Opinión: Marcelo Gallardo, la gran figura del fútbol argentino

El sello de un entrenador se nota hasta en la forma de comunicar sus decisiones.





Se gritó como un gol, se festeja como un título y seguirá celebrándose en el pueblo riverplatense. Pero la continuidad de Marcelo Gallardo excede los límites del Monumental, porque en estos años ha sido una figura excluyente y su continuidad en el Millo es una buena noticia para propios y extraños.

Gallardo eleva la vara de todo. Sin jugar, es la gran figura de un fútbol argentino y es hacedor del equipo que domina el juego desde hace más de siete años con varios cambios de plantel en el medio.

Sus virtudes tácticas, de conducción y de manejo en el día a día lo pusieron entre los grandes entrenadores del mundo. La competencia interna se ve beneficiada con su presencia porque los rivales, indirectamente, también se ven obligados buscar su mejor versión para derrotarlo.

La selección nacional se ha nutrido con futbolistas que mejoraron o explotaron de su mano como Franco Armani, Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta o Julián Álvarez.

Así mismo, con todas esas virtudes, habiendo ganado muchos títulos y ostentando la condición de ídolo, la pregunta es ¿por qué sigue?

Pasa el tiempo y cada fin de año la situación se repite. Como cualquier ser humano, replantea su búsqueda, el contexto, lo personal y lo colectivo. Y como cada diciembre, la decisión es la misma: el Muñeco se queda.

La razón no es uniforme, sino que tiene varias aristas a tener en cuenta. La cuestión salarial es relevante como en todo trabajo. En ese aspecto, el esfuerzo económico que hace el club para sostenerlo es grande y los beneficios son superiores, lo cual le cierra a la dos partes.

Al mismo tiempo, con el tipo de cambio que tiene Argentina, el técnico podría buscar otros horizontes con ingresos en dólares y sería totalmente normal. Sin embargo, el sentido de pertenencia y el desafío de seguir protagonizando cosas importantes con el club que ama siempre pueden más.

En ese camino, hay una palabra que al Muñeco se le reconoce y que él asume sin tapujos en todos los sentidos de la palabra: liderazgo.

Gallardo maneja el club, no solo un equipo de fútbol de primera. Muchos de los cambios positivos que ha tenido en términos de infraestructura y divisiones inferiores parten desde su gestión. Nada de lo que pasa en River es desconocido por él y allí radica uno de los rasgos distintivos de los 7 años y medio de permanencia.

El proceso con resultados fantásticos, muchos de los cuales cambiaron la historia, lo ampararon para que no haya figura dirigencial esté en condiciones de imponerle algo. Inclusive, el DT disimuló las falencias de gestión (sobre todo en lo económico) que tuvo Rodolfo D’onofrio. Nadie en el ‘Mundo River’ está en condiciones de cuestionarle las exigencias.

Gallardo lo sabe y usufructúa esa posición. Y también es consciente que ninguna otra institución podría darle el lugar que hoy tiene en River. Él se siente cómodo en ese lugar, que al mismo tiempo es muy desgastante y por eso en cada fin de año hay dudas, pero la respuesta ha sido siempre la misma.

Hoy es todo alegría para los hinchas, pero también en la algarabía Napoleón dejó una frase que amerita reflexión y que explica la incertidumbre que se generó en la gente del Millo. »Las personas estamos de paso», dijo.

Por estas horas no parece pertinente plantear un escenario negativo, pero con una influencia tan fuerte del Muñeco en todos los planos de la vida de River es inevitable proyectar sobre el futuro. ¿Qué pasará el día que semejante liderazgo ya no sea ejercido? Y, por otra parte ¿será capaz Gallardo de mostrar en otro club el nivel de excepción que mostró en River?

Gallardo es de River y de River no se va, como cantan sus hinchas. Mañana, 9 de diciembre, se conmemoran tres años del título más festejado por el hincha del Millo en su historia. Ninguna otra gesta es celebrada con tanto énfasis por los fanáticos del club. La alegría de seguir contando con su ídolo hace que ese sentimiento sea todavía más profundo. En el día elegido para comunicar su continuidad, Marcelo también fue táctico.

Pero quedarse con los festejos del 9/12 es ver apenas una parte de los hechos. Lo que hace el entrenador en River tiene impacto en Argentina y en Sudamérica. Es un deporte y después puede ganar cualquiera, pero el sello Gallardo es uno solo y no implica solo una manera de dirigir, sino que conducirse.


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