«Hablar de suicidio no lo incita, lo previene»: la historia detrás del libro de la psicóloga neuquina Julieta Fabi
Tras la muerte de su hermano, en septiembre de 2025, la psicóloga neuquina Julieta Fabi presenta su libro "Suicidio" (Editorial Doble Z). En esta entrevista con Lecton, habla sobre el dolor, las fallas del sistema de salud mental y la urgencia de visibilizar lo que generalmente se oculta. “Hablarlo es necesario para saber qué hacer”,dice.
El suicidio suele estar rodeado de silencios y estigmas. Es, muchas veces, el terreno del dolor, la impotencia, la incomodidad y la incomprensión. Desde su experiencia familiar, la psicóloga neuquina Julieta Fabi decidió ponerlo en palabras. En septiembre del año pasado, su hermano Tomás se quitó la vida. Enseguida, por catarsis y necesidad, empezó a escribir sobre el tema. Y casi al mismo tiempo, también, pensó en compartirlo para que otras familias puedan saber más del tema. Su libro “Suicidio”, publicado por editorial Doble Z -que se presentará el próximo sábado 27, a las 17, en el auditorio de la Facultad de Ingenieria de la Unco, en Neuquén-, no es un manual técnico ni una guía de autoayuda; es un testimonio descarnado, escrito desde una vivencia familiar y profesional que busca alumbrar las zonas más oscuras de la salud mental.
En sus páginas, la crudeza y el amor fraternal se entrelazan. Como advierte la propia autora: “Este libro puede ser duro y explícito en algunas oportunidades. Pero justamente esa es la idea de esta escritura (…) Hablar sobre lo que tanto se calla. Mostrar lo que se oculta. Concientizar. Y para concientizar hay que decir las cosas como son. Este libro nace de una herida personal. La herida de haber visto a mi hermano -y junto con él, a mi madre- luchar contra la depresión, la bipolaridad y las adicciones. Y la herida aún más profunda de haberlo perdido a causa del suicidio”.

Apenas un año y medio mayor que Tomás, Julieta entrelaza en este diálogo su mirada como hermana, hija, profesional de la salud y mujer de fe.
-Es un hecho muy reciente. ¿Cómo fue la transformación de todo eso que les ocurrió en un libro?
-A las semanas de que ocurra, me puse a escribir sin que el objetivo sea un libro. Lo pensaba más bien como algo catártico. La realidad es que no me costó mucho escribirlo; al ser una historia personal, muy cercana, fluyó. Pero con el tiempo le fui dando forma desde la psicología, desde mi posición como hermana, y terminó surgiendo la idea del libro.
-Una cosa es volcarlo, escribirlo. Pero en vos, además de la escritura de algo tan doloroso y personal, se mezcla también tu profesión. ¿El libro tiene la intención de ayudar a las familias que pasan por lo mismo?
-Cuando le di forma, tuve tres objetivos: visibilizar, concientizar y prevenir. Quiero que la gente se quede con esto, con lo que ocurre adentro: las luchas, la desesperación, todo lo que no se ve. También mostrar las fallas en la salud mental, aunque destaco que hubo profesionales que sí fueron empáticos con la familia, y que se manejaron un poquito mejor, hubo fallas.
-Hay en el periodismo y en la sociedad en general un reparo muy grande con el tema del suicidio. Aunque ahora ha cambiado un poco, es algo de lo que habitualmente no se habla. Como familiar y psicóloga, ¿qué opinás de eso?
-En el libro digo que hablar de suicidio no lo incita, sino que lo previene. Es difícil a veces prevenirlo, como nos pasó a nosotros, pero por lo menos se habla, se sabe, se conoce del tema: cómo una persona puede llegar a eso, en qué momento una persona lo piensa, a qué cosas estar atento. Hablarlo es necesario, para saber qué hacer.
–Sos psicóloga, ¿te interesaba este tema en particular? ¿Es un eje en el que querés seguir ahondando?
-Incluso antes de esta situación, daba charlas de prevención del suicidio en la Universidad Nacional del Comahue, en colegios y en jornadas institucionales a docentes. No es que esto surge desde que nos sucedió lo de mi hermano, sino que siempre estuve intentando generar prevención en el tema. Igualmente, en una charla -eso es lo que siempre digo- te quedás corta, pero es una de las herramientas que uno tiene para poder prevenir o para poder interiorizar a la gente. Hay que hacer mucho más, es un tema muy profundo y muy delicado.
-Escribís, hacia el final del libro, algo sobre la prevención. Contra la idea de fracaso que seguramente sobreviene, la persona que consultás en ese momento, te dice que todos esos años, entre el primer intento de suicidio de tu hermano y su muerte, también fueron años de prevención.
