No repetir errores

Por Redacción

Sabrina Noelia Medina (*)

La madrugada del 16 de septiembre de 1976, un comando militar secuestra a un grupo de estudiantes secundarios dando origen a lo que luego se denominó “La noche de los lápices”. Estos jóvenes platenses habían iniciado un reclamo por la adquisición del boleto estudiantil, desconociendo que dicho reclamo iba a desatar uno de los hechos más terribles que se vivieron durante la dictadura militar de 1976. En la ciudad de La Plata, epicentro educativo y por lo tanto de discusión política, un grupo de adolescentes, entre los que se encontraban Claudia Falcón, Pablo Díaz, Horacio Húngaro, entre otros, comienzan a reclamar la posibilidad de que el gobierno aprobara el boleto estudiantil, aludiendo que muchos estudiantes no contaban con los recursos económicos para solventar dicho gasto. Por el testimonio del único sobreviviente, Pablo Díaz, se puede analizar cómo estos adolescentes, movilizados por la firme convicción de defender sus derechos y al mismo tiempo con un nivel de ingenuidad desafiaron al terrorismo de Estado, padecieron con su captura las peores atrocidades que caracterizaron a esa dictadura. La lucha cultural que planteaba el régimen tenía como fin acallar las voces de aquellos sectores disidentes con un marco ideológico opuesto y crítico a lo instaurado por las FF. AA. No es casual que dentro de las víctimas estuvieran intelectuales, docentes y estudiantes. Estos sectores, junto con el movimiento obrero, sufrieron las repercusiones que la violencia estatal con tanto éxito alcanzó, basta con observar los índices de personas desaparecidas pertenecientes a estos grupos sociales. Al contextualizar, observamos cómo nuestra sociedad ha atravesado diferentes etapas de violencia que necesariamente han dejado secuelas. No es producto del azar la intolerancia, la falta de diálogo, el no respetar al otro, que tiene una visión distinta a la nuestra. Éstas son muestras y actitudes que observamos diariamente no sólo en el ámbito político, sino en nuestra cotidianidad. Ahora bien, el interrogante es saber cuáles son los desafíos que debemos superar como sociedad. Por un lado, tenemos la obligación de fomentar la consolidación de una memoria colectiva que nos permita no sólo no olvidar nuestro pasado sino también tener herramientas para no repetir errores. Parte de esta responsabilidad le corresponde en gran parte a nuestra dirigencia política, pero también está en cada uno de nosotros practicar la tolerancia y aceptar el disenso. Cuando alcancemos este estado, sabremos que tanta violencia, silencio, muerte y lágrimas no han sido en vano. “La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue y contra lo que fue, anuncia lo que será”. Eduardo Galeano. (*) Magíster en Estudios Políticos.

A 37 años de “La noche de los lápices”