“Las colas en los bancos”

Por Redacción

El día 9 de mayo pasado me dirigí a la sucursal del Banco de la Nación Argentina de la ciudad de Neuquén para cobrar un cheque generado por el Juzgado Federal de la misma ciudad. Yo sabía lo que me esperaba, pero esta vez me sacó de quicio. Mi reloj indicaba las 10. En principio debía pasar por una ventanilla de control. No había nadie… Luego de esperar más de 10 minutos, decidí golpear el vidrio. Me respondió un empleado, desde más de 10 metros: “Enseguida voy”. Evidentemente era quien debía atenderme. Lo había observado durante mi espera y en ningún momento se dio cuenta de la cola que se estaba formando detrás de mi. Fui atendido cortésmente. Mi trámite demoró 5 minutos. Me indicó que debía hacer una nueva cola, de la cual yo era aproximadamente el integrante número 60. Mi reloj marcaba ya las 10:20. En la cola no disponíamos de termos con agua para mate, pero amenizábamos hablando acerca de la atención desconsiderada del banco, de fútbol, de la inflación y la inseguridad, intercalando aplausos –no seguramente para apoyar a los organizadores de las tareas que nos estaban ofendiendo y nos maltrataban–. ¡Menos mal! Porque estas charlas nos disimulaban el tiempo que estábamos perdiendo. Por fin accedí al inminente ingreso detrás de las mamparas. Descubrí que había nueve cajas para la inmensa cola, pero sólo atendían cuatro cajeros… Indignado, ya “sacado” por tanta ineficiencia, me dirigí a la oficina del gerente, quien me indicó que “arriba” (señalando una oficina en planta alta) ¡había un libro de quejas! Pensé que me tomaba el pelo, pues sé lo que pasa con los libros de quejas, sobre todo en las oficinas públicas. Quedaba claro que su función no era pensar cómo solucionar el problema de la gente y organizar las tareas del banco. Le juré que escribiría una carta de lector para recordarle a quien corresponda que tan solo ese día (y por supuesto que todos los días) más de 500 personas habían perdido al menos 2 horas cada uno, o sea, 1.000 horas que la mayoría debía aprovechar para producir para una sociedad que, según la historia oficial, estaba en franco desarrollo productivo. Y el ahorro que el banco ha hecho al no pagar el sueldo de las cinco cajas sin cajeros lo pagan los sufrientes clientes parados durante dos horas. Cuando egresaba del banco la cola era muy superior en número a la que yo ingresé previamente. Ahora el reloj marcaba las 12:30. Me pregunto, si Argentina es un “País de buena gente”, como dice la propaganda, cuánta de esa “buena gente” integra la dirección del banco, que menosprecia el tiempo, la dignidad y los derechos humanos de quienes acuden a los servicios del Banco de la Nación Argentina. Y como vivo en General Roca, le dedico estas líneas a la sucursal de mi ciudad, que al menos ha tenido la deferencia de ofrecer sillas a los pacientes ciudadanos que aguardan en silencio, seguramente porque su timidez o miedo les hace aguardar sin chistar. Cabe también en esta protesta el Banco Patagonia, el exclusivo que atiende las cuentas de la provincia de Río Negro, cuyas colas, no tan numerosas como la relatada, son atendidas de la misma forma. Esta circunstancia no debe ser, supongo, ignorada por concejales, legisladores o quienes están en condiciones de actuar, debido a que existe legislación al respecto. Se ven lesionados los intereses de los ciudadanos por las demoras en la atención. Al parecer queda claro que no están enterados de esta circunstancia, porque miran para otro lado o porque están ocupados “de otras cosas”. Es triste la circunstancia que me hace recordar tantas injusticias que considero menores, pero que ocurren diariamente, y que lamentablemente están enquistadas en una sociedad que calla porque sabe que su queja no tendrá respuesta oficial. Total, más adelante subirán otros “políticos” que prometerán solucionar todos los problemas y que, luego de arribar al anhelado sillón, harán pito catalán al pueblo. Abelardo Zilvestein DNI 7.302.986 Roca

Abelardo Zilvestein DNI 7.302.986 Roca