Mérida, la puerta de entrada a la ruta maya
La ciudad cabecera de la península de Yucatán enamora al visitante con su estilo colonial, de calles pintorescas y antiquísimas construcciones
MÉXICO
Llegué a Mérida un domingo a las tres de la tarde, con un calor arrasador y mi primera sensación fue la de estar arribando a una ciudad que nunca descansa: bailes en el zócalo, restaurantes de comidas típicas repletos de gente y abiertos a toda hora, y tentadores carritos callejeros vendiendo las famosas “marquesitas”, algo así como un hot dog mexicano, al paso.
ÉRICA SÁNCHEZ
erica @tiempopatagonico.com
Mérida es sinónimo de callecitas pintorescas y aromas. Una ciudad que encanta a la vista con sus colores llamativos y un estilo colonial que enamora. Un lugar ubicado en la península de Yucatán, México, que invita al viajero a explorar sus recovecos de manera incansable.
Decidí comenzar la tarde deleitándome con una cochinita pibil, plato típico del lugar, (una especie de taco relleno de carne de cerdo) y disfrutar de “Mérida en Domingo”, un espectáculo artístico que se desarrolla en el zócalo, que es como los mexicanos llaman a la plaza central, y que reúne a cientos de personas en el Centro Histórico, de 11 a 21 horas, con los bailes típicos y canciones meridanas.
PLAYA CARIBEÑA
Pero Mérida no es sólo cemento y color.
Por suerte y para los patagónicos que sufrimos mucho el calor tropical, a tan sólo 40 minutos del centro se encuentra la playa de Puerto El Progreso, con cristalinas aguas, arenas blancas y palmeras naturales.
Tomar un refresco contemplando esta zona del mar del golfo de México, puede ser sin dudas, un precioso regalo para el viajero después de tanto andar.
Cuando la noche llega, los atractivos de esta ciudad sin ochavas, terminan de lucirse: la Catedral de la ciudad, la más antigua de América continental, se ilumina dándole vida al zócalo. No sólo los visitantes se dan cita allí a la noche, sino una enorme variedad de pájaros tropicales que se hacen oír por sobre el bullicio del gentío y regalan su trinar de entre los árboles.
La peatonal es un atractivo en sí mismo: mesas en la calle, música mexicana, deliciosos platos, margaritas bien frías, vendedores ambulantes y, por sobre todo, mucha seguridad. Mérida es considerada una de las ciudades más seguras de México, país que vive un momento difícil en su lucha contra el narcotráfico.
ECOS DEL PASADO
La Ciudad Blanca, así la llaman. Es una de las más pobladas del Caribe, ya que sumada a sus suburbios, casi alcanza el millón de habitantes. Mérida se esfuerza a diario a través de la amabilidad para que el visitante viva de manera consciente lo mucho que tiene por ofrecer: cultura, arte y calidez.
El título de Ciudad Blanca deriva de un hecho que se remonta a la fundación de la Ciudad en 1542: los tres Montejo (padre, hijo y sobrino), conquistadores de Yucatán y fundadores de Mérida, quisieron por razones de seguridad, ante la rebeldía de los mayas que siempre se mantuvo latente, hacer una ciudad para los blancos.
Eso formó parte de su diseño original, intención que finalmente no tuvo éxito porque al crecer todo terminó formando un solo cuerpo urbano.
Mérida sí es, en cambio, puerta de entrada a la llamada Ruta Maya, los caminos del Mayab, a la que arriban millones de visitantes por año a conocer el gran legado de aquella civilización.
CLIC
Mérida invita a tener la cámara fotográfica siempre preparada para el disparo.
Desde mi primer minuto, los colores, su gente, sus rincones, todo se prestó para motivar mi costado fotográfico.
En cualquier plaza de la ciudad es común encontrar coloridas iguanas reposando ante el calor típico de la capital de Yucatán.
En verano es común que sobre el final de la tarde el cielo se cubra de nubes y descargue alguna tormenta, pero sin ninguna intensión de aportar fresco.
Luego, los atardeceres se transforman en un capítulo aparte en Mérida, un lugar para sentirse vivo en todo sentido.