Habitar el metal: las joyas de autor que cuentan una historia
Inspirada en la mitología, la naturaleza y la estética gótica, Reina de Calabazas crea piezas maximalistas que trascienden las tendencias y se convierten en una forma de expresión.
Hay piezas que no solo se visten: se habitan. En el universo de Reina de Calabazas, la joyería de autor deja de ser un simple accesorio para convertirse en un lenguaje propio cultivado a lo largo de décadas.
Carolina Díaz Casco es la mente detrás de Reina de Calabazas y para entender la esencia de su propuesta hay que viajar 28 años atrás. La vocación de Carolina comenzó temprano, impulsada por la curiosidad y el entorno familiar. «Mi mamá me enseñó a bordar a los 6 años y también a coser. A los 7 años, como muchas niñas, me regalaron una caja de cuentas plásticas e hilo elástico, a esa edad ya vendía mis creaciones«, relata.
Lo que inició como un juego infantil se transformó con el tiempo en una búsqueda de identidad: las mostacillas y el tejido con tanza evolucionaron y Carolina dominó el fascinante mundo de la cota de malla y el ensamblaje en metal. «Acá estoy transformando kilos de argollas en tejidos intrincados para realizar piezas de joyería lo cual disfruto enormemente», expone.

¿Cómo nace una pieza de autor? Para Carolina, el camino rara vez es lineal. El diseño puede desencadenarse por la observación de un color, una fotografía o la textura de una piedra particular.
«Hay veces que la idea está completamente formada y vas con un plan claro de confección. Otras veces es más experimental y tenés que cambiar cosas sobre la marcha. Me ha pasado de estar armando una pieza y que se me ocurren tres variantes, que se transforman en mis próximos proyectos inmediatos», explica.
Gracias a una vasta colección de materiales reunidos con los años, Carolina diseña alrededor de un elemento central: un dije, un punto de cota de malla o una gema natural. Utiliza metal de aleación, más conocido como fantasía, porque es lo que más se consigue en variación de tamaño y grosor para cota de malla explica. «También tengo un pequeño stock de acero quirúrgico para ofrecer a algunos clientes», señala.
Cristales, vidrio y perlas logran un acabado de excelencia. Su labor hace que las piezas resistan el paso del tiempo. «Conozco personas que aún conservan y usan collares que me compraron hace 15 años», resalta con orgullo.
Al explorar la propuesta de Reina de Calabazas, salta a la vista un espíritu inconfundible. Las referencias no provienen de las tendencias efímeras de la pasarela, sino de fuentes mucho más profundas: la mitología, la naturaleza, la estética gótica, la fantasía, la historia de la moda y la joyería, y las narrativas de libros y películas. «Son cosas que se pueden ver reflejadas en mi trabajo y mi estética, siguiendo un lenguaje visual fuerte con mi visión característica», dice.
Su catálogo desafía los límites tradicionales de la joyería: además de aros y collares, realiza bodychains, cinturones, tocados, e incluso prendas estructuradas como tops y faldas a medida.
Al preguntarle por una pieza que defina la identidad de su marca, Carolina confiesa que le resulta imposible elegir solo una. Sin embargo, hay un rasgo innegociable que atraviesa toda su marca: el maximalismo. “Se refleja en la mayor parte de mi trabajo: me gustan las cosas elaboradas y cargadas, pero con balance y elegancia”, explica.
Diseños icónicos como los collares Athena, Twilight Priestess, The Countess y The Victim encarnan a la perfección esta filosofía: creaciones dramáticas y llenas de fuerza visual, concebidas como verdaderas armaduras de belleza y carácter.
Reina de Calabazas nos recuerda que el lujo artesanal está en la dedicación, la coherencia y la capacidad de transformar el metal tejido en piezas con espíritu.
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