Marlango, el lado luminoso de la vida

Y apuestan por “celebrar e intentar mejorar”, más allá de las crisis.

Por Redacción

A unos veinte días de haber estado en Argentina presentando la película “Una pistola en cada mano” del director barcelonés Cesc Gay, donde actuó con Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia, Leonor Watling volvió con su banda Marlango –junto al pianista Alejandro Pelayo, esta vez– para terminar de promover “Un día extraordinario”, quinto disco de estudio de la banda española y primero en el que todos los temas son en castellano, ya que para los anteriores siempre escribió sus letras en inglés. El sencillo primero del compacto, “Dame la razón”, en una irresistible canción en la que se lucen la voz de Leonor, el piano de Alejandro, la trompeta de Óscar Ybarra junto a las guitarras, vibráfono, batería, banjo, dobro y contrabajo del combo que allí complementa al trío básico. Un trabajo luminoso en el que han continuado evolucionando en su sonido y en la construcción artesanal de sus temas. Leonor y Alejandro compartieron una charla con “Río Negro” en el solárium del hotel que los alberga en la capital de nuestro país. “Uno no puede aislarse de lo que pasa alrededor y tampoco puede separar lo que es, de lo que hace en nuestro oficio.” Comienza respondiendo Pelayo, mientras Watling lo observa atenta y serena. “Nosotros nunca terminamos la jornada laboral porque no tenemos un trabajo, nos dedicamos a algo lo que somos. Y somos por lo que nos rodea, que últimamente es duro. No voy a decir que eso sea bueno, pero sí un caldo de cultivo muy propicio para nuestro oficio, mucho más que para los músicos que viven en playas paradisíacas sin conflicto social alrededor, ni problemas económicos, ni alguna tragedia cerca. Decidimos titular adrede “Un día extraordinario” al disco que termina su vida en el concierto de Buenos Aires, por esa sensación de recordarnos a ambos que nos dedicamos a algo extraordinario. Lo que nos rodea y muchas de las cosas que están pasando son terribles, pero debemos separar muy claramente lo que es excepcional de nuestras vidas, de la rutina. No hay un día que comenzamos a componer una canción y otro que la terminamos porque cada vez que la tocamos en directo, aparece algo que nos da una pista para esa o para otra obra. La razón por la que hacemos esto es mucho más grande que nosotros. Es nuestra vida, nuestra manera de celebrar que estamos bien, de intentar mejorar cuando estamos mal. Como los coleccionistas que no pueden dejar de procurar el sello que les falta. –También es una forma que rescata de este mundo alienado, agresivo, presionado económicamente… –Sí. Hace un año, cuando sacamos el disco, nos preguntaban: “Con la que está cayendo, cómo podéis titularlo ‘Un día extraordinario’?”. Precisamente porque hay que hacer un esfuerzo de más para que los días sean así. No podemos aceptar que una señora muy poco agraciada del norte de Europa, nos amargue un martes cualquiera. Yo, además, tengo muchas cosas en ese día, para mí extraordinarias. Cuestiones personales, con mi hijo y tal… Entonces me da igual la prima de riesgo, la situación de la banca. No soy ajeno a ello, pero sí hay un territorio estrictamente íntimo, privado, que protejo con mis herramientas, con mis canciones. Leonor continúa la idea: “Me gusta mucho la historia, me ayuda, me saca de la inmediatez, de la angustia al abrir el periódico por la mañana… A la vez pone triste porque ves que siempre es igual. Podemos parecer de puro egoísmo por curarnos a nosotros, por disfrutar y celebrar las cosas con algo que hasta que no lo escucha alguien, no se acaba. No basta con que escribamos una canción y la dejemos ahí… Cuando otro la oye, cambia, tienes ganas de decir otra cosa. Y en eso nos pasamos la vida de un modo hermosísimo. –Hablaste de soñar, Alejandro, y en estos tiempos también redime plantearnos utopías, sueños que no parecen posibles hoy pero lo serán y mientras tanto nos dan fuerza, nos sostienen. –Aunque sólo sea por oposición a la gran mayoría de las palabras que se escuchan a lo largo del día. No sé aquí, pero en los últimos dos, tres años en Europa, todo gira alrededor de tener los pies en la tierra. Y hemos escuchado frases como: “Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”. Y a mí se me ocurre que hay que soñar, tal como dices. Si todo va de tener los pies en la tierra y estamos de mierda hasta el cuello, perdón por la palabra, hay que salir de ahí. El Fondo Monetario Internacional ha dicho que vamos a peor, pero que sigamos así. Cuando leía eso en el periódico, pensaba: ¡es esquizofrénico! Los que nos gobiernan son unos ladrones y sufren esquizofrenia, entonces démonos a la bebida y ya! Nosotros nos dedicamos a escribir canciones y si no soñamos, qué queda para los demás. Debemos ser conscientes de la importancia de nuestro trabajo y de lo que puede provocar en gente que no conocemos. En diez años, lo más importante que hemos aprendido no es a mejorar las canciones, sino a no saber qué decir cuando alguien nos cuenta que utiliza lo que hemos escrito, usa la música que hemos hecho. Eso es de una responsabilidad mayúscula que tardas mucho rato en asumir”. Leonor: “Si tienes la suerte de dedicarte a lo que gusta, lo haces con todo el mimo que puedes. No es un trabajo que hagamos pensando en otra cosa. Para nosotros es un lujo. Subir a un escenario, diez años después, sigue siendo un regalo. Y rodar un vídeo también. Tal y como está el mundo, es difícil que te den el dinero para hacerlo. Hay que disfrutarlo, no pasar por arriba. Vamos a exprimir cada oportunidad que tengamos.

Eduardo Rouillet


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