No hay opciones indoloras

Por Redacción

Hace menos de un año, Estados Unidos tambaleaba al borde de un “default técnico” por motivos de política interna, ya que los legisladores republicanos se oponían a ciertos detalles presupuestarios. Aunque a último minuto los adversarios alcanzaron un acuerdo, queda latente la posibilidad de que un día el gobierno de la superpotencia deje de pagar a los acreedores a la hora prevista. Con todo, aunque algunos expertos formularon advertencias apocalípticas acerca de las hipotéticas consecuencias de un default técnico estadounidense, es probable que hayan exagerado, ya que los inversores del resto del mundo reaccionaron con tranquilidad por entender que se trataba de un problema más político que financiero. ¿Se mantendrían igualmente ecuánimes si resultan estériles los intentos de encontrar a tiempo una solución al problema planteado por los holdouts? Puede que el ministro de Economía Axel Kicillof y el exministro Jorge Remes Lenicov hayan pecado de optimismo al afirmar que un eventual default tendría un impacto muy reducido, pero no hay demasiados motivos para suponer que sería tan catastrófico como vaticinan algunos. Al aproximarse a su fin tanto la semana como el período fijado por la ley neoyorquina para llegar a un acuerdo, se difundía la impresión de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner había decidido que sería mejor resignarse a un default técnico que enfrentar el riesgo, por remoto que fuera, de activar la cláusula RUFO según la cual todos los acreedores que aceptaron entrar en los canjes podrían exigir ser tratados como los “buitres”. Cristina fue criticada por jugar con palabras al insistir en que no sería cuestión de un default porque el gobierno ya puso el dinero que corresponde a los bonistas, pero dadas las circunstancias la actitud así reflejada puede justificarse. El gobierno kirchnerista tiene que procurar convencer a los mercados de que el problema que tanta angustia está ocasionando es tan “técnico” –o sea, de importancia limitada– como los enfrentados esporádicamente por gobiernos sucesivos de Estados Unidos, país en el que se ha hecho rutinaria una situación equiparable. Parecería que el gobierno está anímicamente preparado para entrar en default hasta que haya vencido la cláusula RUFO, lo que por suerte ocurrirá a fin de año, lapso en el que continuaría depositando dinero en bancos fuera del alcance de los holdouts, operativo que acaso no resulte tan fácil como algunos suponen. De disfrutar la economía nacional de una salud robusta, una maniobra de tal tipo sería relativamente sencilla, pero sucede que la ofensiva de “los buitres” ha coincidido con una caída estrepitosa de la producción y la consolidación de una tasa de inflación sumamente alta. Por lo tanto, dificultades atribuibles a un default pasajero que hace algunos años hubieran sido apenas perceptibles se agravarían mucho. Huelga decir que, para minimizar los costos políticos de sus propios errores, el gobierno atribuiría la crisis resultante a la maldad de la Justicia neoyorquina. No cabe duda de que el conflicto con “los buitres” ha complicado el panorama pero no es la causa de la nueva debacle económica que el país está experimentando, producto de los errores de una fracción política liderada por personas al parecer convencidas de que les había tocado inventar un “modelo” superior a todos los demás con la eventual excepción del chavista. Así las cosas, no extrañaría que algunos miembros del gobierno se sintieran más aliviados que apenados por la irrupción imprevista de los holdouts, que les han brindado un pretexto inmejorable para tratar la crisis que ellos mismos han provocado como resultado de la hostilidad foránea, de ahí los intentos oficiales de hacer pensar que detrás de “los buitres” está el gobierno de Estados Unidos. De lograr así el apoyo de buena parte de la ciudadanía, el gobierno aseguraría que el conflicto con los holdouts continuara incidiendo de manera muy negativa en la evolución del país al alejarlo aún más del mundo desarrollado, ya que, para superar la decadencia que ha condenado a muchos millones de familias a la pobreza extrema, sería necesario poner fin a la absurda negativa populista a emular a las sociedades que sí han conseguido prosperar merced a las oportunidades brindadas por un mundo cada vez más globalizado.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 26 de julio de 2014


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