Nuevo asalto en el sur de Siria preocupa a la ONU

La oposición critica a Ban Ki-moon por sus magros logros.





AP

El interior de Siria es un campo de batalla a partir de la decisión del presidente Bashar al Assad de sofocar con sangre la escalada opositora.

DAMASCO (AFP).- Cientos de soldados asaltaron ayer una localidad del sur de Siria en momentos en que observadores de la ONU desplegados en el país acudían a Treimsa, una localidad del centro del país donde el ejército sirio mató el jueves a más de 150 personas. Dos días después de la muerte de decenas de insurgentes y varios civiles en Treimsa, en el centro del país, calificada de “masacre” por la oposición, la portavoz de los observadores, Sausan Ghosheh confirmó a la AFP que unos observadores habían ido a Treimsa. Un militante opositor de Hama (centro), Abu Ghazi, afirmó que el grupo se entrevistó con habitantes en el lugar de los hechos e “inspeccionó los lugares bombardeados y los sitios manchados de sangre”. Opositores sirios afirman que más de 150 personas –incluyendo a decenas de rebeldes– fueron asesinados en Treimsa (centro) el jueves. El régimen sirio, que afirmó haber llevado a cabo en Treimsa “una operación de calidad” que culminó con la “destrucción de guaridas de grupos terroristas (…), sin que hubiera que lamentar ninguna víctima civil”, parece decidido a terminar con los bastiones rebeldes, en particular en Deraa (sur), cuna de la movilización contra Assad lanzada hace unos 16 meses. Las tropas tomaron por asalto ayer la ciudad de Jerbet Ghazalé, asediada por las fuerzas del régimen, después de que los helicópteros bombardearan el sábado la localidad. Según el opositor Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), con sede en Londres, la represión causó la muerte de un mínimo de 28 personas, entre ellas una mujer embarazada. El viernes, al menos 118 personas, en su mayoría civiles, murieron en la represión y los combates en Siria, principalmente en la provincia de Idleb (noroeste) y en la capital, Damasco, según el OSDH. A causa de las restricciones a la prensa en Siria y de la decisión de la ONU de no contabilizar las víctimas es imposible obtener un balance independiente del número de muertos en el conflicto. Según el OSDH, más de 17.000 personas murieron desde principios de marzo de 2011. Por su parte, el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan afirmó, refiriéndose a lo ocurrido en Treimsa, que “esa masacre inhumana, esa tentativa de genocidio son tan sólo signos precursores del final del régimen”. La secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, había dicho el viernes que todo parecía indicar que “el régimen asesinó deliberadamente a civiles inocentes”. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo el viernes que un fracaso del Consejo de Seguridad para presionar a Asad implicaría “una licencia para nuevas masacres”. Ban Ki-moon dijo que el Consejo tendría que enviar “un mensaje fuerte a todos de que habrá serias consecuencias” si no se observa el plan de paz del emisario Kofi Annan. Sin embargo, la oposición critica cada vez más a Annan, por considerar que no logra presionar a Asad como debiera. Así, manifestantes instaron el viernes a “retirar a Annan, lacayo de Asad y de Irán”.


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