Detrás de escena: la fuerza que sostiene nuestra salud

Cuidar la musculatura es mucho más que una cuestión estética: es una inversión en movimiento, autonomía y calidad de vida a largo plazo.

Redacción

Por Dra. VALERIA BARBARO, Médica dermatóloga y especialista en medicina estética.

Dra. VALERIA BARBARO, Médica dermatóloga y especialista en medicina estética.

Dra. VALERIA BARBARO, Médica dermatóloga y especialista en medicina estética.

Durante mucho tiempo, la masa muscular estuvo asociada casi exclusivamente al deporte, al entrenamiento o a una cuestión estética. Hoy, desde mi mirada profesional, considero que debemos empezar a verla de otra manera: como un verdadero activo para nuestra salud, nuestra autonomía y nuestra calidad de vida.

El músculo no está solamente para movernos. Está presente cuando subimos una escalera, nos levantamos de una silla, cargamos bolsas, mantenemos el equilibrio o sostenemos una postura. Cada una de esas acciones cotidianas depende de nuestra fuerza y, por eso, conservarla también significa preservar nuestra independencia.

Además, el tejido muscular tiene un rol metabólico fundamental. Una buena masa muscular favorece el gasto energético, contribuye a un mejor manejo de la glucosa y ayuda a mantener una composición corporal saludable. Su pérdida progresiva, conocida como sarcopenia, puede aparecer con el paso de los años y asociarse con menor capacidad funcional, mayor fragilidad y un aumento del riesgo de distintas enfermedades.

También debemos pensar en el músculo como una estructura que protege. Una musculatura fuerte ayuda a estabilizar las articulaciones, absorber cargas y mejorar el equilibrio. A medida que envejecemos, este aspecto cobra todavía más importancia: perder fuerza puede significar perder seguridad para movernos y realizar actividades que antes hacíamos naturalmente.

Por eso, cuando hablo de salud muscular, no hablo solamente de ganar volumen o conseguir un cuerpo más tonificado. Hablo de construir una reserva funcional que nos permita atravesar las distintas etapas de la vida con mayor autonomía. El entrenamiento de fuerza es una de las herramientas más importantes para lograrlo.

No hace falta ser deportista ni pasar horas en un gimnasio. Lo importante es encontrar una actividad adecuada para cada persona, que pueda sostenerse en el tiempo y que permita estimular progresivamente la musculatura.

La alimentación también forma parte de este proceso, especialmente cuando buscamos asegurar un aporte suficiente de proteínas y nutrientes. En los últimos años, además, la tecnología comenzó a ofrecer alternativas para complementar este trabajo.

EMSCULPT, por ejemplo, utiliza energía electromagnética focalizada de alta intensidad para generar contracciones musculares profundas, y puede incorporarse como una herramienta complementaria en determinados casos. No reemplaza el ejercicio, pero puede acompañar el fortalecimiento de zonas específicas y sumar un estímulo cuando se busca trabajar sobre la masa y la funcionalidad muscular.

Esto no significa que la tecnología pueda reemplazar al movimiento. Movernos continúa siendo irremplazable: mejora nuestra capacidad cardiovascular, coordinación, movilidad y bienestar general. Pero contar con nuevas herramientas puede ampliar las posibilidades y acompañar a personas que necesitan un estímulo adicional.

Cuidar nuestra masa muscular es, en definitiva, una forma de pensar en el futuro. Porque la fuerza que construimos hoy no solo se refleja en cómo nos vemos, sino también en cómo vamos a movernos, sentirnos y vivir dentro de algunos años.


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Durante mucho tiempo, la masa muscular estuvo asociada casi exclusivamente al deporte, al entrenamiento o a una cuestión estética. Hoy, desde mi mirada profesional, considero que debemos empezar a verla de otra manera: como un verdadero activo para nuestra salud, nuestra autonomía y nuestra calidad de vida.

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