“La política, entre el valor y el precio”
¿Quién no ha escuchado alguna vez la reflexión entre valor y precio de las cosas? Todos, absolutamente todos, sabemos qué es valor y qué es precio y cuando uno aplica estos conceptos a la política comenzamos a entender muchas de las reacciones y acciones que llevan a cabo quienes la eligen como su modo de vida. Si tomamos en cuenta la historia reciente, con sólo alejarnos unos 50 ó 60 años podremos visualizar que una parte de la clase política de antaño le daba al valor un lugar preponderante y por ello cuando los individuos se entremezclaban se podía distinguir a políticos de la talla de Alfredo Palacios, defendiendo valores, y del otro lado se empecinaban en encontrar el precio para acallarlo, cosa que no pudo ocurrir. Pero el tiempo, los cambios de conducta y paradigmas y la insaciable sed de querer ser los más ricos y poderosos del cementerio han transformado a gran parte de la dirigencia mundial en un animal cuyo único objetivo es lograr victorias en el ámbito que fuere usando casi siempre el precio como la herramienta más eficaz y más sencilla. Aun así, hay quienes defienden el valor de las cosas y las personas por sobre el precio que les ponen y esa defensa los hace muy visibles, socialmente hablando, porque son capaces de establecer lazos con quienes promueven lo contrario sin necesidad de dejar a un lado sus convicciones ni su accionar. Para quienes manejan sólo el precio de las cosas se hace un poco difícil establecer vínculos con los otros, pero los necesitan, ya sea para lavar su imagen o bien para hacer creer a quienes los siguen que están en la búsqueda de una nueva forma de pensamiento. Entrampados en la forma de conseguir sus objetivos, quienes sólo les ponen precio a las cosas tienen en sus rivales circunstanciales a quienes también le ponen precio a lo suyo y allí comienza una loca carrera donde los millones parecen distribuirse como las arenas en el desierto y, dependiendo de la voracidad de la contienda, quien más arena ponga en juego seguramente se quedará con la victoria. Pero es aquí donde quienes les dan valor a las cosas y quieren participar en contiendas políticas son vistos como una inversión muy rentable por parte de quienes les ponen precio, ya que socialmente son muy reconocidos y ayudan a través de su imagen y sus obras a que muchos olviden quién o quiénes están detrás de ellos o los apoyan. A veces la mejor inversión para quienes les ponen precio a las cosas es apuntalar a quien les da valor a las mismas, más allá de que lo hagan por la simple razón de lavar su imagen o conseguir un triunfo electoral, y creo que entonces la mejor opción que tenemos quienes elegimos a nuestros políticos es discernir si estamos votando a quien les va a poner precio a nuestra sociedad y a nuestro futuro o a quienes creen que el valor tiene todavía la esperanza de competir, sin olvidar ni ser ingenuos a la hora de la contienda, y entender que en una sociedad como la nuestra si del otro lado ponen 100 será muy difícil triunfar poniendo uno, porque lamentablemente, y hasta que logremos cambiar nuestra actual mirada sobre el valor y el precio de las cosas, hay que reconocer que durante las contiendas políticas o de poder la herramienta de comprar voluntades humanas es la más usual y la que más resultado viene dando en todo el mundo, por lo que mezclar una buena inversión con alguien que les dé valor a las cosas podría ser la alternativa para quienes creemos que todavía hay una esperanza para toda la raza humana. Jorge Fernández Avello, DNI 12.862.056 – Bariloche
Jorge Fernández Avello, DNI 12.862.056 – Bariloche