Mundo privado

Patricio Machado, diseñador, de San Martín de los Andes. Con una semilla nueva en la mano, siempre.

Por Redacción





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PRODUCCIÓN: HORACIO LARA, hlara@rionegro.com.ar FOTOS: ELISEO MICIU Patricio Machado vive en plenitud. Sus productos vía “El Catango” -su emprendimiento desde hace años, en San Martín de los Andes- experimentan una demanda magnífica para su autor. No hay hotel o casas de autor en la región que no requieran alguno de sus muebles para ambientar y disfrutar del confort. En lo personal, feliz con la familia que supo armar. Nacido en Necochea, a los 18 años se fue a estudiar Diseño Industrial a Buenos Aires, donde residió 13 años. Luego se vendría al sur, tierra que ya lo siente como hijo propio. -¿En qué consiste tu producción? -En la fabricación de muebles del catálogo y de diseños especiales y a medida. Todo gira siempre en torno a piezas con diseño y una excelente calidad, He diseñado cocinas, muebles especiales para habitaciones, para livings; hace poco diseñamos una cava completa para el Hotel Amonite de San Martín de los Andes, por ejemplo. -¿Cómo es tu proceso de creación? ¿Y cómo presiona el mercado en él? -El mercado o el cliente de alguna forma pone las pautas: dentro de lo que me piden trato de dar la mejor respuesta. Algunas de las líneas de muebles han sido diseñadas por pedido de algún cliente con quien acuerdo no vender por un tiempo porque tiene exclusividad pero luego forman parte del catálogo. Todo el tiempo estoy diseñando aunque no me pidan, me sale, lo necesito, me gusta, observo un objeto cualquiera y por algún mecanismo hago enseguida una evaluación formal o de proporciones casi naturalmente… A veces tengo una idea o una forma dando vueltas en la cabeza y hasta que no la plasmo en un papel no estoy tranquilo. Cuando esa creación se convierte en realidad, cuando veo que un diseño mío toma forma corpórea por primera vez es una satisfacción muy difícil de explicar. También es muy particular el proceso cuando le voy haciendo los útimos toques. Hay diseños que los voy ajustando a medida que los voy produciendo hasta lograr que no le sobra ni le falta nada, que es perfecto, por lo menos para mí (ríe). – ¿Cómo definirías tu estilo? -Me considero muy racional, me cuesta horrores colocar un ornamento, exprimo lo mínimo hasta que con eso alcance para llegar al balance justo. Prefiero sacar a poner, la famosa frase “menos es más” es así. Pero siempre aunque sea menos o lo mínimo, algo hay y en ese algo es donde siento que tiene que estar la proporción justa. Al referirse a su formación Patricio refuerza el entusiasmo en el relato. Cuenta: “estudié Diseño Industrial en la Universidad de Buenos Aires entre el ´87 y ´93, tiempo en que tuve la suerte de tener como docentes a profesionales que en ese momento ya eran personalidades de la profesión y que hoy son nombres de una historia ya escrita en el diseño industrial argentino como Hugo Kogan, Reinaldo Leiro, Ricardo Blanco y Gustavos Fosco, entre otros. Al recibirme me fuí a Brasil a trabajar becado en el Laboratorio Brasilero de Diseño Industrial en Florianópolis. A la vuelta trabajé tres años en el estudio de Hugo Kogan, en un época que era realmente difícil trabajar en desarrollo de nuevos productos, los ´90. A fines de esa década me independicé y trabajé como diseñador para empresas como Procter & Gamble, Acindar, Smithkline Glaxo y Gancia: cada una de estas empresas tiene cantidad de marcas masivas, diseñaba todos los elementos de soporte de comunición en punto de venta, en esos años reforcé mi formación con cantidad de cursos en Buenos Aires. Recuerdo varios con Norberto Chávez y tuve la oportunidad de capacitarme en Francia, específicamente en diseño de punto de ventas: en eso los europeos son especialistas”. En un lapso de 10 años de actividad laboral Patricio ya era un experto y trabajaba con marcas de primer nivel que le pedían las cosas más exóticas: llegó a figurar en el libro Guinnes con una trabajo realizado para “Magistral” por el diseño de una pila de platos de 60 metros de alto. Fueron años muy frenéticos y divertidos pero muy desgastantes, admite ahora. “Me había dado cuenta que eso no quería que durase para mí. En el 2001/2002, plena crisis económica, decidí cambiar de juego. La actividad laboral se detuvo casi a cero y entonces aproveché para cambiar. Cerré el estudio, me despedí de mis