“Mala educación de alto vuelo”

Por Redacción

En noviembre del año pasado me acerqué al club de Planeadores Neuquén con la intención de iniciar el curso de piloto en dichas aeronaves. Con el devenir de los días no me sentí cómodo con su didáctica, con la organización de las actividades, trato interpersonal y, en especial, con el tema del mantenimiento de su parque de aeronaves, cuyo promedio de vida es de 40 años. Sobre este punto puse especial interés ante la aparición de novedades en una de las aeronaves de la instrucción que, a mi juicio (neófito pero informado), no fueron debidamente atendidas. Me invadió una sensación de impotencia y temor atizado con el accidente fatal ocurrido en la segunda quincena de enero próximo pasado al estrellarse un aparato similar en el club de planeadores de Punta Alta, donde perdieron la vida sus dos ocupantes . Para despejar mis dudas las comenté, en forma personal y reservada, al presidente de la entidad, quien, si bien comprendió mis interrogantes, desestimó mi preocupación, aduciendo que la certificación técnica de las aeronaves se encontraba al día. Comprendí que la institución mantiene un status quo conservador y jerárquico en sus relaciones interpersonales que no contempla la discusión colectiva de ciertos temas, por lo que, luego de tomarme un tiempo en observar, escuchar y considerar con atención cómo se desenvolvían las cosas en el club, decidí cambiar de institución de vuelo. Esto lo comuniqué en privado a su responsable máximo, conociendo de su boca que la mía no era la única deserción sufrida por la institución en lo que va del año, debido a problemas de trato y comunicación. Ya desvinculado del club, días atrás, y luego de solicitar reiteradamente que mi nombre fuera borrado de la lista de correos colectivos con que se comunica su treintena de socios, recibí por el mismo medio la contestación escrita de uno de los integrantes de su comisión directiva, en la que lisa y llanamente me injurió con improperios más naturales en un barrabrava futbolero que en un piloto experimentado, del que se espera, por lo menos, una mínima cuota de urbanidad, honestidad y educación. Ratificando con su conducta algunas dudas respecto al grado de responsabilidad con que se maneja la cosa dentro de la institución. En lo que va del año en nuestro país se han producido cuatro accidentes mortales en aeronaves civiles y un aparato militar, que le costó la vida a 11 personas. En todos los casos existen fuertes sospechas de haber carecido de un correcto mantenimiento técnico. Sería conveniente que quien se acerque a estos clubes mantenga en alerta este tema y el trato humano dispensado a quienes, más allá de su interés en volar, se preocupan por su seguridad y la de terceros. Materia desaprobada, a la injuria me remito, con creces en el referido club de vuelo local. No conozco ninguna institución que funcione, y crezca, a fuerza de insultar a sus socios. En nuestra Argentina, la sola firma de un “mecánico” no significa nada a vistas de la impunidad con que éstas desaparecen ante la primera tragedia. Habría que certificar si las células de las aeronaves son revisadas periódicamente con magna flux o radex, por citar sólo dos de los dispositivos más seguros (aunque onerosos) con que cuenta el país para garantizar la seguridad de vuelo. Aunque ejercer el derecho de indagar sea tan mal visto (y castigado) por dirigentes y pilotos cuyas conductas son imposibles de comprender. Sergio Giardino DNI 12.345.445 Neuquén

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