Los ríos siguen enfermos



A pocas semanas de la temporada estival, la mayor parte de los ríos de la cuenca de Río Negro y Neuquén donde están ubicados sigue mostrando elevados niveles de contaminación, mientras las medidas para prevenir y remediar la situación avanzan a paso de tortuga.

Un estudio de la Universidad de Río Negro divulgado esta semana confirmó que se mantienen altas concentraciones de Escherichia coli, bacteria asociada a los líquidos cloacales, y en menor medida “compuestos clorados poliaromáticos” (producto de la actividad frutícola, transporte y quema de pasturas y combustibles) en diversos puntos del río Negro, con focos especialmente preocupantes en el Alto Valle, principalmente en la zona de la confluencia neuquina, Cipolletti, Allen y Fernández Oro. También situaciones preocupantes en Roca, Patagones y Chichinales.

Si bien hubo avances puntuales, alarma la desidia y lentitud de las autoridades para frenar la destrucción de este recurso que es la principal fuente de agua potable para la población

El relevamiento ambiental del río Negro incluyó inquietudes vinculadas a la fauna ictícola, y concluye que, aunque está “lejos de ser un río muerto”, está fuertemente impactado en forma negativa por la intensa actividad humana desarrollada a sus orillas, ya que los residuos que genera a menudo van a parar a sus aguas sin ningún tratamiento.

Si bien hubo avances puntuales, alarma la desidia y lentitud de las autoridades para frenar la destrucción de este recurso que es la principal fuente de agua potable para la población y el lugar donde están ubicados los principales balnearios de la zona, producto también de la falta de escrúpulos de algunos actores económicos que no invierten en tratar sus efluentes y de la falta de conciencia del ciudadano común, que a menudo colabora con la degradación arrojando residuos en los cauces cercanos a sus viviendas o que visitan por recreación.

Los programas de infraestructura de “vertido cero” de líquidos cloacales sin tratar, prometidos año tras año, están demorados o paralizados por recortes presupuestarios y la crisis económica que atraviesan los municipios y las provincias. De este modo, continúan arrojándose a los cauces efluentes crudos, agroquímicos y, crecientemente, residuos de la actividad hidrocarburífera.

Como informó este diario, el amparo que presentaron concejales y vecinos de distintas ciudades ante la Justicia para preservar la cuenca conformada por el Limay, Neuquén y Negro cumplió en septiembre tres años sin que se hayan adoptado acciones efectivas para mejorar la situación. Una medida cautelar ordenó entonces a las autoridades un plan de remediación y saneamiento con metas, plazos de cumplimiento y evaluaciones, pero la causa fue paralizada por una absurda discusión de competencia jurisdiccional.

En Viedma se realizó esta semana una mesa de concertación organizada por la Defensoría del Pueblo, donde organizaciones ambientalistas debatieron con funcionarios de Viedma y Patagones la situación del río Negro en el Valle Inferior, donde se mostró preocupación por los niveles de residuos sólidos que se descargan al río por medio de los desagües pluviales, y se acordaron algunas medidas de contención. Las organizaciones ambientalistas elaboraron un informe que señala la necesidad de ampliar los criterios de análisis de las aguas, ya que dos balnearios, declarados aptos para la actividad recreativa por la AIC basándose en el parámetro de presencia y niveles de concentración de Escherichia coli serían no aptos si fueran evaluados con la metodología y los estándares fijados por la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación, más estrictos y que incluyen a otros microorganismos potencialmente riesgosos para la salud humana.

Como señaló una campaña realizada por este diario hace más de un año, nuestros ríos aún son un gran inodoro a cielo abierto, con fuentes de agua potable en peligro y balnearios inutilizables. Es imprescindible activar un plan integral y concreto que implique a todos los niveles del Estado y la población en general para controlar, reducir y prevenir la contaminación de nuestros ríos, que son el origen de la vida y el asentamiento humano en esta zona. El derecho a gozar de un ambiente sano y agua disponible para las generaciones actuales y venideras así lo exige.


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