra vuele y vuele, que sea atrapada para ser interpretada, para ayudar a desentrañar la vida, a defenderla… no sé… a vincularnos, a debatir. Ésta es en el fondo, y volviendo a lo de ensayo o no ensayo, la razón por la cual no me inquieta si en determinados planos que mucho respeto, se cuestiona si “La venas abiertas de América Latina” yo coloqué palabras, reflexiones…

– Nombró a Eduardo Soriano ¿Cómo lo recuerda?

– Un ser inmenso. Creativo, generoso en sus conocimientos, observador minucioso de la realidad, muy buena persona, buen conversador. Y el fútbol, también nos unía el fútbol. El de San Lorenzo en esta orilla, yo del Nacional en mi orilla.

– Cuando usted escribió “El fútbol a sol y sombra” incluyó -según contó hace poco- una carta que le envió Soriano ficcionando a Sanfilippo haciendo un gol dentro del supermercado que hoy ocupa lo que fue la cancha de San Lorenzo. Gambetea góndolas, y llega al gol…

– En la zona de cajas…

– Alguien ha dicho que esa carta es un “tumulto y exuberancia de creatividad”. Podría acotarse que, en esa línea y sin forzar comparaciones de estilos, género, etc, la carta tiene algo de “No habrá más penas ni olvido”, que tiene mucho de aquel tumulto y exuberancia. ¿Es muy forzado establecer este nexo?

– No, ¡¿por qué?! Los une la creatividad. En una línea sola en una carta, puede quedar demostrado mucho del mundo del escritor, de la calidad de su entrega a la palabra, a hacer de ella algo útil, trascendente para el caso del que hablamos, desde la ironía. Porque sí, atrapa la imaginación de situar al Sanfilippo gambeteando góndolas, changuitos… no sé y atrapan incluso lo desopilante que da forma a “No habrá más penas ni olvido”.

– ¿Ajusta esto a su convencimiento de que la “realidad delira” de mano de los escritores o de algunos escritores en todo caso?

– O delira en realidad… ¿no le parece? Pero sí, tiene que ver con eso.

– Hoy en el campo académico de las ciencias sociales, se debate qué palabra define el todo de lo que significaron las dictaduras, al menos las últimas, que asolaron al continente. Es como un ajuste que no tiene otro alcance que lo semántico, en todo caso. Usted sufrió ambas dictaduras ¿Cómo las define?

– Es tanta la barbarie que las signa, que les da forma que toda definición, me parece, debe hacer hincapié en esa barbarie, en esa portación de muerte, tortura, desaparición. Es decir, la palabra misma -dictadura- la define. Luego uno las encuadra o toca ese contenido en función de la propia experiencia. Los miedos, el vivir escondidos, los días que no tenían futuro eran nada más que miedo en presente. Los amigos que iban cayendo… ¡El corte bestial a la vida!

– Fue muy amigo de Haroldo Conti, ¿cómo lo recuerda?

– Como eso: muy amigo. Teníamos pasión por la literatura, por los ríos. Navegábamos en su barquito por el Delta, donde él tenía una casa… Para mí, Haroldo fue una especie de hermano del alma.

– Esta noche, en la Feria, impactó la definición de pobreza que dio. No sé si usted lo notó, pero en alguna medida se rompió el silencio pétreo con que lo escuchaban y devino en cierto suspiro o admiración…

– No me parece que haya sido una definición, sino más bien la apelación a la ironía para colocarnos -por así decir- a todos ante la pobreza… Ahí apunté cuando pregunté “¿saben por qué los pobres son pobres? Su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer…” La pobreza es… tanto…

– ¿Qué es?

– Un dolor que se pudo, se puede y se debe evitar… Es el más inmenso de los dolores.


Exit mobile version