Menos pantallas, más lectura: una contratendencia que busca adeptos

Parece una premisa anti consumista, pero es un consejo de los máximos referentes del mundo tecnológico. ¿Por qué quienes más saben de estas herramientas mantienen a sus hijos alejados de ellas? ¿Se puede impulsar esta corriente en pleno siglo XXI?



Acercar a los más pequeños al hábito de la lectura, un desafío que inquieta hasta a los más aficionados a la tecnología. (Foto: Andrés Maripe)

Acercar a los más pequeños al hábito de la lectura, un desafío que inquieta hasta a los más aficionados a la tecnología. (Foto: Andrés Maripe)

El letrero de un bar de Palermo reza “No hay wifi, hablen entre ustedes”. Alguien saca una foto del mensaje, la sube a redes sociales y los usuarios debaten sobre el tema. Están aquellos que dan la razón al emisor y quienes los tratan de hippies y se ríen de este tipo de premisas. Y así sucede con cada avance tecnológico: hablen más, conéctense menos. Jueguen más, naveguen menos. Lean más, vean menos.

¿Y si un mensaje similar fuera enviado desde el epicentro tecnológico del mundo? ¿Tendría otra validación? Resulta raro imaginárselo, ¿no? Sin embargo, es bastante más frecuente de lo que creemos.

En Silicon Valley, cuna de los avances tecnológicos a nivel mundial, tienen como objetivo reducir al mínimo el uso de las pantallas. Irónico, si, pero cierto.

La contratendencia que llevan adelante los trabajadores de Silicon Valley tiene varias aristas. Primero, es llevada a cabo mayoritariamente por quienes tienen hijos, como una forma de “desintoxicación tecnológica”. Sin embargo, esa no es la única explicación al respecto.

Algunos gurúes de este ámbito afirman que el abuso de la tecnología lleva a tener menor predisposición para la resolución de problemas a través del pensamiento. ¿Cómo sería esto? Básicamente, que tienen todo al alcance de la mano con Internet. Y así como eso es bueno, también puede ser contraproducente.

Si no hay cuestionamientos, no hay respuestas. Si no hay un problema, un punto de partida, no hay una solución. Y así sigue la cadena hasta que entendemos que la lectura, que genera incomodidad (entendida como un movimiento productivo) y mueve las estructuras, es fundamental para que el cerebro esté activo. Y ahí si llega la genialidad, lo nuevo, el invento. Si la gente de Silicon Valley no hubiera leído en su infancia, difícilmente estaría allí hoy.

Tampoco hay que pecar de ingenuos. Pretender que los niños o adultos no usen la tecnología que tienen a disposición sería poco serio. Por eso usan la limitación: un rato está bien, demasiado tiempo ya no tanto.

Estos padres, si se quiere contraculturales (es necesario situarse en este contexto para que este término sea válido), no sólo fomentan la lectura: en muchos casos promueven el cine. Ven una película por semana, generalmente algún título que, como la lectura, sea una chispita para encender alguna incógnita más en el cerebro.

Hay una realidad: el placer que genera un libro bien escrito difícilmente pueda encontrarse al navegar por las redes sociales o perderse en YouTube. Este viejo/nuevo movimiento tiene una difícil misión por delante, pero el objetivo final bien lo vale.


Comentarios


Menos pantallas, más lectura: una contratendencia que busca adeptos