Las acciones de las empresas energéticas, en caída libre

Las firmas del rubro arrastran una seguidilla de malas noticias en lo que va del año. El desplome en las Bolsas es el común denominador y en el país este escenario suma crisis locales.





La Bolsa de Nueva York cerró operaciones varios días a raíz de las corridas.

La Bolsa de Nueva York cerró operaciones varios días a raíz de las corridas.

Por Alfredo Jaramillo

El 2020 para las empresas energéticas a nivel global comenzó con malas noticias: primero la caída estrepitosa del precio internacional del petróleo a 30 dólares el barril, impulsada por la decisión unilateral de Arabia Saudita de incrementar su producción para no ceder cuotas de mercado a comienzos de marzo, en medio de una disputa con Rusia en el marco de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP).

Y segundo, algo que ya estaba implícito en la decisión de Riad y que semanas después terminaría por agravarse: la expansión de la pandemia del coronavirus, que terminará afectando la recuperación de la economía global e impactará no sólo a las empresas energéticas, sino a todas las cadenas de valor mundiales.

Desde el 11 de marzo, día en el que la empresa estatal Saudí Aramco anunció que comenzaría a expandir su capacidad de producción y comercialización de crudo, el precio internacional del barril de petróleo Brent cayó más del 50% desde 53,27 a 25,63 dólares el último 23 de marzo, según datos de la agencia de noticias Bloomberg.

Las acciones de las compañías en las principales bolsas del mundo siguieron esa tendencia: la cotización de Shell se desplomó un 60% en Nueva York al pasar de 62 dólares a comienzos de enero a 25 dólares a comienzos de esta semana.

Algo similar sucedió con el resto de las compañías líderes: en tres meses tanto ExxonMobil, Chevron, Total comola inglesa BP cayeron alrededor de un 50%.

En números

68%
es la caída que arrastra YPF. La cotización de sus acciones en Nueva York es en estos días de 3,50 dólares.

La volatilidad del mercado en respuesta a la guerra de precios en el marco de la OPEP y el impacto de la crisis desatada por el coronavirus no tardó en llegar a las empresas argentinas.

La cotización de YPF en la bolsa de valores de Nueva York cayó un 68% de 11 dólares a comienzos de marzo a 3,5 dólares esta semana.

La compañía estatal, golpeada como otras del sector privado por el congelamiento del precio de los combustibles, ya había anunciado a comienzos de mes en una conferencia de prensa con inversores que este año reduciría las inversiones un 20% respecto a 2019 a causa de la caída de los precios internacionales y la incertidumbre en el sector.

El desplome en la bolsa no cesa. (Foto: EFE)

Se desconoce aún si el agravamiento de la coyuntura global y local generara un recorte aún más grande tanto en esas proyecciones como en la política de dividendos de la compañía.

La caída en el valor de las empresas no parece tener piso aún, más allá de un ocasional rebote por compras de oportunidad de los inversores o una política de recompra de acciones por parte de las propias empresas.

Efecto global

50%
cayeron otras firmas petroleras líderes como la ex British Petroleum, Chevron, Total y ExxonMobil.

No obstante, la continuidad de esa política está limitada por la propia capacidad de generación de caja de las compañías, que se ven enfrentadas al dilema de destinar esos recursos a sostener su valor en bolsa o a afrontar gastos corrientes y de inversión de capital.

En Vaca Muerta

Hay pocas dudas respecto a que el actual escenario impactará negativamente en el desarrollo de Vaca Muerta, la única formación no convencional del país que está operativa.

En una primera reacción a la caída de precios, el Gobierno nacional dispuso este mes licencias no automáticas para la importación de petróleo, gasoil y naftas, a fin de evitar distorsiones y proteger la producción local.

El dato

50%
es la caída que registra el valor del barril de Brent en lo que va del año, y parece no encontrar un piso.

La medida no pareció calmar a los actores del sector: la semana pasada, la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos (Ofephi) le solicitó al secretario de Energía de la Nación Sergio Lanzani que fije el precio interno del barril de petróleo (conocido como barril criollo) en 54 dólares, pedido avalado informalmente por las compañías productoras.

El pedido aún no tuvo respuesta formal por parte de Casa Rosada, pero suena poco probable que el gobierno de Alberto Fernández acepte la solicitud sin estudiarla en detalle, en medio de una pandemia que demanda atención exclusiva por parte del Ejecutivo, sin contar que buena parte de los recursos del Tesoro son reencauzados actualmente a partidas de salud y asistencia social ante el avance de la pandemia.

La trayectoria de las empresas petroleras y de toda la cadena de valor que integran empresas de servicios, contratistas y un sinnúmero de pequeñas y medianas empresas (desde proveedores de indumentaria a comercios de cercanía en las ciudades petroleras e inmediaciones) también estará atada al desenlace de la renegociación de la deuda liderada por el ministro de Economía Martín Guzmán.

En caso de resultar exitosa, Argentina puede permitir soñar con un regreso al mercado de capitales más amigable, con tasas accesibles tanto para la colocación de deuda pública (gobierno nacional, provincial y municipal) como privada.

El plan

US$ 54
pidió la Ofephi que sea el precio sostén para el crudo dentro del país.

Los últimos canjes de títulos en pesos tuvieron sobredemanda y permitieron al gobierno nacional alargar la curva de vencimientos, por lo que no es improbable que un canje de deuda en dólares tenga un final favorable para el país.

En ese escenario, el acceso del crédito puede ser una variable positiva para las empresas energéticas que necesiten recostarse en el financiamiento privado para sostener la actividad y honrar sus compromisos de deuda, luego de que varias empresas del sector emitieran bonos en 2019.

El alcance de un escenario adverso, sin embargo, es más difícil de imaginar, en momentos donde el temor a la pérdida de empleo se ha convertido en la principal preocupación de Gobierno, empresas y sindicatos.


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