-Es así. He visto casos en donde se pudo prevenir y la persona salió adelante y se recuperó. Pero por eso digo que es muy complejo, porque la psicología no es una ciencia exacta: tenés que basarte en cada paciente, en cada persona; cada historia es distinta y cada forma de abordar es diferente. Hay personas a las que las internaciones les funcionaron y salieron adelante; hay personas que han sido muy prolijas con la medicación. También hay casos de chicos que realmente querían vivir y que finalmente terminaron en suicidio. Yo puedo dar fe de que mi hermano nunca le encontró ese “gustito” a la vida, pero él quería vivir, aunque suene contradictorio: tenía proyectos, tenía planes y, a la vez, no quería vivir. La persona que termina quitándose la vida en realidad no se quiere morir; quiere dejar de sufrir, quiere dejar de vivir la pesadilla que está atravesando. En el caso de mi hermano, él quería dormir tranquilo, quería dejar de recordar a sus abusadores; sus noches eran una tortura. Y todo eso es mucho más complejo cuando hay una patología de base, como era su caso, que tenía todo el combo: trastorno de personalidad, trastorno bipolar; eso lo llevaba a estar mucho más desregulado, a no poder cumplir bien con el tratamiento, a tomar una medicación y después dejarla, a volver a desregularse, al brote psicótico. Es mucho más difícil ahí porque se te escapa de las manos. Una persona desregulada -hablando en términos más criollos y no tan profesionales- “no conecta bien los cables”, y en esa desconexión sucede cualquier cosa.
-Este libro, con tu nombre, tu apellido, y con el nombre, apellido y foto de tu hermano, es un texto muy desnudo: expone algo sumamente real de todos los involucrados, y muestra también las dudas y recaídas de la familia en general. ¿Ellos te apoyaron en este proyecto o fue una decisión puramente personal?
-Ellos me apoyaron y me apoyan ahora a full. De hecho, mi hermano era abogado y estaba estudiando psicología. En este “querer vivir”, creo que un poco su esperanza de vida se la daba el hecho de ser ejemplo para un otro. Él estaba totalmente convencido de que iba a hacer algo por la salud mental: “Yo voy a cambiar las cosas, algo tengo que hacer”, decía. Entonces esto es, en parte, seguir con su legado. Él quería visibilizar, quería concientizar, quería hablar de su testimonio. He hablado con algunas personas que me han escrito, que compraron la preventa del libro por ejemplo, y que me han dicho: “Si yo estoy acá todavía es gracias a Tommy”. Entonces, el apoyo también viene desde ese lado, desde seguir con un legado, ponerle voz a su voz, decir lo que él no pudo hablar, que no llegó a hacerlo. La compañía de mis padres está; de hecho, les gusta mucho cómo está escrito el libro, los detalles. Yo le he pedido muchos datos a mi mamá, este libro tiene muchos aportes de ella, y me los ha dado sin problema.
-El libro tiene momentos en los que le reprochás algunas actitudes a tu mamá. Desde el amor, se entiende, pero la enfrentabas por el tema de los límites.
-Por eso es que todo el tiempo pongo que no la juzgo, que era una mamá desesperada, a la deriva, haciendo lo que podía con lo que tenía a su alcance. Esa era la realidad de mi mamá, hizo lo que podía. Y él era mayor de edad, y como cuento en el libro, ella me decía: “¿Qué querés que haga, que lo ate a la cama?”. Esa era una realidad, era adulto, tenía su sueldo, tenía su trabajo, se te escapaba de las manos. ¿Qué le vas a decir a una persona de casi 30 años?: “¿Quedate acá porque te tengo que tener vigilado”? Era muy difícil…
-¿Qué esperás que pase con el libro? ¿Qué te gustaría que genere?
-Me gustaría principalmente que los familiares que perdieron a una persona por suicidio entiendan que no es culpa de ellos, que hicieron todo lo que estaba a su alcance, y que casi todo es una decisión de la persona. Que puedan vivirlo como yo lo viví, como nosotros, porque mis papás también, más allá de que están desgarrados y muy mal, lo viven de esta manera: entendiendo que la vida de él no era vida. Si leés sus cartas o escuchás sus relatos, te das cuenta de que no era vida. Mi principal objetivo es ese: que aquel familiar que perdió a alguien pueda entender a la persona, pueda perdonarla y pueda apoyar su decisión más allá de nuestro dolor, comprendiendo que no se lo hicieron a ellos. LO otro que me gustaría es visibilizar las luchas internas. La gente ve que una persona se mató, pero no ve qué era lo que estaba pasando ni todo lo que la familia vivió. De hecho, hay comentarios como “podrían haber hecho algo”, “podrían haber hecho más”, y no saben todo lo que hicimos y todo lo que debe hacer cada familia que pasa por esto: salir a cualquier hora de la madrugada corriendo a rescatar a la persona porque sabés que está mal; o mi mamá, que fue la que peor la pasó, sus noches enteras sin dormir, tratando de calmar un ataque de ansiedad a través del teléfono a las 4 o 5 de la mañana. Busco visibilizar y poder generar un poco más de empatía. Que no solamente se vea a la persona que sufre, sino que detrás hay una familia que también está sufriendo, y poder acompañar a esas personas. Por último, quiero concientizar para que se pueda conocer un poco más qué es lo que se vive y qué cosas se pueden hacer.
