“Las crisis recuperan el valor de la política”

Invitado por el Movimiento Productivo Argentino, que encabeza el expresidente Eduardo Duhalde, Julio Sanguinetti reflexionó sobre el destino del continente, advirtió sobre los excesos en el manejo del sistema y jerarquizó el valor de la política.

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entrevista: A Julio Sanguinetti, expresidente del Uruguay

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

– En sus artículos en “El País”, “La Nación”, al reflexionar sobre la crisis que jaquea a la economía internacional, suele apelar al concepto de exceso en el manejo de los temas fiscales, a una de sus causas. Pero a su vez establece una diferencia entre la calidad de manejo de las cuestiones financieras entre la Europa del Norte por un lado y la mediterránea por el otro. ¿Los latinos somos más irresponsables en el manejo de lo público?

– No soy de hacer juicios tan determinantes. Pero es evidente que esa Europa sajona, nórdica, o la que se integró tras el derrumbe de la Unión Soviética, es más cuidadosa en el manejo de las políticas financieras, públicas. Por lo menos este es el perfil que se instala en relación a la actual crisis. No es un espacio con ausencia de problemas, pero sus problemas no tienen las características de los que padece Grecia o España o Italia, a los que la ayuda les llega desde la “otra” Europa. Yo señalaba en mi disertación que cuando un ciudadano alemán reflexiona sobre el hecho de que él se jubila a los 67 años y un ciudadano griego a los a los 60, y es Alemania el motor que ayuda a la Europa en crisis, bueno... en esa reflexión se está expresando mucho de las concepciones con que se maneja el sistema en una y otra parte.

– ¿Se ratifica entonces que la centralidad del problema no pasa por el Estado de bienestar sino los excesos?

– Por supuesto. Los excesos en el endeudamiento, en materia monetaria, la ligereza en el manejo de las cuentas públicas. Esa es la centralidad del problema. Se tiene muy en claro el porqué de esta crisis...

– Aunque la crisis no afecta todo el continente en los mismos términos, ¿finalmente le llegó a Europa el “cansancio” que advertía Napoleón en sus papeles de Santa Elena?

– Cambia el eje del poder que deviene de tener economías con alto rendimiento. Y cambia en un mundo que cambia en muchas direcciones. El eje del crecimiento económico ya no tiene su asiento en la relación atlántica entre Estados Unidos y Europa. En términos comerciales se lidera desde el Pacífico, concretamente de China, que por su masividad ha cambiado el formato productivo de gran parte del mundo. Pero sería además un error creer que China es sólo demanda de alimentos. Esa sería una mirada muy limitada de lo que está sucediendo ahí.

– ¿Lo dice por el aspecto menos reflexionado de su poder: el avance en el campo tecnológico-científico?

– Por ejemplo. Hemos tenido una mirada que nos decía que los chinos eran buenos para imitar, que lo son. Sin embargo, en el último año, a escala mundial, sus patentes de invención superaron a las de los Estados Unidos.

– Usted es uno de los pocos analistas políticos del continente (entendiendo por tal a quien reflexiona, escribe y publica sobre esa realidad) que en el marco de la crisis financiero-económica que se inicia en el 2007, jamás se permitió señalar que América Latina sería atrozmente azotada por ese proceso. ¿Qué le permitió manejarse en esa franja de reflexión?

– El que no soy agorero de males. Soy alguien que mira con sentido común la realidad. Y esa realidad me decía, por ejemplo, que el precio de los alimentos, el del petróleo, iban a mantener el ritmo de crecimiento de las economías más gravitantes del continente. No a las tasas que lo venía haciendo cruzando el año 2000, pero sí mantenerse fuera del ventarrón más furioso. Pero también he señalado que este año comenzó el otoño de estas economías. Cae el consumo, emerge el exceso del gasto público y se acentúa la inflación en el caso argentino; Brasil apela a regular su crecimiento y no crecerá mucho más del 3 %; volvemos al proteccionismo y esto condiciona nuestras relaciones con gran parte del mundo y tenemos demandas insatisfechas de inversiones. Pero, aun en este marco, diríamos que la crisis no nos arrasó.

– Usted suele señalar -lo acaba de hacer en su conferencia desde un definido optimismo- que aun desde sus déficits y los retos que le llegan desde el populismo, hay razones paras ser optimista en relación a la evolución de la democracia. En esa línea sostiene que la expansión de las clases medias es un dato significativo de nuestra realidad. ¿No cree, sin embargo, que esa incorporación es muy precaria en tanto en general las clases medias se insertan trabajando en negro, sin seguridad social y que ante un marasmo económico, descenderán?

– Pero esto se relaciona a una necesidad creciente de nuestros países: afirmar, tornar eficientes los mecanismos institucionales para ampliar, las reglas de juego, la seguridad jurídica, todo conducente a volver cada vez más transparente el funcionamiento del sistema, a legitimarlo mediante esa transparencia en dirección a un funcionamiento económico claro, preciso, sin que se tenga que apelar a la coartada para trabajar, para invertir... Hay que luchar contra la demagogia, la distorsión voluntaria que esgrimen algunos sectores políticos de nuestros países para desjerarquizar el valor de la seguridad jurídica. La presentan como un “tema de abogados”... No y no: no es así. Es un tema que hace a todos, tiene que ver con nuestras vidas.

– Es un tema político.

– Siempre, todo lo que hace a nuestra existencia como sociedad en funcionamiento, hace a la política. Y en esto se está demostrando que las crisis colocan a la política en el centro de las miradas, politizan. Y politizan en el marco del sistema. La política está bajo presión, bajo reclamos. Pero hace a la política valorar esas situaciones, buscar soluciones, problemas... trascender en términos racionales. Lo más grave que nos podría pasar es que la política le tema a la ciudadanía, a los medios, a la gente deliberando...

– Usted suele hablar de que uno de los desafíos más graves de nuestros sistemas políticos es la tentación al “cesarismo”. Ha dicho, por caso y en relación a Argentina, que algunas decisiones del kirchnerismo –YPF concretamente– implican una “escenificación grotesca”. ¿Cómo define el presente del país en relación a estos dos temas?

– Yo me defino en relación a resultados. Por caso: me parece increíble que Argentina tenga que importar energía por miles y miles de millones de dólares. También me parece preocupante que se cierre su economía, se apele a manejos monetarios que, por historia, sabemos que no dan resultado.


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