Miedos en unos y otros
En su nueva edición revisada y aumentada de su “Breve historia contemporánea Argentina”, Luis Alberto Romero demuestra cómo las torpezas cometidas por el kirchnerismo tienen una contracara: no lo desalientan. Romero funda su conclusión en cómo el kirchnerismo reorganizó su poder tras –fundamentalmente– dos sosegates que lo flagelaron duramente. Uno: la crisis con el campo. Dos: la derrota en las parlamentarias del 2009. Huelga argumentar por qué la ausencia de desaliento es, a la práctica política, un dato positivo. Huelga también decir lo inquietante que resulta hacer de la torpeza una cultura inmune al desaliento. Y ésta es una cultura definidamente asumida por el kirchnerismo. Si la política es desde siempre un espacio cuya naturaleza hace también al error, el desatino, la torpeza, el kirchnerismo los asume como impronta propia. Cultura impermeable a toda posibilidad de autocrítica. De mirarla desde sus consecuencias, el error. Clavado en esta cultura, al kirchnerismo no le desagrada dar explicaciones que no resisten lógica. Realidad. Procesa el tema sin tensionarse por las contradicciones en que incurre. Su posicionamiento encuadra en lo que acertadamente define Murray Edelman en “La construcción del espectáculo político” al reflexionar sobre los términos en que el poder suele explicar los conflictos. Por caso: “Declarar que una propuesta rusa de reducción recíproca de armamentos es sólo una maniobra de relaciones públicas equivale a suscitar la sospecha de que podría ser más que eso”. Así operó el gobierno nacional en relación con el “gorrazo” de Gendarmería y Prefectura. Veamos: • Se explicó en sus responsabilidades vía un desprecio terminante para con la verdad y la opinión pública. Con los tics que le fueron propios al lejano dictador Francia de Paraguay, buscó con fanatismo en convicciones e intensidad de acción la conspiración como razón excluyente del “gorrazo”. • No es neutro apelar a esa explicación. Expresa varios planos de las vivencias emocionales que signan la personalidad del gobierno de cara al “gorrazo”. Uno: el miedo. Porque el kirchnerismo, en tanto viga maestra del gobierno, es ruidoso. Prepotente. Autoritario. Pero también lo serpentea firmemente mucho miedo. Miedo a lo distinto a su propio magma. Miedo al giro inesperado que se instala en el espacio político sorprendiendo al poder. Lo fue el “gorrazo”. Miedo que se explica mediante el balbuceo con que reaccionó primero el poder. Luego, argumentado desde la bendita conspiración. Este miedo tiene su genética. El kirchnerismo se vertebra como expresión de poder, de su práctica. No como expresión política, que le interesa muy poco. Por esta razón el kirchnerismo es una estructura inválida de posibilidades de aprovechar todo lo enriquecedor que puede brindarle a la política un giro inesperado como el “gorrazo”. • Y porque el kirchnerismo es miedoso es que, surgido el “gorrazo”, se defendió desde las vísceras “más innobles, las más furiosas”, escribió Jorge Luis Borges. Esas que sólo aconsejan amenazar. Descalificar. Es ese miedo el que le impidió mirarse hacia adentro del gobierno y buscar responsabilidades del desaguisado. Porque es en ese escenario poblado de improvisados donde se ubicaba la responsabilidad. Recién una semana después de iniciado el “gorrazo” buscó en la segunda línea del circo de improvisados y bajó el pulgar. Entonces cayó el jefe de Gabinete de Asesores del Ministerio de Seguridad, hermano de la ministra Nilda Garré. Una especialista en supervivencias varias. • El gobierno nacional procuró disimular su miedo apelando a un argumento que hablaba de la prontitud para la reacción que tendrían sus reflejos. Vía el batallón de medios que le responden con maniática verticalidad, batió durante las primeras 48 horas de “gorrazo” una definición: “Hemos reaccionado rápido”. Mentiras, porque si como dijo a lo largo de la protesta la causa de la misma era una madeja que incluso involucraba estudios de abogados dedicados a litigar con el Estado a favor de los sueldos de la gente del “gorrazo”, cabe preguntarse cómo el gobierno no conocía ese eslabón de su mentada conspiración. Es decir, “rápido” a los fines de cámaras y micrófonos. No más. • Pero en materia de acumular miedo el gobierno recibió una colaboración inesperada: el miedo que de cara al “gorrazo” ganó a la oposición política. Mientras el grueso de la sociedad argentina miró y escuchó con ausencia de temor todo el sainete que generó el “gorrazo”, poco faltó para que la oposición lo parangonara con marzo del 76. O Semana Santa y su leyenda. Una vez más, la política por un lado. La sociedad por otro. De todas maneras habrá tiempo para más miedos. Porque el desprecio con que el gobierno reflexiona muchos de los problemas nacionales garantiza más “giros inesperados”. Más “gorrazos”, por caso.