-El libro tiene un reclamo fuerte al sistema de salud mental.
-Sí, sé que el sistema de salud hace lo que puede con lo que tiene, porque están desbordados y tiene que ver con una cuestión del sistema, justamente, no de los profesionales. No reclamo a los profesionales, reclamo al sistema de salud y muchas veces a la ley. Esto de que “como es mayor de edad no te puedo recibir, mamá; no te puedo recibir, papá” o el tema de la atención no inmediata. En el caso de mi familia, se pudieron costear los tratamientos, las internaciones, pero no es igual para todos. El otro día vi, en una noticia, que rescataron a un hombre que se estaba por tirar; los policías lo enlazaron como un animal, lo salvaron, y lo internan en el hospital de El Chañar… Pero, ¿qué pasa después con esa persona?
Y también está el tema de la internación voluntaria: lo que yo digo siempre es que una persona en consumos problemáticos de drogas, y una persona en el estado en que estaba mi hermano, lo primero que pierde es la voluntad, entonces ¿de qué voluntad estamos hablando? Está bien, la Ley de Salud Mental interna en contra de la voluntad de la persona, pero hay muchos requisitos. Hubo excelentes profesionales con los que nos topamos, como la psicóloga que, sin tener por qué hacerlo, fue a la clínica en uno de los intentos de suicidios más grandes que tuvo. Pero hubo muchos otros que no atendían el teléfono o no te recibían para nada. No es culpa de los profesionales tampoco, pero se podría haber trabajado de una forma mucho más integral. De hecho, mi hermano mismo les decía: “Llamá a mi mamá, mi mamá te va a llamar, yo no tengo problema”.
-En el libro hablás muy francamente sobre el tema de la religión. Aunque después el tema no intervenga, lo dejás muy en claro desde el comienzo, pero nunca juzgas lo que hace desde esa fe.
-Como aclaro también en el libro, el texto no es una guía, un manual terapéutico ni nada; es un libro escrito desde una historia personal. Y así como es una historia personal y abro las puertas de mi casa, y abro mi corazón, abro esa parte de mí que es muy importante en mi vida, no en la de mis padres y de mis hermanos. Separé muy bien las cosas: la fe y la religión forman parte de mi vida. Dentro de todas las cuestiones de mi hermano, entraba un poco esto de que, para mí, él se juzgaba más a sí mismo de lo que los demás lo juzgaban. Hubo momentos en los que ha llegado a decir que odiaba ser gay y creo que lo decía justamente por una cuestión de él mismo. Creo también que su búsqueda de irse a Buenos Aires tenía que ver con sentirse más en libertad. A él le pesaba mucho la mirada del otro, que es parte de la patología que él tenía también. Él pensaba que todo el mundo estaba en contra de él o porque era gay o por otra cosa. Yo en ningún momento lo juzgué. Pero sí, en un momento, él pudo tener un encuentro con Dios, con la religión y consideraba que eso le hacía muy bien, pero tenía sus propios prejuicios también. Creo que eso no le permitió abrirse del todo; quizás lo hubiese ayudado a vivir sin rencor, sin dolor, el tiempo que vivió.
Dónde recurrir en Neuquén y Río Negro para buscar ayuda si se reconocen signos de alerta sobre suicidios
En Neuquén, los hospitales Heller y Castro Rendón de Neuquén capital cuentan con guardias activas interdisciplinarias de salud mental, las 24 horas. En el caso de Bouquet Roldán es de 8 a 20 horas.
También se pueden consultar en los centros de salud y hospitales del interior. Además se puede llamar a la línea de contención en salud mental y adicciones, al número 299-5358191.
El SIEN tiene atención de emergencias para salud mental y consumo problemático de 8 a 20 horas, a través del 107, todos los días.
En Río Negro ante una situación de intento de suicidio o de riesgo de autolesión se puede llamar al 911. También pueden acercarse o comunicarse con el hospital o centro de salud más cercano, o bien a través de la línea telefónica nacional y gratuita de Salud Mental 0800 999 0091.
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