“Los argentinos no solemos emitir opiniones objetivas”

Por Redacción

La idiosincrasia del ser argentino provoca que, ante un hecho de conocimiento público, el ciudadano común emita su opinión –sin premeditación alguna– siempre en la inmediatez e impulsada con una ligereza suprema, sin disponer de suficiente conocimiento sobre los hechos que originaron la noticia. La rapidez de los “opinólogos” resulta una constante nacional, condición ineludible, proveniente de la raza cultural heredada del centralismo porteño, donde éstos (los porteños) generalmente siempre “se las saben todas”.

Quién opina compulsivamente en los inicios de su alocución directamente suele aseverar o negar sobre una determinada cuestión, como si él tuviera acabado conocimiento del tema que se está tratando. Las opiniones vertidas sobre los fallos judiciales –en la mayoría de los casos– son formuladas sin comprender el funcionamiento de la Justicia y sin darle una lectura previa a los expedientes. Lo señalado suele generar conclusiones imaginarias que no siempre concuerdan con la realidad acontecida en los hechos.

En ese sentido ocurre que los argentinos siempre sabemos de todo y en virtud de ello opinamos del mismo modo y con la misma intensidad. Nos solemos convertir en jueces de los actos ejecutados por los demás, censurando actitudes o conductas sin advertir que nosotros mismos podemos estar incluidos en ese “embrollo” que se les critica a otros.

Los argentinos nunca emitimos opiniones objetivas porque siempre partimos de una subjetividad. Ocurre que hemos sido parte del problema a lo largo de la historia y resulta difícil la abstracción cuando ya se ha prejuzgado previamente. Siempre se opina sobre una presunción y ello resulta perjudicial e improcedente porque la situación se comenta de acuerdo al cristal del lente con que se la mire. Afortunadamente, no todos los humanos percibimos los mismos estímulos ante un determinado suceso.

Por ejemplo, quien hizo mención –por primera vez– a la famosa grieta social he considerado que no fue objetivo en sus apreciaciones, porque para emitir el comentario partió de una subjetividad, la cual indica “que los argentinos no estamos unidos, solemos encontrarnos desunidos y existen quienes se encargan de profundizar esa diferencia”. Al afirmar este comentario sobre la posición del autor de la frase yo también provoco una antinomia, dejo de ser objetivo en mis apreciaciones, a pesar de mi esmero por serlo. Si participo en la grieta, ya estoy prejuzgando al otro, quien visualizó este curioso fenómeno social y que posiblemente pueda estar ubicado en la otra “vereda”. También resulta ponderable el rol social que el sujeto ocupa en la sociedad que lo puede condicionar para obrar en consecuencia. No todos los actos de las personas son realizados por convencimiento, hay quienes provocan acciones por su condición social o jerarquía laboral y hay otros también que ni siquiera se esmeran por hacer algo.

Por último, no opinemos sobre los demás sin tener la “casa en orden”. Se sugiere elevarse muy alto para poder retratar una imagen completa que refleje la realidad de la sociedad, porque el problema emerge del lente con que se la observa y no considerando otros ponderables. Basta de diferencias, de grietas, de agresiones, y a estar cada vez más unidos entre nosotros mismos, como nos enseña el Martín Fierro.

Miguel Ángel Knecht

DNI 14.727.625

“Ocurre que los argentinos siempre sabemos de todo y en virtud de ello opinamos del mismo modo y con la misma intensidad. Nos solemos convertir en jueces de los actos de los demás”.

Miguel Ángel Knecht

DNI 14.727.625

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“Ocurre que los argentinos siempre sabemos de todo y en virtud de ello opinamos del mismo modo y con la misma intensidad. Nos solemos convertir en jueces de los actos de los demás”.

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