“Los senderos de la educación”

Redacción

Por Redacción

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo” (antiguo proverbio chino que se adjudica a Lao Tse, siglo IV a.C.). La educación es el cimiento de una nación y debe ajustarse a las necesidades sociales y culturales de sus habitantes. Por ello es que los requerimientos educativos pueden ser muy diferentes según las particularidades de la población. Algunos educandos querrán ser ingenieros, abogados, médicos; otros músicos, plomeros o carpinteros. No es posible responder a necesidades tan dispares con una sola trayectoria educativa. La oferta educativa tiene que ser tan amplia, flexible y diversa como son las variadas culturas y vocaciones de las personas. La educación rionegrina, en los últimos años, puso énfasis en la inclusión social, es decir que tiene como objetivo lograr que un mayor número de jóvenes se inserten y permanezcan en el sistema educativo. Como decía ya en 1650 el padre de la pedagogía Juan Amós Comenio: “Hay que procurar que todos aquellos que tienen la misión de formar hombres hagan vivir a todos conscientes de esta dignidad y excelencia y dirijan todos sus medios a conseguir el fin de esta sublimidad”. Se promueve así la inserción de los jóvenes en los colegios con el fin primordial de otorgar una educación para todos. Sin embargo, esto sucede con un sistema educativo poco flexible y estructurado, principalmente guiado por el Estado y en gran parte orientado a la formación tradicional académica. Este enfoque no brinda suficiente importancia a otras posibilidades de formación diferentes tales como los oficios, las artes, la comunicación social, la informática, la actividad deportiva, etc. En muchos casos se siguen enseñando con tiza saberes enciclopédicos que escritos en el pizarrón pueden pasar al papel, pero no siempre a la práctica a través de las manos y potenciando la creatividad. A esto se suma que la infraestructura educativa en general es modesta y con escasos insumos pedagógicos disponibles. Aquellos educandos que no se ajustan a esta educación clásica muy teórica y con escasa práctica, porque vienen de familias que tradicionalmente se han dedicado a los oficios, se sentirán extraños en un mundo de conocimientos imaginarios y abstractos que no comprenden plenamente por ser muy distantes a su realidad social y cultural. Es notable que en Bariloche la educación científica y técnica permita que algunos profesionales puedan llegar a la ambiciosa meta de construir satélites a fin de lograr las más altas expectativas tecnológicas de la Nación, mientras que otros ciudadanos, teniendo similares oportunidades de capacitación en las mismas instituciones educativas, públicas y gratuitas, simplemente logran recorrer un camino básico para adquirir en su beneficio capacidades intelectuales elementales relacionadas generalmente a la matemática, escritura y lectura. La educación actual pretende brindar un aporte para mejorar la situación social siendo cada vez más flexible en cuanto a sus exigencias. Así hoy un alumno en una escuela barilochense puede: • recibir calificaciones que no tienen correspondencia plena con su rendimiento y aprendizaje; • promocionar el año escolar adeudando varias materias y con un bajo nivel de conocimientos; • aprobar en pocos días al final del ciclo lectivo y con calificaciones mínimas todas aquellas materias que no haya podido acreditar durante el año; • no concurrir regularmente a clase y aun así gozar de similares derechos que el resto de los estudiantes; • ante cualquier actitud soez, insolente e incluso agresiva, ser tratado con mucha tolerancia; • gozar de derechos sin el debido respeto hacia el prójimo. Esta enseñanza que descuida la disciplina y las obligaciones inherentes al proceso de aprendizaje se aleja cada vez más de la realidad laboral que espera a los jóvenes después de sus estudios. ¿Dónde está la responsabilidad de los adultos en esta educación tan contradictoria? Así se enseñan derechos pero no obligaciones. Se enseña pasividad en vez de empeño y compromiso. Se enseña facilismo en vez de dedicación y esmero. Se enseña a cosechar pero no a cultivar. Es importante considerar que las diferencias sociales y culturales no excluyen ni marginan cuando la educación construye sobre las verdaderas capacidades y vocaciones de las personas. La educación inclusiva exige atender la diversidad cultural con más oportunidades formativas. En ella también le compete asumir responsabilidad al aparato productivo del país, cuyos actores principales deben facilitar capacitaciones y pasantías en sus instalaciones y predios industriales, comerciales, turísticos, de investigación científica, tecnológica, etc., tanto en el ámbito privado y estatal, para luego contar con personal formado para ocupar sus puestos de trabajo. Es importante y fundamental que el joven estudiante pueda adquirir las destrezas teóricas y especialmente también las prácticas correspondientes a una mano de obra bien calificada, y justamente remunerada, allí donde se generan las fuentes laborales y nace el progreso tecnológico del país. Es decir en el mundo de las empresas innovadoras pequeñas y grandes. Es necesaria una educación realmente ajustada a las demandas actuales. La educación en Bariloche tiende a contrastar cada vez más entre establecimientos educativos gratuitos para grupos sociales de menos recursos y otros que exigen calidad en la formación. En los colegios donde acuden mayoritariamente jóvenes de los barrios humildes se observan importantes avances relacionados a la inclusión social, por ello es que son considerados por muchos alumnos como un segundo hogar, dado que allí reciben el afecto y la comprensión humana que necesitan. Sin embargo el apremio de la atención social conlleva frecuentemente a que la calidad educativa basada en la diversidad individual no logre prosperar. Martín Naumann, docente rionegrino Bariloche

