«No nos dan las manos»: desesperada carrera contra el tiempo a 90 horas del sismo en Venezuela
A pesar de que el límite crítico de las 72 horas ya venció, el milagroso rescate de un nene de 11 años reavivó la esperanza entre las ruinas. Sin embargo, la escasez de maquinaria y la militarización de la zona desataron la furia de los vecinos contra el gobierno de Delcy Rodríguez.
El milagro y la desesperación conviven de manera dramática en Venezuela. A más de 90 horas del devastador doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5, miles de socorristas, familiares y voluntarios excavan día y noche entre montañas de concreto. Aunque el tiempo límite de las 72 horas clave ya venció y la esperanza de hallar sobrevivientes disminuye de forma drástica, los rescatistas se resisten a bajar los brazos.
La luz de esperanza llegó durante la noche del sábado: un niño de 11 años fue rescatado con vida entre los escombros en Caraballeda. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, confirmó que el menor ya recibe asistencia y detalló que, durante la última jornada, 33 personas fueron recuperadas vivas de las ruinas. Sin embargo, el panorama general es crítico.
El jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, advirtió que el saldo de víctimas fatales —que ya roza las 1.500— seguirá subiendo y que hay más de 50.000 desaparecidos.
El balneario de La Guaira, ubicado a 40 kilómetros de Caracas, se transformó en una zona de guerra. Docenas de edificios colapsaron como castillos de naipes. En las calles, la población no esconde su ira ante lo que califican como una respuesta lenta, ineficiente y burocrática por parte del Estado.
Tensión en la zona cero: el reclamo por maquinaria y el freno oficial
La paciencia de los sobrevivientes se agotó. Un grupo de familiares de víctimas bloqueó una de las principales vías de acceso en La Guaira para exigir la llegada urgente de asistencia estatal. Los vecinos denuncian que deben remover los bloques de hormigón con sus propias manos ante la falta de herramientas básicas.
«Aún no veo a las autoridades encargándose de la situación. Me dijeron que están deliberando. ¿Deliberando qué? Si hoy no llega nadie vamos a hacer una revolución porque aquí necesitamos maquinaria, plantas eléctricas y taladros. Hay gente viva abajo y no nos dan las manos», exclamó enardecido Marlon Ochoa, quien busca a su madre, su esposa y su hijo.
A la escasez de insumos se sumó una fuerte polémica por el control gubernamental. La presidenta Delcy Rodríguez dispuso la militarización de La Guaira y restringió el acceso a la zona de desastre, obligando a los civiles a tramitar un salvoconducto oficial. La medida provocó largas filas de médicos, paramédicos y socorristas que aguardan bajo el calor para poder ingresar a trabajar. «Hay que sacar un permiso para salvar vidas, imagínate», reclamó con indignación el rescatista Carlos Itriago.
El impacto económico y la asistencia internacional
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ya trazó las primeras proyecciones del impacto de la catástrofe sobre el país petrolero, que arrastra una severa crisis social y de infraestructura:
- 7 millones de damnificados potenciales en todo el territorio.
- 6.700 millones de dólares en pérdidas materiales (equivalente al 6% del PBI venezolano).
- 24 países movilizados: Ya operan en el lugar más de 2.700 rescatistas extranjeros y 86 unidades de brigadas caninas.
La ayuda internacional comenzó a destrabarse de manera parcial. Tras la reapertura del aeropuerto internacional de Caracas para operaciones de carga, Estados Unidos envió un fondo de asistencia de 150 millones de dólares, aviones de transporte y helicópteros. Además, el buque militar anfibio USS Fort Lauderdale se posicionó frente a las costas del Caribe para coordinar e iniciar vuelos de rescate directos sobre los puntos más críticos de la costa venezolana.
Con información de AFP.
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