Mal del segundo plano

Redacción

Por Redacción

la peña

jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar

Hemos hablado tanto de lo que le cuesta al folclore instalar un exponente, de la necesidad de fomentar más esta expresión cultural propia, que suena reiterativo. Sin embargo, nada es demasiado cuando justamente hablamos de cultura, de nuestra música por excelencia. Nada más propio de un pueblo que su cultura, su música, su identidad. Y no voy a entrar en el debate eterno e interminable sobre cuál es el género más popular o el que más nos identifica. El folclore es nuestra música de raíz, y como tal, si no somos nosotros los que la fomentamos, pasará a un segundo plano mucho peor que el actual. Las escuelas, las universidades, la casa, son los ámbitos donde hay que poner el acento para que se instale la cultura del folclore. Conocerlo, saber de qué se trata, escucharlo, elegir, difundir, son tareas que cada uno, desde su posición puede llevar adelante. Y la realidad parece ser bastante parecida en distintos puntos del país, porque este mal del segundo plano le toca al folclore tradicional, al que viene buscando espacio, al litoral, al chamamé, a la tonada. Está siempre latente esa sensación de que nunca termina de levantar vuelo, que al folclore le cuesta el doble llegar a donde otros géneros llegan más rápido. Un diario entrerriano, más precisamente “El Argentino” de Gualeguaychú, publicó una nota días atrás donde textualmente dice que “el folclore, especialmente el entrerriano, necesita de una mayor difusión. Llamativo fue lo ocurrido con la plaza del festival de Cosquín, donde ha prevalecido el maltrato y la discriminación a las delegaciones entrerrianas junto con una gran cuota de no hacer las cosas a tiempo”. Sostiene el diario mencionado que “se sabe que para el próximo año, la provincia volverá con una delegación de artistas con el objetivo de recuperar esa plaza. Prueba de la permanente discriminación que han padecido los folcloristas entrerrianos es que artistas de la talla de Linares Cardoso nunca fueron invitados a ese escenario mayor del folclore argentino”. Agrega que “los artistas entrerrianos han encontrado algunos escenarios importantes para su proyección y reconocimiento. Es el caso, tan sólo a manera de ejemplo, de Liliana Herrero, quien este año recibió un merecido homenaje en el Senado de la Nación o el de Héctor “Negro” Aguirre, que en estos momentos se encuentra preparando un viaje a Japón o el de Jorge Méndez que actuó en la Fiesta del Bicentenario”. Y aquí lo más interesante, casi un calco de lo que tantas veces dijimos que pasa en el resto de la Argentina con el folclore. Este diario dice que “el folclore como tal no tiene grandes espacios de difusión a nivel nacional o en todo caso, el país necesita de una difusión mucho más generosa. En este aspecto, el Estado tiene un rol importante, lo mismo que los medios de comunicación social, dado que en la difusión también está el reconocimiento”. Muchas veces abordamos este tema y coincidimos en que no es que el folclore esté de capa caída o que no tenga exponentes valiosos, es que no ha logrado dar el gran salto e instalarse en la vidriera grande de la música, por múltiples razones, pero lo cierto es que no se instaló como a muchos nos gustaría. Hay intérpretes y autores para todos los gustos, los hay más populares y los hay más románticos, están aquellos que ven el folclore desde otra óptica, y no faltan los que encabezan una nueva tendencia ni los que rescatan a los viejos exponentes. Sin embargo, por ninguno de los caminos se logró llegar a un sitio donde el género esté seguro, donde haya trabajo, muchas presentaciones y cientos de festivales. No encontraron el camino, en varias décadas, que permita que el folclore esté en todos lados.


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