Misterioso Stonehenge

A sólo 100 kilómetros de Londres, este extraordinario monumento megalítico sigue desafiando el intelecto de los miles de turistas que procuran descifrarlo.

Por Redacción

INGLATERRA

Un vallado divisor las separa del público como si se tratase de una celebridad. Fuertemente custodiadas, imponentes allí están, frías, distantes, listas para ser admiradas. Esa pequeña cinta de seguridad impide mediante una previsión lógica que místicos, arqueólogos, ufólogos, curiosos y tantísimos miles que llegan a conocerlas las destruyan y arruinen para siempre uno de los mayores monumentos megalíticos de la historia de la humanidad que aún sigue en pie: Stonehenge.

ÉRICA SÁNCHEZ

erisanchez@gmail.com

Enclavadas misteriosas en la impoluta campiña inglesa, tan prolija que parece sacada de un cuento, aparece este monumento circular de piedras milenarias cuya finalidad principal todavía no ha sido descifrada. Si bien la teoría más avalada indica que se habría tratado de un observatorio astronómico, no se conoce aún su propósito exacto: Stonehenge es aún uno de los más grandes misterios.

Ubicadas a menos de 100 kilómetros de Londres (para los patagónicos es un trayecto corto, ya que, sin dudas, estamos acostumbrados a las ¡grandes distancias!) el paseo se realiza en poco tiempo, debido a que estas piedras megalíticas sólo pueden, como dije al comienzo, admirarse y ser fotografiadas a través de un vallado de seguridad durante la semana.

Existe sí, durante días especiales una excursión en la que uno puede acercarse al círculo principal, tocar las piedras y contemplar el atardecer.

CÍRCULO MISTERIOSO

Cuando visité Stonehenge, hace exactamente un año atrás, la campiña inglesa estaba teñida de un color amarillo intenso producto de una siembra perfecta que ya empezaba a dar sus frutos. Un paisaje, sin dudas, pintoresco en el que conviven las construcciones antiguas, colinas y granjas en un escenario para ser recorrido con tiempo y disfrutando de cada detalle.

Así, mágicamente, aparece de pie este monumento megalítico que juega con nuestra curiosidad: ¿Quiénes y cómo la construyeron? ¿Qué tecnología usaron? ¿Cuánta fuerza, años de precisión y trabajo implicó?

Cuando las pirámides de Egipto fueron construidas, las piedras circulares de Stonehenge ya estaban de pie. El tiempo para su construcción fue de cuatro fases a lo largo de 1.400 años y los círculos que la reúnen están perfectamente ordenados con piedras de la zona que fueron traídas desde más de 300 kilómetros de distancia. Algunas desde Prescelly, otras desde Avenbury.

La antigüedad de Stonehenge está datada entre el 3.000 y 1.600 Antes de Cristo y todo indica que se habría tratado de un santuario para los druidas, sacerdotes de los celtas. Se cree que es un templo dedicado a los movimientos del sol y de la luna.

NO ESTÁN SOLAS

Estas piedras forman parte de un complejo mucho más grande que incluía círculos de piedra, madera y avenidas ceremoniales. Según excavaciones del proyecto Stonehenge Riverside muy cerca de allí se encontró un asentamiento de miles de casas que, en apariencia, sólo eran usadas unos días al año y no se trataba de una aldea habitada de forma permanente.

Cerca de Stonehenge, más específicamente en Durrington Walls, se encuentra Woodhenge, una construcción de un diseño similar, construida también en el mismo siglo, completamente realizada en madera. Woodhenge estaba unido al río Avon por una avenida ceremonial construida con piedras y se cree, se trataba de un templo religioso, monumento funerario u observatorio astronómico.

Durante el solsticio de verano, el Sol salía justo atravesando el eje de la construcción, lo que hace suponer que sus proyectistas tenían conocimientos de astronomía, ya que ese mismo día, el Sol se ocultaba atravesando el eje del Woodhenge, donde se han encontrado multitud de huesos de animales y objetos que evidencian que se celebraban grandes fiestas, probablemente al anochecer.

EN BUSCA DE UNA SEÑAL

Un cuervo me mira posado desde una de las piedras. La mirada cómplice se pregunta al igual que yo, qué hace un señor descalzo con esa baja temperatura, con los ojos cerrados besando una de las piedras que, lejos de los círculos principales, se encuentra disponible para ser adorada. Busca una señal, pienso.

Miles de personas llegan a visitarlas con una teoría en mente: “Es una máquina del tiempo”, “Fue construido por Ovnis para ser visto desde el espacio”, “Se trata de una pieza de arte”. Lo cierto es que quienes llegan parecen buscar una señal, quieren descifrar de qué se trata Stonehenge. No admiten misterios. Buscan llegar a una verdad absoluta como si de un premio se tratase. Quien logre una foto misteriosa o un halo de luz místico, será el elegido y tendrá la última palabra.

El paseo es corto, las piedras están distantes y lo cierto es que quienes pasamos por allí no volvemos a ser los mismos: salimos, como yo, con la ilusión de seguir admirando a esos ancestros, tan fuertes y sabios, capaces de construirle monumentos a la naturaleza perfecta. Otros en cambio con más dudas que certezas.