“Me devolvieron las ganas de vivir”
Varias son las veces que me senté a escribir esta carta, buscando la manera de comenzar y tratando de poner en palabras lo que hemos vivido. Mi nombre es Juan Villarreal, papá de Ludmila Gisela Villarreal, y esta es nuestra historia: “Tu señora tuvo un pico de aclancia y tenemos que hacer nacer a tu hija. No tengas esperanzas, tiene el 2% de probabilidades de vida”, fueron las palabras de un doctor que no conozco y ruego no conocer jamás. Ludmila nació con seis meses de gestación (25 semanas para ser preciso) y pesó 720 gramos (si, leyeron bien, 720 gramos) el 8 de marzo en neonatología del Sanatorio Río Negro de Cipolletti –por ellos es que escribo este mensaje–. 72 días duró la pelea de mi hija en el sanatorio para hoy poder tenerla en casa totalmente sana y creciendo día a día. ¡Gracias sanatorio! Sé que debería nombrarlos uno a uno, pero no alcanzaría el diario. Las chicas de recepción, cara visible de la institución, los enfermeros de guardia, los guardias, las chicas de limpieza, a toda Terapia Intensiva, sin dejar de nombrar a las enfermeras de Neo y los doctores a cargo de salvarle la vida a nuestro futuro. Hermosas personas, de corazón gigante, profesionales de la vida. Fui testigo de la humildad y grandeza, de sus sacrificios por salvarle la vida a mi hija. Por la paciencia de verme parado en ese largo pasillo tantas veces y dejarme verla, por ese calor humano que no se consigue con la tecnología del nosocomio, sino con la calidad del corazón. Me devolvieron las ganas de vivir, dándome a mi hija a upa, sana y fuerte, después de pelear contra todo lo malo que nos pasó. Por todo eso y más (historia que me guardo con los mejores recuerdos) les digo gracias, que la vida y Dios les dé el doble de lo que nos han brindado a nosotros. Gracias a vos, Gisela Soledad Cea, mi eterna compañera, que diste tu vida por la de tu hija. Estoy orgulloso de vos y fue un amor conocerte. Vivo por el tesoro que me dejaste, y, como te dije aquel día, el resto de la historia es nuestro. Gracias a mi familia, a mis viejos, hermanos, amigos, mis suegros y a sus familias, pilares fundamentales para que yo no caiga, para seguir luchando, para levantarme sin importar cómo. Gracias al hotel Polans y a su familia, al quiosquero, a la señora que iba a curarse y tomaba mates conmigo y me abrazaba todos los días. También a la Municipalidad de Cinco Saltos, compañeros de trabajo y señora intendente por su comportamiento conmigo y por cómo me cuidaron y acompañaron en todo momento. Y fundamentalmente gracias a vos, Ludmila, por enseñarme a vivir, a tener paciencia y mucha fe. Por mostrarme el camino a la luz, por no dejarme caer, por darme tu mano y elegirme para toda la vida. Te amo con cada pedacito de alma, la cual la vida quebró y vos volviste a unir. Gracias a todos. Y, por favor, vivan la vida, esa que sólo le sonríe a quien persigue sus sueños. Juan José Villarreal DNI 34.221.441 Cinco Saltos
Juan José Villarreal DNI 34.221.441 Cinco Saltos
Varias son las veces que me senté a escribir esta carta, buscando la manera de comenzar y tratando de poner en palabras lo que hemos vivido. Mi nombre es Juan Villarreal, papá de Ludmila Gisela Villarreal, y esta es nuestra historia: “Tu señora tuvo un pico de aclancia y tenemos que hacer nacer a tu hija. No tengas esperanzas, tiene el 2% de probabilidades de vida”, fueron las palabras de un doctor que no conozco y ruego no conocer jamás. Ludmila nació con seis meses de gestación (25 semanas para ser preciso) y pesó 720 gramos (si, leyeron bien, 720 gramos) el 8 de marzo en neonatología del Sanatorio Río Negro de Cipolletti –por ellos es que escribo este mensaje–. 72 días duró la pelea de mi hija en el sanatorio para hoy poder tenerla en casa totalmente sana y creciendo día a día. ¡Gracias sanatorio! Sé que debería nombrarlos uno a uno, pero no alcanzaría el diario. Las chicas de recepción, cara visible de la institución, los enfermeros de guardia, los guardias, las chicas de limpieza, a toda Terapia Intensiva, sin dejar de nombrar a las enfermeras de Neo y los doctores a cargo de salvarle la vida a nuestro futuro. Hermosas personas, de corazón gigante, profesionales de la vida. Fui testigo de la humildad y grandeza, de sus sacrificios por salvarle la vida a mi hija. Por la paciencia de verme parado en ese largo pasillo tantas veces y dejarme verla, por ese calor humano que no se consigue con la tecnología del nosocomio, sino con la calidad del corazón. Me devolvieron las ganas de vivir, dándome a mi hija a upa, sana y fuerte, después de pelear contra todo lo malo que nos pasó. Por todo eso y más (historia que me guardo con los mejores recuerdos) les digo gracias, que la vida y Dios les dé el doble de lo que nos han brindado a nosotros. Gracias a vos, Gisela Soledad Cea, mi eterna compañera, que diste tu vida por la de tu hija. Estoy orgulloso de vos y fue un amor conocerte. Vivo por el tesoro que me dejaste, y, como te dije aquel día, el resto de la historia es nuestro. Gracias a mi familia, a mis viejos, hermanos, amigos, mis suegros y a sus familias, pilares fundamentales para que yo no caiga, para seguir luchando, para levantarme sin importar cómo. Gracias al hotel Polans y a su familia, al quiosquero, a la señora que iba a curarse y tomaba mates conmigo y me abrazaba todos los días. También a la Municipalidad de Cinco Saltos, compañeros de trabajo y señora intendente por su comportamiento conmigo y por cómo me cuidaron y acompañaron en todo momento. Y fundamentalmente gracias a vos, Ludmila, por enseñarme a vivir, a tener paciencia y mucha fe. Por mostrarme el camino a la luz, por no dejarme caer, por darme tu mano y elegirme para toda la vida. Te amo con cada pedacito de alma, la cual la vida quebró y vos volviste a unir. Gracias a todos. Y, por favor, vivan la vida, esa que sólo le sonríe a quien persigue sus sueños. Juan José Villarreal DNI 34.221.441 Cinco Saltos
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