Los grupos de autoayuda, en plena reconversión

Uno de los daños colaterales de estos meses de distanciamiento fue la falta de acompañamiento (o al menos de apoyo presencial) para los pacientes de tratamientos de adicciones. Mientras crece la “telesalud”, muchos esperan volver a las reuniones.

Los salones vacíos, una postal repetida en estos meses. Mientras tanto, las charlas se realizan de forma virtual, pero no son lo mismo.

Los salones vacíos, una postal repetida en estos meses. Mientras tanto, las charlas se realizan de forma virtual, pero no son lo mismo.

En los casi ocho años desde que dejó el tratamiento por trastornos de consumo de alcohol, Amy Durham ha estado en innumerables reuniones de grupos de apoyo y recuperación. Al principio iba todos los días, pero después las redujo de manera gradual. Fue una rutina que mantuvo hasta marzo de 2020, cuando la pandemia de coronavirus clausuró muchas de las reuniones físicamente presenciales.


“En aquel momento tenía una base sólida, así que no temía por mi recuperación. Sin embargo, fue bastante estremecedor para mí”, dijo Durham, de 48 años, directora corporativa de relaciones con egresados en Caron Treatment Centers (Pensilvania, EE. UU.), donde recibió tratamiento.

“Siendo alguien que está en una recuperación a largo plazo, nunca pensé que esto podría suceder”, agregó.

Los sótanos de las iglesias y otros lugares de reunión habituales han sido abandonados a medida que los grupos de apoyo para adicciones han hecho la transición a las reuniones virtuales. A estos grupos les preocupa que los millones de personas que están en recuperación de los trastornos por el uso de sustancias se queden sin un recurso crítico mientras transitan sus vidas en medio del aislamiento y estrés.

Pero a medida que las reuniones por Zoom han proliferado, la reacción entre los especialistas en adicciones y los asistentes ha sido diversa. Para algunos, las reuniones virtuales han sido un salvavidas que los ha ayudado a mantener la sobriedad durante una época en la que los problemas de salud mental, el consumo de alcohol y las sobredosis han ido en aumento. Sin embargo, otros afirman que las plataformas virtuales no han podido replicar las conexiones formadas en las reuniones presenciales.

Las charlas carecen de las virtudes del apoyo presencial.


El boom de las reuniones virtuales de grupos de apoyo refleja el rápido cambio hacia los servicios de “telesalud” entre los proveedores que trabajan con quienes padecen de trastornos de consumo de sustancias. El cambio, que ha sido ampliamente adoptado por muchos profesionales de la salud mental, le ha dado a las y los expertos la esperanza de llegarle a casi 90% de las personas que no están recibiendo tratamiento a pesar de que podrían cumplir con los criterios de diagnóstico para el trastorno por uso de sustancias, dijo Deni Carise, directora científica de Recovery Centers of America.

Aunque es probable que este sistema de telesalud continúe incluso después de la pandemia, Carise dijo que anticipa que “una amplia mayoría” de los grupos de apoyo comunitarios reanuden las reuniones en persona. “Lo harán porque es lo que sabemos que ha funcionado”, dijo.

Uno de los pilares de la recuperación es establecer conexiones con personas que atraviesan experiencias similares, y muchos han creado esos vínculos a través de reuniones de grupos de apoyo en persona, dijo Durham. “No nos recuperamos solos. Tenemos que apoyarnos el uno al otro”, dijo.


El “pre” y el “post”, otra dura pérdida



Deni Carise, quien también se encuentra en recuperación a largo plazo, señaló que la experiencia de apoyo grupal no se limita a las reuniones. “Hay un antes, durante y después de la reunión, y las tres partes son igual de importantes”, dijo.

El momento pre-reunión ha sido tradicionalmente una oportunidad para que las personas trabajen en “dar servicio”, que es una parte integral del proceso de recuperación, dijo Alison Johnson, directora general de Summit Psychological Services en Nueva Jersey. “Ayudar a colocar sillas o hacer café se considera parte del servicio”.

Luego de una reunión, las personas continúan sus conversaciones, dijo Carise. “Así que una reunión de una hora se convierte en realidad en una reunión de tres horas”.

Por Allyson Chiu (The Washington Post)


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