Mensajeros sobre motos, la alternativa para cientos de jóvenes
Ya suman más de 200 en la región.Algunos cobran más de 300 pesos.Desplazaron a los antiguos cadetes.
NEUQUEN (AN).- Aceleran, corren, vuelan. Entregan correspondencia y paquetes; llevan pizzas y empanadas; pagan impuestos y hacen trámites. Se detienen, se calzan el casco (cuando lo tienen) y de nuevo aceleran, corren, vuelan.
Siempre al límite, corren el riesgo de accidentarse, de ser asaltados y hasta pueden ser agredidos por algún cliente un poco mañoso.
Son los cadetes motorizados de las mensajerías y comercios de comida, una actividad que se multiplica en la región y que cada vez amplía más sus servicios.
Sólo entre Neuquén y Cipolletti se estima que hay más de 100 personas que se dedican a esta actividad, que en los papeles está desplazando a los tradicionales e históricos cadetes.
En Roca, un número similar de jóvenes protagonizan la misma situación y ya han sido blanco de las quejas de vecinos y automovilistas que los ven pasar raudamente a su lado por las calles.
Es que el nuevo rubro es ideal para jóvenes (de entre 18 y 20 años) con movilidad propia que cada vez más se encuentran con este trabajo como única alternativa laboral.
No hace falta experiencia, sólo ganas de andar mucho y rápido y -claro- tener una moto de cincuenta centímetros cúbicos, por lo menos.
Trabajan por un porcentaje que oscila entre el 30 y el 60 por ciento de lo que se cobra por cada entrega; o bien tiene un sueldo básico de 300 pesos, más las comisiones.
En la región la historia de las mensajerías es bastante reciente. Dos empresas se disputan el honor de ser «la pionera» y, aunque abarcan rubros distintos, compiten entre sí.
Las socias dueñas de El Rayo servicios interactivos aseguran que su mensajería fue la primera en Neuquén, la única que existe desde hace cuatro años. Sus clientes predilectos son las empresas de servicios, que por lo general les encargan trámites bancarios o despacho de cartas o encomiendas. También se dedican al transporte de comidas.
En Speed, otra mensajería neuquina, afirman que hasta hace tres años atrás ellos eran los únicos y aclaran que no trabajan con comidas porque: «Te matás por un peso con cincuenta», explicó uno de los mensajeros.
Por eso, prefieren trabajar con distribuidores mayoristas y empresas, que son más fieles y pagan mejor.
Los responsables de estas pequeñas empresas confiesan que han tenido fuga de clientes a manos de cadetes independientes que son más baratos pero que -afirman- tarde o temprano «vuelven porque nosotros les ofrecemos más garantías».
En estas dos mensajerías tienen cadetes mujeres. Aunque reconocen que a algunos clientes les resulta extraño la primera vez, después son ellos los que piden a las chicas, sobre todo para trámites.
Además -asegura una de las dueñas del Rayo- «las mujeres rinden mucho más, trabajan aunque llueva o haga frío y son muy confiables».
Hoy se pueden contar en esta capital alrededor ocho mensajerías pero no todas tienen cadetes con moto. Algunas sólo cuentan con bicicletas y otras prefieren los autos.
Sólo en las mensajerías oficializadas en Neuquén y Cipolletti hay unos 50 motociclistas, a lo que se suman los «independientes» y los que se dedican exclusivamente a trabajar con pizzerías y rotiserías. Entre todos los motociclistas repartidores-mensajeros superan el centenar.
No son pocas las anécdotas que se cuentan en las distintas agencias, la mayoría muy graciosas, otras increíbles y algunas «de terror» (ver aparte).
El costo de cada entrega tiene un promedio de cuatro pesos, aunque la mensajería a otras ciudades del Alto Valle se cobra entre quince y veinte pesos. Salvo a Cipolletti que es más barato.
Para entregar sobres o realizar trámites los precios no superan los dos pesos, a excepción de los recargos por demoras. Pero, generalmente, se trata de evitar las molestias al cliente, para mantenerlo.
Al igual que los taxistas, últimamente trabajan mucho con cuentas corrientes que, si bien difieren los pagos, aseguran la clientela.
El bajo costo les asegura trabajo, pero a la vez los obliga a aumentar la cantidad de viajes y así hacer rendir al máximo el día de trabajo..
Ingeniosos, desarrollan estrategias especiales para ahorrar tiempo, aunque algunas son muy riesgosas.
Anécdotas veloces
NEUQUEN (AN).- Las anécdotas entre los velocísimos chicos de los ciclomotores se cuentan por cientos. Algunas son comunes y otras ponen los pelos de punta.
Hace un tiempo, un cliente consideró que los dos pesos con cincuenta que le pedían por el transporte de un paquete era una tarifa demasiado elevada. El hombre, un comerciante, ante la insistencia del mensajero le apuntó con una pistola en la cabeza. El muchacho volvió muy asustado pero no soltó el paquete, que tuvo que ser devuelto al mayorista.
Entre los muchachos no faltan quienes cultivan famas de galanes, a veces bien ganada, entre determinadas clientas. Es que por lo general, la gente quiere que los trámites los haga siempre una misma persona, por lo que se traba una relación amistosa entre mensajero y cliente. Cuando las llamadas son muy frecuentes o en horarios poco usuales las chanzas están al orden del día.
Hoy por hoy en Neuquén, llamando a la mensajería se puede solicitar comida, videos y incluso promotoras de publicidad.
Paralelamente, cada vez toma mayor auge el servicio de pago de impuestos, de los resumenes de tarjetas de crédito y de otros trámites bancarios.
Técnicas para ahorrar tiempo
NEUQUEN (AN).- Para que un día de trabajo les rinda deben hacer por lo menos una veintena de entregas. Pero el tiempo es un valor escaso y los trámites suelen consumir mucho de ese bien preciado. Con ingenio, los cadetes y las mismas empresas han desarrollado técnicas que les permiten ahorrar tiempo.
Una de las tácticas más sencillas y de mejores resultados es la de emplear bicicletas para la entrega de correspondencia, y para todo trámite el que no se necesite recorrer grandes distancias. La ventaja de las bicis es que pueden andar en contramano, por la vereda y no hace falta bajarse para repartir los sobres, sin olvidar, claro, el ahorro de combustible.
Pero no todos los métodos implican poco riesgo. Cuando se hacen trámites se va cinco minutos antes del cierre de los bancos o de las empresas de servicio, y se corre el riesgo de no poder realizar el pago, retiro o transacción. Cuando todavía les queda tiempo y hay demasiada cola, especulan con el reloj y vuelven más tarde. Caminar por el filo de navaja les permite hacer otro trámite en el medio, pero también puede significar no hacer ninguno de los prioritario.
Las prácticas más comunes y peligrosas son las menos creativas pero a las que más se apela: velocidades vertiginosas, el no respeto de las señales de tránsito – sobre todo los semáforos- y el riesgo de pasar entre los autos y camiones son armas que sirven para llegar más rápido. Entonces, en muchos casos, la aventura puede terminar muy mal.