Martín Naumann, docente rionegrino Bariloche


“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo” (antiguo proverbio chino que se adjudica a Lao Tse, siglo IV a.C.). La educación es el cimiento de una nación y debe ajustarse a las necesidades sociales y culturales de sus habitantes. Por ello es que los requerimientos educativos pueden ser muy diferentes según las particularidades de la población. Algunos educandos querrán ser ingenieros, abogados, médicos; otros músicos, plomeros o carpinteros. No es posible responder a necesidades tan dispares con una sola trayectoria educativa. La oferta educativa tiene que ser tan amplia, flexible y diversa como son las variadas culturas y vocaciones de las personas. La educación rionegrina, en los últimos años, puso énfasis en la inclusión social, es decir que tiene como objetivo lograr que un mayor número de jóvenes se inserten y permanezcan en el sistema educativo. Como decía ya en 1650 el padre de la pedagogía Juan Amós Comenio: “Hay que procurar que todos aquellos que tienen la misión de formar hombres hagan vivir a todos conscientes de esta dignidad y excelencia y dirijan todos sus medios a conseguir el fin de esta sublimidad”. Se promueve así la inserción de los jóvenes en los colegios con el fin primordial de otorgar una educación para todos. Sin embargo, esto sucede con un sistema educativo poco flexible y estructurado, principalmente guiado por el Estado y en gran parte orientado a la formación tradicional académica. Este enfoque no brinda suficiente importancia a otras posibilidades de formación diferentes tales como los oficios, las artes, la comunicación social, la informática, la actividad deportiva, etc. En muchos casos se siguen enseñando con tiza saberes enciclopédicos que escritos en el pizarrón pueden pasar al papel, pero no siempre a la práctica a través de las manos y potenciando la creatividad. A esto se suma que la infraestructura educativa en general es modesta y con escasos insumos pedagógicos disponibles. Aquellos educandos que no se ajustan a esta educación clásica muy teórica y con escasa práctica, porque vienen de familias que tradicionalmente se han dedicado a los oficios, se sentirán extraños en un mundo de conocimientos imaginarios y abstractos que no comprenden plenamente por ser muy distantes a su realidad social y cultural. Es notable que en Bariloche la educación científica y técnica permita que algunos profesionales puedan llegar a la ambiciosa meta de construir satélites a fin de lograr las más altas expectativas tecnológicas de la Nación, mientras que otros ciudadanos, teniendo similares oportunidades de capacitación en las mismas instituciones educativas, públicas y gratuitas, simplemente logran recorrer un camino básico para adquirir en su beneficio capacidades intelectuales elementales relacionadas generalmente a la matemática, escritura y lectura. La educación actual pretende brindar un aporte para mejorar la situación social siendo cada vez más flexible en cuanto a sus exigencias. Así hoy un alumno en una escuela barilochense puede: • recibir calificaciones que no tienen correspondencia plena con su rendimiento y aprendizaje; • promocionar el año escolar adeudando varias materias y con un bajo nivel de conocimientos; • aprobar en pocos días al final del ciclo lectivo y con calificaciones mínimas todas aquellas materias que no haya podido acreditar durante el año; • no concurrir regularmente a clase y aun así gozar de similares derechos que el resto de los estudiantes; • ante cualquier actitud soez, insolente e incluso agresiva, ser tratado con mucha tolerancia; • gozar de derechos sin el debido respeto hacia el prójimo. Esta enseñanza que descuida la disciplina y las obligaciones inherentes al proceso de aprendizaje se aleja cada vez más de la realidad laboral que espera a los jóvenes después de sus estudios. ¿Dónde está la responsabilidad de los adultos en esta educación tan contradictoria? Así se enseñan derechos pero no obligaciones. Se enseña pasividad en vez de empeño y compromiso. Se enseña facilismo en vez de dedicación y esmero. Se enseña a cosechar pero no a cultivar. Es importante considerar que las diferencias sociales y culturales no excluyen ni marginan cuando la educación construye sobre las verdaderas capacidades y vocaciones de las personas. La educación inclusiva exige atender la diversidad cultural con más oportunidades formativas. En ella también le compete asumir responsabilidad al aparato productivo del país, cuyos actores principales deben facilitar capacitaciones y pasantías en sus instalaciones y predios industriales, comerciales, turísticos, de investigación científica, tecnológica, etc., tanto en el ámbito privado y estatal, para luego contar con personal formado para ocupar sus puestos de trabajo. Es importante y fundamental que el joven estudiante pueda adquirir las destrezas teóricas y especialmente también las prácticas correspondientes a una mano de obra bien calificada, y justamente remunerada, allí donde se generan las fuentes laborales y nace el progreso tecnológico del país. Es decir en el mundo de las empresas innovadoras pequeñas y grandes. Es necesaria una educación realmente ajustada a las demandas actuales. La educación en Bariloche tiende a contrastar cada vez más entre establecimientos educativos gratuitos para grupos sociales de menos recursos y otros que exigen calidad en la formación. En los colegios donde acuden mayoritariamente jóvenes de los barrios humildes se observan importantes avances relacionados a la inclusión social, por ello es que son considerados por muchos alumnos como un segundo hogar, dado que allí reciben el afecto y la comprensión humana que necesitan. Sin embargo el apremio de la atención social conlleva frecuentemente a que la calidad educativa basada en la diversidad individual no logre prosperar. Martín Naumann, docente rionegrino Bariloche

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