Un día los ladrillos llegaron más lejos que las cartas en Neuquén

En 1960 se inauguró el edificio propio del correo. Con seis pisos, fue el más alto de la ciudad. Por entonces se pensaba que no era necesario ir hacia arriba habiendo tanta tierra disponible.





Aunque hoy es un edificio más que no desafía a ningún otro, en su momento fue el más alto y grande de la ciudad de Neuquén. Corría la década del 60, la capital contaba con 20.000 habitantes, caseríos de adobe y uno que otro edificio “chato” que solo se distinguía por su particular arquitectura y diseño. Hasta que un anunció revolucionó por completo a la población.

En 1955 el Territorio del Neuquén recibió categoría de Provincia y fue entonces que el gobierno central decidió construir el edificio propio de Correos y Telégrafos que hasta entonces había girado de edificio en edificio, siempre de “prestado” o alquilando.

“La envergadura del proyecto, comparada con la edificación de aquel entonces, le dio características monumentales. Durante los primeros tres años de construcción, los trabajos concentraron la atención total de los vecinos. Primero el interés lo despertó el enorme foso de más de seis metros de profundidad, destinado a la fundación de las bases, en un terreno arenoso que favorecía los desplazamientos de tierra. Luego, los vecinos comenzaron a elevar su mirada para advertir el avance hacia el cielo de las paredes y no faltaron quienes realizaron apuestas en cuanto a la cantidad de metros que ascendería desde el suelo”, relatan los documentos del Archivo Histórico Municipal.

Luego de 5 años de obras, el edificio propio de Correos y Telégrafos quedó inaugurado un 5 de mayo. Y pasó a la historia como el más alto de la ciudad, con sus seis pisos. “Hasta ese momento, los más osados constructores se habían animado a avanzar hasta una segunda planta. No hacía falta ir hacia arriba con las construcciones, habiendo tanto terreno libre”.
El primer despacho de correspondencia funcionaba en Perito Moreno y avenida Olascoaga. Luego se alquiló otro local en San Martín, entre Brown y diagonal Alvear, donde funcionó hasta mudarse a la casa propia.


Hay versiones que dan cuenta que la primera oficina de correos funcionó en un vagón del ferrocarril Sud. Pero el dato no fue hasta ahora confirmado oficialmente.



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