La política nuclear argentina



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El 31 de Mayo de 1950, con una clara visión estratégica, el Poder Ejecutivo Nacional crea la Comisión Nacional de Energía Atómica. En el Decreto N° 10.936 firmado en esa fecha, se expresa entre otras consideraciones:

“…que el progreso de la energía atómica no puede ser desconocido por el Estado, en razón de las múltiples derivaciones de orden público que sus aplicaciones prácticas determinan o pueden determinar en el porvenir”

“…que la salud pública puede recibir ingentes beneficios de la correcta aplicación de la radioactividad” / “…que la energía atómica puede reemplazar a las formas corrientes de energía y que (…) es conveniente que el Estado tome las medidas de previsión correspondientes”/ “…que la República Argentina puede trabajar en este orden de cosas on elevado sentido de paz en beneficio de la humanidad”

De esta manera, y con decidida proyección al futuro, el Estado Nacional fijó en ese momento con claridad el papel rector de la CNEA en el programa nuclear argentino y el carácter estrictamente pacífico del mismo.

Así, a lo largo de su historia, y a pesar de algunos períodos de grandes condicionamientos, la CNEA fue capaz de desplegar una amplia y exitosa actividad en el cumplimiento de sus objetivos específicos, siendo el principal motor en el desarrollo, construcción y operación de instalaciones nucleares de envergadura, en el desarrollo de aplicaciones de los radioisótopos y radiaciones ionizantes en el campo de la biología, la salud, el agro y la industria. Ha tenido un rol relevante en el desarrollo científico argentino, generando laboratorios de avanzada y grupos de investigación de alto nivel que realizaron destacadas contribuciones en las ciencias básicas y aplicadas.

El 31 de Mayo de 2018 me hubiera gustado decir con toda la fuerza “¡Feliz Día de la Energía Atómica!”, conmemorando la fecha de creación de la CNEA.

Pero lo que debe ser una celebración cargada de orgullo por 48 años de mi vida en nuestra querida Institución, se ensombrece por el panorama actual que afecta y desanima al sector nuclear argentino, a punto tal de amenazar severamente su desarrollo futuro.

Los momentos son complejos y nos espera un período de ajustes muy importantes y enfriamiento de la la economía. Una consecuencia directa será un tensionamiento de la situación social, ya comprometida, y muy probablemente una reducción en el nivel de ocupación e incremento de la pobreza.

El acuerdo nuclear con China, por la provisión de una Cuarta Central tipo CANDU como la de Embalse, y una Quinta Central del tipo PWR como la de las centrales actuales, involucra un importante financiamiento en condiciones favorables.

Ese financiamiento, con un amplio período de gracia, proveería un puente para sobrellevar el período de ajuste severo antes aludido, a través de la construcción de obras de gran envergadura que dan trabajo concreto y de calidad, aprovechar capacidades existentes y desarrollar tecnología nuclear nacional, por supuesto mitigando el déficit de generación eléctrica con el empleo de tecnología avanzada sin agregar emisión de gases contaminantes a la atmósfera.

Cometiendo a mi juicio otro error de gran envergadura, el Gobierno Nacional informó a través del entonces Ministro Aranguren, que esos Acuerdos con China serían postergados hasta el año 2023, esto es, corriéndolos totalmente afuera de la consideración del Presidente Macri. En un excelente editorial [1], Alejandro Tancredi expresa:

¿Sabe el presidente lo que esto significa para el país y para miles de argentinos involucrados en el escenario nuclear, tanto público como privado; para el futuro de ellos, sus empresas y organismos?”

En una entrevista en 2016, el entonces flamante Subsecretario de Energía Nuclear, decía [2]: “El sistema nuclear argentino es el cluster tecnológico más sofisticado del país. La Argentina ha tenido logros muy importantes en este sentido, debido a que el sistema nuclear produce cosas que tienen que ver con el parque de generación eléctrica, pero también con muchas otras áreas como la de medicina, nanotecnología, petrolera, agronómica, entre otras. La Argentina tiene mucho desarrollo, mucho más que cualquier otro país de la región, en los dos campos en los cuales lo nuclear ha realizado grandes aportes: el industrial y el médico. Es un sistema tecnológico en el que el Estado argentino está muy presente.”

Pero ahora, en un notable cambio de visión acerca del rol y sentido de la CNEA, el Licenciado en Sociología Gadano le estaría proponiendo [3] al Ministro Iguacel: “Una reforma estructural para poner el foco en la investigación, desarrollo e innovación a la política de energía nuclear”, y así “convertir a la CNEA en una estructura más asociada a un instituto de tipo privado, pero de propiedad estatal”. Asimismo, desde el Ministerio de Energía ahora bajo la conducción del Ing. Iguacel, expresaron que la CNEA deje de ser exclusivamente nuclear, sino que “debe transformarse en la institución pública focalizada en la ciencia y la tecnología aplicada a la energía. La Argentina tiene la oportunidad de ser uno de los protagonistas de la revolución energética del Siglo XXI y la CNEA debe acompañar eso”.

O sea, que la CNEA se transforme en un pedazo del CONICET, y que nuestro país tire por la borda el avance extraordinario realizado durante siete décadas y que lo posicionaron como uno de la docena de países en el mundo que maneja el ciclo completo de la ciencia y la tecnología nuclear con fines pacíficos.

En un futuro demandante desde el punto de vista energético, la nucleoelectricidad debe ser entendida y valorizada como componente indispensable de nuestra matriz energética, lo cual implica a su vez una intensa y continuada tarea de información a nuestra sociedad acerca de esta tecnología. Su utilización en otros campos como la salud, el agro y la industria, seguirá también incrementándose en la medida que la actividad nuclear se consolide para convertirse en cotidiana para nuestra sociedad.

Pero antes habrá que conseguir que quienes toman decisiones en esta temática tengan la idoneidad necesaria, o al menos la sensatez indispensable para consultar a quienes verdaderamente la conocen. Para que Cambiemos hacia el crecimiento y no hacia el desguace. Porque nuestro país no se merece el retroceso brutal que le propone La Política Nuclear Argentina Actual.

1] A. Tancredi, “El desarrollo nuclear no admite una pausa de cinco años”, editorial .

[2] J. Gadano, “El sistema nuclear argentino es el cluster tecnológico más sofisticado del país”, Revista U-238, N°20 (10/03/2016).

[3] M. Dinatale, “Iguacel encarará una profunda reforma en la política nuclear y busca generar confianza en el exterior”, Infobae (02/07/2018).

La porpuesta más reciente es que la CNEA se transforme en un pedazo del Conicet y que el país tire por la ventana el avance de 7 décadas en ciencia y tecnología nuclear.

Datos

La porpuesta más reciente es que la CNEA se transforme en un pedazo del Conicet y que el país tire por la ventana el avance de 7 décadas en ciencia y tecnología nuclear.

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