“No me haga acordar”
Ernesto Sanz mira el mar planchado desde el moderno complejo La Normandina de Mar del Plata. Lo rodean los pibes de Franja Morada que con la FUA llevan adelante una caravana por la costa bonaerense destinada a debatir temas de educación. La marcha tiene una consigna arrancada de los intensos días del Mayo Francés: “Hacer alegremente cosas terriblemente serias”. La consigna está estampada en las remeras que lucen los pibes de la FUA. Uno de ellos se lamenta: “Le queríamos regalar una remera a Sanz, pero no teníamos de su talle. Nosotros, bueno, somos flaquitos…”. Los pibes se sacan fotos con Sanz, Milman. Las docentes que participaron del encuentro también. Los pibes –el concepto incluye a las muchas pibas militantes también presentes– acribillaron a preguntas a los panelistas; las pibas, fundamentalmente sobre temas de género. En un lateral del salón un radical con años de militancia mira. Se llama Adolfo Stubrin. –Buenas preguntas, buenas respuestas –comenta. –Yo no pude ser Franja –confiesa rato después Sanz a este diario. Y acota: –Llegué a la universidad con la dictadura… ¡sí, sí, ya sé! ¡No me haga acordar! –No. Pero cómo no contar aquel fresco del primer día de la vida de Ernesto Sanz como estudiante en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral. Ese día, el hoy senador se levantó muy temprano para asistir a su primer clase de derecho. Tomó un cuaderno y una Bic y salió de la pensión donde se había instalado no bien llegado de su Mendoza natal. Enfiló hacia la Facultad de Derecho, donde muchos años después se reformaría la Constitución nacional. Notó que las calles estaban desiertas. Pero al llegar a la avenida que da al frente de la facultad se encontró con tanques, cañones, bayonetas y un sargento con el casco hundido hasta las orejas. –¿Adónde vas, pibe? –A… a… a clase, señor, a clase… –¡Rajá, pibe, no vas a tener clase por varios días! Ese día era el 24 de marzo del 76. (Los pibes se sacan fotos con Sanz y con el diputado Gerardo Milman, otro de los participantes de la mesa redonda que acababa de finalizar).
Ernesto Sanz mira el mar planchado desde el moderno complejo La Normandina de Mar del Plata. Lo rodean los pibes de Franja Morada que con la FUA llevan adelante una caravana por la costa bonaerense destinada a debatir temas de educación. La marcha tiene una consigna arrancada de los intensos días del Mayo Francés: “Hacer alegremente cosas terriblemente serias”. La consigna está estampada en las remeras que lucen los pibes de la FUA. Uno de ellos se lamenta: “Le queríamos regalar una remera a Sanz, pero no teníamos de su talle. Nosotros, bueno, somos flaquitos...”. Los pibes se sacan fotos con Sanz, Milman. Las docentes que participaron del encuentro también. Los pibes –el concepto incluye a las muchas pibas militantes también presentes– acribillaron a preguntas a los panelistas; las pibas, fundamentalmente sobre temas de género. En un lateral del salón un radical con años de militancia mira. Se llama Adolfo Stubrin. –Buenas preguntas, buenas respuestas –comenta. –Yo no pude ser Franja –confiesa rato después Sanz a este diario. Y acota: –Llegué a la universidad con la dictadura... ¡sí, sí, ya sé! ¡No me haga acordar! –No. Pero cómo no contar aquel fresco del primer día de la vida de Ernesto Sanz como estudiante en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral. Ese día, el hoy senador se levantó muy temprano para asistir a su primer clase de derecho. Tomó un cuaderno y una Bic y salió de la pensión donde se había instalado no bien llegado de su Mendoza natal. Enfiló hacia la Facultad de Derecho, donde muchos años después se reformaría la Constitución nacional. Notó que las calles estaban desiertas. Pero al llegar a la avenida que da al frente de la facultad se encontró con tanques, cañones, bayonetas y un sargento con el casco hundido hasta las orejas. –¿Adónde vas, pibe? –A... a... a clase, señor, a clase... –¡Rajá, pibe, no vas a tener clase por varios días! Ese día era el 24 de marzo del 76. (Los pibes se sacan fotos con Sanz y con el diputado Gerardo Milman, otro de los participantes de la mesa redonda que acababa de finalizar).
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