Lucha testimonial

Por Redacción

Las huelgas obreras y las grandes manifestaciones de protesta callejeras, como las que están celebrándose con frecuencia en España, Italia y otros países de la Unión Europea, se inspiran en la convicción de que los gobernantes o un puñado de plutócratas disponen de recursos financieros cuantiosos y que por lo tanto, si las presiones populares son lo bastante fuertes, se sentirán obligados a repartirlos entre los necesitados. Por desgracia, en el caso de España y de otros países europeos sólo se trata de una ilusión. El drama español se debe precisamente al hecho lamentable de que no hay dinero suficiente. Por lo demás, si los gobiernos optaran por privilegiar los gastos sociales, el estado de la economía se deterioraría aún más en un lapso muy breve. También resultaría contraproducente la estatización del sistema bancario, una solución que, por motivos comprensibles, atrae a los indignados por los ingresos abultados de banqueros considerados responsables del desaguisado; en la actualidad, uno de los principales problemas de la Eurozona consiste en la propensión de los habitantes de los países del sur a trasladar sus ahorros a lugares que creen más seguros. Acaso la única forma de salir, aunque sólo fuera parcialmente, de la situación en que se encuentran España, Italia, Grecia y Portugal consistiría en resucitar las viejas monedas nacionales, pero la mayoría de los que protestan contra los ajustes severísimos que procuran instrumentar los gobiernos de dichos países no quiere abandonar la Eurozona. En buena parte del mundo las luchas de este tipo son tradicionales. Nos hemos acostumbrado tanto al espectáculo brindado por obreros que, merced a su voluntad de hacer frente a explotadores, consiguen mejoras sustanciales que en última instancia benefician a todos, incluyendo a los empresarios, que es natural simpatizar con quienes están gritando eslóganes contra medidas que para muchos significarán años de pobreza. Así y todo, hay que preguntarse: ¿qué sucedería si el gobierno de Mariano Rajoy y sus homólogos de otros países en apuros se sintieran tan conmovidos por los costos sociales de los ajustes que decidieran dar marcha atrás para continuar gastando como antes? La respuesta parece evidente: el alivio, que duraría muy poco, se vería seguido por una crisis caótica al caer en bancarrota los países de la periferia sureña de Europa. ¿Sería otro el resultado si Alemania y sus socios solventes decidieran dar a los demás miembros de la Eurozona lo que necesitarían para no tener que ajustar el sector público? A lo sumo sería cuestión de un alivio pasajero puesto que, como la canciller Angela Merkel ha señalado en diversas ocasiones, los recursos financieros alemanes distan de ser inagotables y, de cualquier modo, no tiene la menor intención de permitir que el dinero de sus compatriotas sirva para subsidiar sectores políticos extranjeros que a su entender están sobredimensionados. Aunque habrá alternativas a la estrategia que han adoptado los gobiernos del sur europeo, todas las concebibles supondrían costos sociales importantes. Es fácil decir que la austeridad es contraproducente porque frena el crecimiento, pero cuando escasean los fondos es imposible impulsar la economía con los “paquetes de estímulo fiscal” que ya son rutinarios en países superavitarios como China o en los que pueden imprimir más dinero, como Estados Unidos y Gran Bretaña, privilegio éste que no tienen los miembros de la Eurozona. Asimismo, en los países anglosajones los frutos de tales “paquetes” han sido decepcionantes, lo que hace pensar que será mucho más difícil de lo que algunos optimistas parecen creer poner fin a la crisis económica que afecta al mundo desarrollado, por tratarse de la consecuencia de deficiencias estructurales muy profundas. Mientras los gobiernos de Estados Unidos y los países de Europa pudieron continuar endeudándose, prefirieron minimizar el peligro planteado al sistema por el aumento vertiginoso de derechos adquiridos, entre ellos los supuestos por esquemas previsionales generosos, que tarde o temprano les sería preciso procurar honrar, pero desde que “los mercados” llegaron a la conclusión de que no les convendría continuar prestándoles dinero a tasas de interés reducidas, tienen forzosamente que intentar limitar sus gastos.


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