Los yerros de la política deprimen las expectativas

La opinión pública asiste a los desvaríos de una dirigencia sin rumbo, y la mirada de los agentes en relación al futuro próximo de la economía se vuelve más pesimista, en medio del calendario electoral.

Los devenires que arroja a diario la política argentina, bien podrían clasificarse como capítulos bizarros de alguna de las surrealistas series que pueden encontrarse en las plataformas de streeming. La sucesión de hechos políticos que tuvo lugar esta semana tiene escaso parangón en épocas recientes. Los mismos guardan estrecha relación con la percepción de los agentes económicos y la formación de expectativas. “Voy a tratar por todos los medios que este Gobierno no pueda seguir, porque no tiene la capacidad para hacerlo”, manifestó el pasado lunes Eduardo Duhalde. Fuertes palabras en boca de un ex Presidente democrático.

El martes, Afip anunció una re categorización compulsiva para monotributistas desde el mes de enero, y el cobro retroactivo de las diferencias entre enero y junio. La medida encontraba sustento en la Ley 27.618 sancionada en el mes de abril la cual habilitaba al organismo a re categorizar desde enero, pero carecía absolutamente de lógica jurídica y económica, penando con morosidad e intereses a contribuyentes que tenían sus cuentas al día. Dos días más tarde, el propio Presidente Alberto Fernández se vio obligado a convocar al Ministro de Economía Martín Guzmán y al Presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa, a fin de idear un nuevo proyecto de ley que subsane el error, deje sin efecto la re categorización retroactiva, y procure una nueva con énfasis “progresivo” desde el mes de julio.

El día miércoles, el gerente general de Pfizer en Argentina expuso frente a los diputados, a fin de explicar los pormenores del fallido contrato con la Argentina. El representante del laboratorio dejó en claro que la empresa no recibió ningún tipo de pedido de coimas o “retornos”, y que la ley sancionada por el Congreso de la Nación Argentina es incompatible con lo que solicita la empresa a fin de firmar el contrato de aprovisionamiento de vacunas. La polémica gira en torno a la palabra “negligencia” incluida en el texto de la ley, sin que los legisladores oficialistas ni opositores, advirtieran acerca de sus posibles implicancias contractuales.

Tras la aclaración de Pfizer, el diputado radical Mario Negri redactó indignado un elocuente tweet en el que expresa: “Nicolás Vaquer -gerente de Pfizer- dijo que la ley no es compatible con lo que la empresa solicita. El dato llamativo es que dijo que NO fueron convocados por el Gobierno a participar de la confección de la ley”. Toda una definición de concepción política: el imperativo a que una corporación extranjera con intereses económicos en el país, participe de forma directa en la redacción de una ley. Desvaríos que solo pueden comprenderse como propios de una oposición sin norte alguno.

Irresponsable. El ex Presidente Duhalde dijo que “hará lo posible por que este gobierno no siga”.


El día jueves arrojó quizá el capítulo más bizarro de la política en mucho tiempo. En ocasión de la visita del Presidente de España, Pedro Sánchez, el Presidente Alberto Fernández intentó congraciarse con su par ibérico confesándose como “europeista” a lo que agregó: “Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos. Eran barcos que venían de Europa”.

Por diferentes motivos la frase fue verdaderamente desafortunada. Primero porque no pertenece a Octavio Paz, sino que es parte de la letra de una canción de Litto Nebbia. Segundo porque es fácticamente inexacta en cuanto al origen de los pueblos mencionados. Tercero por el daño innecesario a la relación bilateral con países de la región, que en los hechos son dos de los principales socios comerciales y económicos de la Argentina. Cuarto porque la definición de “europeísta” se contrapone con la mirada autóctona, progresista y de construcción de una “patria grande latinoamericana” que el espacio político oficialista ha declamado siempre desde sus orígenes.

El viernes no fue la excepción. El Presidente Alberto Fernández felicitó al candidato a Presidente de Perú Pedro Castillo, antes que la justicia electoral de dicho país lo hubiese ungido formalmente como el ganador. El saludo valió una nota de protesta del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, entregada al embajador argentino en tierras incaicas.


Llamativas similitudes


La secuencia de yerros políticos pueden ser signos de agotamiento, el estrés lógico de una gestión desarticulada, o simplemente incapacidad a la hora de comunicar.

Todos ellos no obstante, confluyen para confirmar una sensación generalizada de hastío social, que se traduce más tarde en un daño irreparable en las expectativas económicas.

Por diferentes motivos, la gestión de Alberto Fernández comienza a cometer ciertos errores muy similares a los de su antecesor, Mauricio Macri, que supo hacer gala de la torpeza discursiva a lo largo de sus cuatro años en el poder.

