Malamud: “El peligro es caer en la anarquía más que en la tiranía”

En diálogo con Río Negro, el politólogo afirma que al alejarse del centro, “Alberto Fernández pierde su mérito”. Los riesgos del aumento de la tensión entre el gobierno y la oposición.





Andrés Malamud, politólogo e investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.

Andrés Malamud, politólogo e investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.

En las últimas semanas, creció fuerte la disputa política entre el gobierno nacional y la oposición. El presidente Alberto Fernández se endureció tanto en el discurso (la “herencia recibida” ya es tema central de todas sus apariciones) como en los hechos, con la decisión unilateral de recortarle fondos de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires, que gobierna Horacio Rodríguez Larreta (PRO). Para los “moderados” de JxC, la jugada fue la derrota total del diálogo. Tras el avance de la reforma judicial en el Senado, la coalición opositora se plantó en el Congreso y buscó frenar el funcionamiento de ambas cámaras yendo a la Justicia. Los enfrentamientos son cada vez más duros.

En diálogo con Río Negro, el politólogo e investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, Andrés Malamud, advirtió sobre la peligrosa suma de tensiones.  

P: ¿A qué atribuye el aumento de tensión constante entre gobierno y oposición?
R: A dos razones. La primera es el fracaso de una política originalmente exitosa, que es la cuarentena. Siempre se supo, excepto para el gobierno, que la cuarentena tenía rendimientos decrecientes, que rendía bien al principio e iba rindiendo cada vez menos hasta que se tornaba contraproducente. El gobierno pensó que la podía mantener indeterminadamente sin complementarla. Y la segunda razón es la económica: a pesar de la exitosa renegociación de la deuda, la economía se hunde cada vez más. Entonces, los argentinos perciben el deterioro económico y el rendimiento decreciente de la cuarentena y a eso se suma la inseguridad, que no necesariamente se le adjudica al gobierno, pero que aparece como primera preocupación.

P: Entonces, mal en salud, mal en economía, al gobierno de Fernández no le queda otra reacción que endurecer el discurso.
R:Bueno, podría intentar resolver los problemas. Pero mientras los problemas no se resuelven, trata de ganar tiempo y retomar iniciativa política a partir del endurecimiento político. En parte porque eso le permite cerrar el frente interno. Unificar las posiciones entre los duros y los moderados dentro del gobierno. Si no tienen éxito las políticas, por lo menos se galvaniza lo que les permite mantenerse en el poder hasta que, piensan ellos, las medidas den resultado.

P: En esta unificación entre duros y moderados parece que el peso fue al lado de los duros. ¿No es un error para Fernández abandonar el centro, que es en algún sentido lo que supuestamente aportaba su nombre a la coalición?
R: Así es, el mérito de él es que lograba hacer equilibrio entre sectores diversos. Al identificarse con un sector pierde su mérito, su talento, su valor agregado, que era la capacidad de equilibrar a Cristina, con los gobernadores, con Sergio Massa. Y en esto no pierde solamente Fernández, pierden también los gobernadores y Massa. Ahora se tienen que bancar cosas como por ejemplo lo de Vicentin, que en Santa Fe Omar Perotti hubiera preferido no tener que afrontar, o lo de Schiaretti, que fue el único gobernador peronista que no firmó el apoyo al gobierno cuando le sacó la coparticipación a la Capital.

“La falta de identidad política del albertismo se debe a que fracasan en la gestión, no a que Cristina tiene más muñeca política”.

Andrés Malamud

P: El peronismo “territorial”.
R: Exactamente. Son tres peronismos los que pactan para volver al poder: el kirchnerismo; el peronismo territorial y popular de los gobernadores, y el massismo, que tenía sobre todo el norte del Gran Buenos Aires. Y ahora están todos asimilados a Cristina, no es sólo Alberto. Y esto es importante: no es porque Cristina se imponga, es porque ellos demostraron tener incapacidad propia.