clientes, alquilé mi casa, cargué todo lo que me entraba en el auto y me vine a San Martín de los Andes buscando otro modo de vida, buscaba la naturaleza, el tiempo para mí, el disfrute y, sobre todo, estar lejos de una gran ciudad”. Al año y medio ya había dejado todo atrás, literalmente hablando. Liquidó todos sus ahorros surgidos de la venta de la casa de Buenos Aires. “La idea que tenía en mente era sólo una idea… estaba de nuevo en un punto de partida. Así me lo tomé: podía empezar todo de nuevo”, cuenta con total confianza. Mientras tanto descubría algo que realmente le atraía y fue ahí donde concentró toda su energía, creatividad y trabajo hasta el día de hoy. “Se me ocurrió combinar todo lo que había aprendido y crear algo completamente nuevo. Podía diseñar objetos en cualquier material y tecnología, manejaba muy bien el diseño gráfico, la comunicación, el punto de venta, el diseño web. Entonces trabajé desde el concepto “Muebles Contemporáneos de la Patagonia”, busqué el nombre, diseñé la marca, los primeros muebles, los packaging, saqué las primeras fotos…, trabajé mucho pero mucho, en todos los aspectos de esta idea. Mandaba a fabricar, vendía como podía, todavía usando mis contactos en Buenos Aires, buscaba negocios para exhibir… En el 2004 presenté uno de los diseños en un concurso de diseño de muebles de madera FEDEMA, en Formosa, y gané el primer premio. En el 2007 me proponen presentar el plan de negocio de lo que estaba haciendo en un concurso, no tuve que inventar nada, escribí realmente lo que estaba haciendo y lo que pensaba hacer. Gané un primer premio a nivel nacional y eso me dio un lugar a la versión internacional de ese concurso, en Amsterdam, donde conseguí el segundo premio. Fue un reconocimiento muy importante para mí porque hasta ese momento me estaba costando mucho llevar adelante la idea como negocio, me costaba vivir de esto y ya habían pasado cinco años. Ese reconocimiento me hizo redoblar mis esfuerzo y seguir adelante”, cuenta Patricio. Tesón no le falta, es obvio. – El año pasado tuviste un premio que te reconfortó totalmente… – …El año pasado fue otro año muy productivo, primero porque en abril tuve oportunidad de viajar por primera vez a la Feria de Milán. Después la subsecretaría de Industria de Nación lanzó una iniciativa que consistía en otorgarle un sello de buen diseño a productos que cumplan con determinados requisitos. Presenté dos líneas: la Patagón y la Amonite. Ls dos obtuvieron premio. – Cómo definís tu presente. – Motivador. Estoy viendo que mi sueño se está haciendo realidad. Hoy tengo una pequeña fábrica donde hacemos el grueso de la producción y varios talleres donde tercerizamos parte del proceso, todo en San Martín de los Andes. “El Catango” es una marca ya reconocida en la zona: vendemos muy bien en Bariloche, La Angostura y Neuquén, además de estar continuamente enviando a todo el país. El desafio: lograr vender en el exterior una de las líneas, la Patagón. Ahora justamente estoy pidiendo ayuda para poder presentarla en junio en una feria muy importante en Berlín: es una misión organizada por el Sello de Buen diseño, el apoyo de Nación está, estoy tramitando el apoyo provincial neuquino. Considero que el tipo de productos que hacemos, tienen una enorme carga cultural: tienen identidad local. Estando en Milán sucedió algo muy curioso, estábamos en una reunión con una persona que estaba a cargo del desarrollo de la zona productiva de Bologna y nos comentaba su preocupación por la invasión de producción china. Luego de decir que tras mucho análisis estaban trabajando en el desarrollo de productos con identidades locales, le comento que yo estaba con un proyecto de esas características en la Patagonia. Me preguntó cómo se llamaba. “El Catango” le contesto y él me dice: “lo conocemos perfectamente, hemos estudiado el caso”. ¡Vaya reconocimiento! El años pasado también trabajé como consultor experto en diseño de muebles Hace unos meses me mudé a la montaña misma, a un lugar increíble lleno luz y naturaleza donde disfruto intensamente de la vida junto a mi mujer Estefanía y nuestro hijo Camilo de 4 años. Por esto digo que estoy en un momento muy motivador. Lo que me está sucediendo es retroalimentador, el fruto que estoy disfrutando contiene la semilla de algo nuevo que será aun mejor. CONTACTO: patricio@elcatango.com.ar 02972 429816 www.elcatango.com.ar


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