Llama la atención la ausencia de un equipo que asesore al gobierno en relación a la forma de comunicar si se considera que la manera en que se dan a conocer las medidas de gobierno, es determinante en relación a la recepción y acatamiento de las mismas por parte de los agentes económicos.

Sin embargo el tropiezo comunicacional no solo guarda relación con las formas. Tiene además raíces en la ausencia de un relato propio. El gobierno no ha logrado aún construir una épica de gestión que le permita mostrar un rumbo claro en materia económica. Quedó claro en el efecto casi nulo que generó en términos de expectativas el enorme éxito de la re estructuración de deuda con los bonistas privados en 2020, la cual no fue capitalizada en el discurso oficial con un calibre similar al de la importancia que la misma tuvo en términos económicos.

Las marchas y contramarchas en relación a medidas puntuales, son otra piedra en el zapato a nivel expectativas. Sucedió el año pasado cuando se anunció la expropiación de Vicentín. Sucedió este año desde el mes de abril con las medidas de restricción a la circulación y la actividad económica a raíz del Covid. Vuelve a suceder esta semana con la imposición retroactiva a los monotributistas. En todos los casos, el ímpetu por avanzar en la implementación de las medidas en base a la convicción de un rumbo, choca de frente con la recepción de la opinión pública, y genera la necesidad de retroceder sobre sus propios pasos. En el aire, sobrevuela la idea de que las convicciones tambalean.

La rémora de los días en que la gestión Macri daba marcha y contra marcha con los tarifazos, la reforma del Impuesto a las Ganancias, el pacto fiscal, o el nombramiento de jueces por decreto, es inevitable.

Casi 4 de cada 10 argentinos se siente inquieto por problemas económicos. Un 24,9% de las personas indica que la inflación es su principal carga, mientras que un 14,5% contesta que lo que más lo preocupa es el desempleo.


Expectativas golpeadas


Tres estudios de opinión publicados esta semana por respectivas consultoras privadas, dan cuenta del daño vigente en las expectativas de los agentes económicos. La mayoría de los encuestados son pesimistas en relación al futuro económico, y señalan las dificultades del gobierno en cuanto al rumbo de la gestión.

El relevamiento dado a conocer por D’alessio Irol en base a 1.164 casos a nivel nacional durante el mes de mayo, señala que para el 61% de los encuestados el decreto de restricciones que venció el pasado viernes, no habrá generado el resultado esperado en relación a la reducción en la cantidad de contagios. Agrega además que el 55% de las personas considera que el fracaso de las medidas de restricción radica en que las personas ya no respetan las medidas de cuidado.


Un segundo estudio publicado por la consultora Zúban Córdoba y Asociados sobre 1.200 casos analizados en la primera semana de junio en todo el país, arroja algo más de luz sobre la precepción social en relación al rumbo económico, a la capacidad del gobierno para la implementación de las medidas y a la forma en que las mismas se comunican. El relevamiento registró que el 67,4% de los encuestados opina que el gobierno no sabe cómo manejar la economía. Señala además que un 60,4% de las personas cree que la gestión Fernández comunica mal las acciones de gobierno. En este sentido los consultados resaltan la poca claridad de la información, la falta de transparencia, y la escases de empatía de parte de los funcionarios al momento de comunicar. El informe agrega que la imagen positiva del Presidente cayó 6,8% desde el mes de enero, mientras que la imagen negativa subió 10% en el primer semestre del año.


El último estudio fue publicado por la consultora Analogías, en base a 2.964 casos en todo el país durante la última semana de mayo. El informe hace especial énfasis en las expectativas económicas de cara al futuro, y señala que un 33,4% opina que la situación será mejor en 2022, mientras que un 61,6% de los encuestados cree que la situación económica será peor el año próximo. Entre los optimistas un 8,9% cree que la situación será “mucho mejor” en 2022, un 15,7% cree que será “mejor” y un 8,8% cree que será “igual de buena que este año. Entre los pesimistas un 19,2% opina que la situación será “igual de mala que este año”, un 20,8% cree que será “peor” y un 21,6% que será “mucho peor”.

Otro apartado del estudio de Analogías indaga acerca de las principales preocupaciones de los argentinos durante la segunda ola de Covid. Llamativamente, las preocupaciones económicas superan largamente a las sanitarias.

Casi 4 de cada 10 consultados se siente inquieto por problemas económicos. Un 24,9% de las personas indica que la inflación es su principal carga, mientras que un 14,5% contesta que lo que más lo preocupa es el desempleo. En contraposición, un 19,7% dice que su máxima preocupación es el colapso del sistema de salud y un 14,7% que aquello que le preocupa es la posibilidad de contagiarse el virus. Por su parte, la inquietud en relación a la posibilidad de que se pierda el año escolar, queda sensiblemente relegada a solo un 8,6% de los encuestados.


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