“Lo que ganamos los argentinos en el Mundial”
En principio, a través del tiempo fuimos “admirando” al equipo nacional y vale mencionar que prácticamente sin convivencia o entrenamiento antes del campeonato se consolidaba coordinadamente como un conjunto de personas que en distintos puestos y ubicaciones, desde los utileros hasta el director técnico, “sudaron la camiseta” fraternal y alegremente para “regalarnos” un sueño que se iba agigantando con el transcurso del tiempo en sintonía con la calificación de “invictos” hasta la definición de la competencia. Luego de derramar las lágrimas que brotaron de mis ojos ante la imagen que contemplaba, ilusionado minutos antes de finalizar el complemento del alargue –y debo confesar que conteniendo la “bronca” (considero que compartida) que me embargaba al pensar que (injustamente) definiríamos por penales (que no sancionó un cuestionado penal el árbitro en el partido… que me perdone el tano, pero lo considero injusto en su accionar)– el sorpresivo gol de los impetuosos y desesperados germanos en los minutos finales me hizo reflexionar y ahora estoy sintetizando objetiva y desapasionadamente lo que “ganamos”, que creo que es lo más importante. Ganamos en aglutinar el orgullo nacional y revalorizar nuestra historia y origen, aprendimos que la fraternidad es la filosofía de la unión entre seres de distinto origen y naturaleza e identificamos a algunos trasnochados y violentos que nos oprobian con sus actitudes. Quiero decirle a todo el conjunto que nos representó ante el mundo, que dejó “sangre, sudor y lágrimas” en el campo de esta batalla, que más que admirarlo con razón ganó nuestro corazón y es digno merecedor de reconocerle que simplemente por eso ¡lo queremos! En fin, a ellos, que nos brindaron su esfuerzo, agradezcámosles que nos motivan a continuar engrandeciendo la Argentina. A todos los compatriotas lúcidos, inteligentes y pacíficos quiero decirles que Aristóteles no sólo dijo que “la única verdad es la realidad” sino también que “la esperanza es el sueño de los hombres despiertos”. Así que, a soñar no sólo con el 2018 sino con el mañana de cada día, para revalorizarnos, confraternizar, mejorar nuestras actitudes y optimizar el futuro de nuestra descendencia. ¿No les parece? Heraldo Ruddy González Trelew
Heraldo Ruddy González Trelew