Obispo evangélico condenado pero sin prisión
José Figueroa fue encontrado culpable de abusos reiterados a niños. Recibió una sentencia de 3 años de pena y 10 de inhabilitación para desarrollar actividad religiosa.
JUSTICIA
Pensaron que nadie les iba a creer. Por eso, guardaron silencio durante mucho tiempo. Casi 9 años después, los jueces de la Cámara Criminal Segunda de esta ciudad Gregor Joos, César Lanfranchi y Héctor Leguizamón Pondal les creyeron y sus testimonios se transformaron en la prueba fundamental para condenar al obispo evangélico José Lucino Figueroa a la pena de 3 años de prisión condicional como autor de los abusos reiterados y agravados por su condición de ministro de culto en perjuicio de tres chicos.
Además, los jueces le impusieron una inhabilitación especial de 10 años (el máximo de la pena) para desarrollar la actividad religiosa.
La sentencia se leyó ayer al mediodía en Tribunales, sin la presencia del impitado. La defensa la puede apelar.
Para los jueces se acreditaron en el juicio los tres hechos que el Fiscal de Cámara subrogante Guillermo Lista y el abogado por la querella Diego Breide le atribuyeron a Figueroa. “Concluyo que se encuentra acreditado con la certeza que un fallo condenatorio requiere, tanto la materialidad de estos hechos constitutivos de abuso sexual, como tambien la autoría responsable del acusado”, afirmó Joos en su voto al que Leguizamón Pondal y Lanfranchi adhirieron.
Los jueces hicieron lugar al pedido de pena que habían solicitado tanto el fiscal como el abogado de la querella. En cambio, el abogado Gerardo Joseph, defensor del imputado, había requerido la absolución.
El primer hecho que se le atribuyó ocurrió entre junio y julio de 2006 cuando Figueroa tocó en sus genitales a un chico de 13 años que concurría a la Iglesia Unión Pentecostal, que está ubicada en el cruce de las calles Basilea y Pasaje Gutierrez, en el barrio La Cumbre. Figueroa era el Obispo de esa congregación.
El segundo hecho acreditado sucedió la madrugada del 25 de septiembre de 2006 con otro niño de 13 años que también asistía a la iglesia. Mientras que el tercero ocurrió entre junio y julio de 2008 con un chico de 14. Todos fueron abusos sexuales por tocamiento. No hubo acceso carnal. Hoy los chicos son mayores de edad.
Figueroa afirmó en el juicio que nunca estuvo solo con los chicos. Sostuvo que se trataba de un complot encabezado por la madre de una de las víctimas, que tras enterarse de lo que sufrió su hijo comenzó a investigar el hecho lo que derivó en la denuncia penal que se hizo en mayo de 2013.
Los jueces desestimaron la versión del imputado. Valoraron el informe del psicólogo forense que analizó los testimonios de las víctimas. También de la Ofavi que concluyó que “las prácticas religiosas se asientan en el poder que se ejerce desde un saber sustentado en la creencia, la dependencia de quienes asisten los coloca en un lugar de asimetría, desde el cual se puede crear el campo para el ejercicio de la violencia sexual”.
“La totalidad de los testimonios escuchados durante la audiencia impresionaron como espontáneos, descriptivos, evidenciaban hechos vividos realmente. Las víctimas explicaron detalladamente los sucesos que acaecieron, brindando datos, tanto de lugar, época, y circunstancias concretas y específicas de los hechos. Sin agregar nada”, destacó Joos.
“Las tres víctimas coincidieron en que nadie habría de creerles lo ocurrido, ya que el autor era el Obispo de la Iglesia a la que concurrían sus familias desde mucho tiempo atrás. Que veneraban al Obispo, al que le asignaban incluso una jerarquía superior”, afirmó el juez.
DeBariloche