P: De la interna de la coalición se habla desde el inicio. ¿Pero se puede hablar de interna dentro del del gabinete de Fernández? A Martín Guzmán se lo vio debilitado en la presentación del Presupuesto, y eso que viene de resolver la cuestión de la deuda.
R: La impresión que da es que los problemas dentro del Gabinete no son las disputas políticas, sino los problemas de incompetencia técnica. Hay ministros que no cumplen con su función. Te lo dicen los intendentes mismos del peronismo. Es un problema de gestión en el que tiene este gobierno, la falta de identidad política del albertismo se debe a que fracasan en la gestión, no a que Cristina se los come porque tiene más muñeca política. La gran medida de Losardo, Beliz y Vilma Ibarra fue la reforma judicial, que empezó de forma confusa, mal negociada y con un gesto del Fernández a su vicepresidenta, que ella no había pedido y que le sale por la culata, que es el nombramiento de su abogado personal en una comisión para reformar la Corte Suprema. Termina ensuciando la comisión, a Alberto y a Cristina.

P: ¿Qué lectura hace de las marchas que se repiten todos los meses. ¿Algo a lo que prestarle atención, o coyuntural y no demasiado representativo?
R: Es algo a lo que hay que prestarle atención, porque la política en América Latina estaba en la calle antes de la pandemia. En este momento está en cuarentena, pero la rabia está hirviendo adentro de casa y cuando salga de casa va a encontrar más pobreza que antes. Lo que es previsible es que lo que estábamos viendo hasta diciembre del año pasado se reproduzca más intensamente. Hay que prestarle mucha atención, no es algo que va a pasar, es algo que se va a profundizar. Pasaba en Chile, el Presidente tenía 6% de popularidad, en Ecuador el presidente había tenido que cambiar de ciudad porque en Quito no podía gobernar, en Bolivia lo habían destituido y estaban empezando en Colombia con mucha fuerza.

P: ¿Cómo ve la estrategia de Juntos por el Cambio para regresar al poder? Por momentos parece un equilibrio de moderados y duros, por momentos no.
R: Es exactamente lo mismo en el espejo a lo que hace el gobierno. No hay una estrategia, había dos: la de los duros, que era amenazar, y la de los moderados que era dialogar. Lo mismo en el gobierno. En ambos lados ganaron los duros, en parte por la dinámica política y en parte porque el endurecimiento de un lado favorece el endurecimiento del otro. Eso supone que 2021 sea una elección entre los duros, y que los moderados prevalezcan en el 2023. Alberto, al acercarse a Cristina, lo deja a Larreta sin más margen que acercarse a Patricia Bullrich.

P: ¿Todo este juego que se está dando no es muy peligroso en medio de semejante crisis, en un momento donde lo que se necesita es confianza centralmente?
R: Es peligroso, pero lo importante es identificar cuál es el peligro: apareció Duhalde diciendo que iba a haber un golpe militar. Ese no es el peligro en Argentina: en Argentina el peligro es más la anarquía que la tiranía. Y tenemos el antecedente del 2001: cuando la gente se enoja, rompe todo y piden que se vayan todos. Y no hay fuerzas armadas capaces de tomar el poder, no es viable un golpe militar. Lo que si es viable es una anomia, que lo que expresaría es a nivel de gobierno lo que vemos a nivel de pandemia: cada municipio, cada provincia, terraplena sus bordes, impide el acceso y el país se corta. El peligro no es el autoritarismo, es la disgregación, la incapacidad de ejercer el poder en todo el territorio.

P: Fuerza militar capaz de encausar una situación así no hay… ¿una fuerza política?
R: La paradoja es que la fuerza política que siempre encausó los conflictos y demostró muñeca, que siempre prometió gobernabilidad, fue el peronismo. Y lo que estamos viendo hoy es que al peronismo se le están yendo de las manos las riendas del poder. Y qué ironía: mucha gente pedía un gobierno con honestidad radical y eficacia peronista, y hoy parece que llegó el resultado invertido.


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