Nostalgia y poesía en CD de Remo Sgró Namuncurá

En un par de semanas presentará su homenaje a Regina. En realidad, es una reivindicación de la solidaridad y de la vida en un pueblo. Personas, hechos y lugares, en la mirada del artista.

Redacción

Por Redacción

La vida en los pueblos tiene sus cosas.

Hasta su estética tiene. Su ritmo. Su cadencia. Ese ver a la misma gente todos los días. O saber que están, al menos. Una dimensión humana unida a la calidez, a la mesa compartida, a un lenguaje de esfuerzos y alegrías.

Algo de todos estos elementos tiene el compact disc «Dulce Regina, donde yo nací…» que Remo Sgró Namuncurá acaba de grabar, y que se prepara a presentar en un par de semanas en su pueblo, a donde la nostalgia lo trae una y otra vez, desde hace años.

En sus canciones, Remo Sgró Namuncurá recrea la memoria de su infancia. Pero, más aún, acerca una posibilidad de identificación a los reginenses y a todos quienes hemos crecido en un pueblo entre las bardas.

No es casual. Nada lo es.

En Remo Sgró se une mucho de la esencia del Valle rionegrino: su padre fue un gringo calabrés y chacarero. Su madre, una descendiente de los Namuncurá. Su tiempo, la generación que sucedió a los pioneros, cuando una Colonia era mucho más que un emprendimiento económico. Era un pueblo que nacía, con la mística y la esperanza puesta en la construcción de un grupo humano que se arraigaba tanto como los árboles que plantaba.

Desde que se inició en los «60 en el oficio de ponerle palabras y música a las pequeñas historias regionales, Remo Sgró tuvo esa inusual capacidad de crear imágenes, como paisajes auditivos. Y para lograrlo, no sólo han contribuido las palabras elegidas por su poesía, sino también la cristalina profundidad de su voz, la nota de humor, esa visión respetuosa y a la vez irreverente del bailongo del «Doppo Lavoro» o del «Club Regina».

En «Te acordás viejito?», los reginenses reconocerán ese tiempo. En «Toro Gringo», verán con el perfil de Dons Antonio Sgró a cualquiera de sus padres o abuelos.

Pero sin duda, es «Ceferina» la canción que con la belleza estilizada de sus formas y sus versos adquiere un relieve especial en el conjunto.

«Mi madre es un dulce dibujo de mis diez años. Desde ese momento no me acompañó más, pero su ausencia permitió que se agigantara, a través del tiempo, su leyenda personal», recuerda hoy Sgró, evocando las razones que pesaron a la hora de crear el tema, con ritmo de cordillerana. Es el mismo que, en 1977, obtuvo el primer premio en el Certamen de la Canción Inédita del Festival de Choele Choel.

El compact disc grabado ahora, reúne varios de los mejores trabajos de Sgró, seleccionados con un objetivo único: homenajear a su pueblo, en una suerte de reivindicación que excede lo lugareño y lo geográfico. Es un rescate de la solidaridad como modo de vida.

Antonio Rafael Sgró, uno de sus sobrinos, lo acompaña en teclados en la grabación, ampliando la base armónica pero manteniendo el aire sereno de los arreglos que, en la simpleza de su propia guitarra, prefirió el autor durante años.

Don Tonini, «El Tropezón», La Mate Amargo, la Escuela 58, Don Marinetti, «El Mosquito», y hasta la iglesia, las alamedas y los caminos rurales, todo está allí, con la mirada de una nostalgia consecuente. Con la empecinada decisión de vivir hacia adelante, recordando que sólo es posible hacerlo recuperando la memoria y la identidad.

Alicia Miller


La vida en los pueblos tiene sus cosas.

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