Los orígenes de la Escuela de Frankfurt, 02-02-04
Por Mabel Bellucci
La llamada Escuela de Frankfurt se presenta como un grupo heterogéneo de pensadores muy poco proclives a un funcionamiento de «escuela» que, más allá de su origen judío-alemán o de su nucleamiento en torno de la figura de Max Horkheimer, habría de encontrar su unidad en la elaboración de una mirada crítica de la sociedad, su historia y los sistemas de pensamiento que la configuraron en la modernidad. Esta unidad, sin embargo, se reconstruye necesariamente después de abordar los trabajos singulares de sus miembros activos, como Theodor Adorno y el ya citado Horkheimer, o colaboradores a distancia como en el caso de Walter Benjamin.
El contexto histórico de su nacimiento fue la República de Weimar en la década del '20. Alemania acababa de perder la primera Guerra Mundial y los diferentes grupos políticos se acusaron mutuamente de la derrota y del hundimiento económico generalizado. Por un lado, la ineficacia de las estructuras administrativas -políticas, económicas y militares- del Imperio para sostener la guerra y evitar la disolución. Por el otro, las grandes huelgas promovidas por los socialistas resultaron el peor frente interno durante la contienda mundial.
En noviembre de 1918, una «revolución» sustituyó la monarquía por una Asamblea Constituyente que fundó la República Alemana. En 1919, la Socialdemocracia, de raíces marxistas, se convirtió en el principal partido del gobierno. Los grupos más radicales, en especial los espartaquistas -con su principal figura Rosa Luxemburgo-, alentados por la Revolución Rusa del '17, se levantaron en violenta oposición en Berlín y en Baviera. Estos movimientos, que fueron sangrientament sofocados, abrieron el camino a los violentos levantamientos de la derecha con la aprobación de la burguesía alemana. Se preparaba el camino para el advenimiento de Hitler en la década del '30.
En este violento contexto de la posguerra y con la Revolución Rusa como marco, los intelectuales marxistas alemanes perdieron el rumbo. Frente a ellos, dos opciones inaceptables. O bien, apoyar al gobierno socialdemócrata de Weimar demasiado vinculado con la burguesía. O bien, aceptar el liderazgo de Moscú, más preocupada por sostener la Revolución que por realizarla.
La asunción de cualquiera de los polos de esta disyuntiva comprometía la autonomía de los intelectuales marxistas alemanes y, en particular, la «pureza» de la doctrina marxista.
La solución del dilema implicaba un nuevo camino: la revisión de la teoría marxista. Esto significaba, en primer lugar, revisar la relación dialéctica entre la teoría y la práctica políticas.
Pero, además, para que esta revisión pudiese ser llevada críticamente a cabo era fundamental defender la independencia como prerrequisito necesario en la investigación, que sólo podía sostenerse a partir de la independencia financiera. La Escuela de Frankfurt pudo alcanzar esta autonomía necesaria con la desinteresada donación de su miembro fundador: el argentino de nacimiento, pero alemán por familia y formación, Félix Weil.
Como efecto de la Primera Semana de Trabajo Marxista -un encuentro de diferentes intelectuales con el objeto de revisar y redefinir una teoría marxista pura- Weil aportará los fondos para la fundación, en 1923, de un instituto de investigación permanente, independiente de las estructuras académicas universitarias.
Pasados los primeros años de configuración, se podría distinguir tres etapas en el desarrollo de la escuela. Una primera, de redefinición de las categorías de la teoría marxista, en el marco de una conceptualización mucho más filosófica, que reconoce al marxismo sus fuertes lazos con la tradición filosófica occidental. Una segunda, de la Teoría Crítica en su madurez que desembocaría en la última etapa -ambas, ya en el exilio- en una crítica negativa de la razón instrumental de Occidente. Estos tres momentos coinciden con el encumbramiento y caída del poder de Hitler, la Segunda Guerra Mundial, los horrores de esta guerra y el surgimiento de los Estados Unidos como el nuevo polo político y económico mundial y de su sociedad de consumo como un modelo paradigmático a replicar.
Con la llegada de Hitler al poder en 1933, se cerró el Instituto por parte de las autoridades nacionalsocialistas, se confiscó su biblioteca y los principales miembros fueron perseguidos. Pero, previendo esta situación, en virtud del clima que comenzaba a enrarecerse desde comienzos del '30, la dotación económica fue trasladada por Horkheimer a Holanda. Esto y la existencia de filiales en Ginebra, Londres y París (o al menos una mínima relación con intelectuales de estas dos últimas ciudades) permitió el exilio europeo de los principales miembros del Instituto, mientras que la edición de la revista se trasladó a Francia.
Con estos desplazamientos que dieron inicio al exilio, la Escuela cerró su período alemán.
Por Mabel Bellucci
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