Cuando se apague la luz





Omar López Mato * – Juan Manuel Ibarguren **

Un clásico de los veranos… las playas, las vacaciones de los famosos, modelos en bikini y cortes de luz. Las altas temperaturas son la excusa perfecta para la exteriorización de la crisis energética en Argentina. Daniel Montamat lo dice desde hace años y lo repite como una voz que clama en el desierto: el sistema energético está fundido. En resumidas cuentas, la regulación que impide la actualización de tarifas implica que las empresas sólo están en condiciones de cubrir costos operativos (sueldos y gastos corrientes) e impedidos de invertir. Esta imposibilidad de inversión ha degradado el sistema hasta esta crisis que nos toca vivir.


En el sistema de salud ocurre un virtual paralelismo con particularidades propias del sector. Desde hace dos décadas los prestadores de salud, en concreto los médicos, están desfinanciados para ejercer su actividad y mantener la actualización de sus equipos.


En oftalmología el atraso y la necesidad de recomposición inmediata de los valores que las Obras Sociales y Prepagas pagan a los prestadores asciende al 168,5% una cifra que cada vez es más difícil de compensar.


La inflación es la principal causa de estas distorsiones donde se pierde relación de los precios y no se puede sostener la actividad productiva, menos planificar y de ninguna manera invertir. Y en la Argentina vemos el fenómeno inflacionario con una resignación casi terminal.


Cierra el 2021 con mas del 50% de inflación interanual y se proyecta un 2022 con guarismo similares, en el mejor de los casos…


Los gremios ya han adelantado que la pauta para paritarias del corriente año será por encima del 50%. La propia secretaria de comercio acaba de cerrar acuerdos con actualizaciones trimestrales para algunos medicamentos. Es indispensable que todos los sectores actualicen sus precios so pena de acentuar las asimetrías que desbalancean a cada sector .
En este contexto los prestadores de salud no sólo no tenemos perspectivas de aumentos acordes a la inflación y en el hipotético caso de lograr equiparar los números de la inflación, también acarreamos un atraso que será difícil de compensar.
Lo que ocurrirá no es difícil de imaginar: la precarización de la salud, la perdida de fuentes de trabajo, la merma en la calidad de atención y la degradación prestacional por obsolecencia del equipamiento. Todo esto se traducirá en una realidad tan crítica y palpable como los cortes de luz que padecemos.


En ese momento se discuten las consecuencias de haber pisado las tarifas de energía, pero en todo caso el deterioro se mide en inconvenientes, disminución de la productividad y pérdida de calidad de vida… pero el dilema sanitario se medirá en muertes e incapacidad, que también llevan a menor productividad …Alguien conoce los problemas sociales que trae aparejada la disminución visual en diabéticos y glaucomatosos (solo para citar dos de las patologías más frecuentes que ven los Oftalmólogos).


El valor de la salud es indiscutible, pero el precio de la salud está en relación con sus costos. Y estos costos ya no pueden ser asumidos por los institutos, consultorios y médicos.


Solucionar este dilema será imposible de no llegar a un diálogo franco, un análisis serio del cuadro de situación económica y financiera del sector y sobre todo el compromiso de los diferentes actores del sistema y el Estado. La salida de este problema debe ser con un plan consensuado, serio y con el protagonismo de los verdaderos actores indispensables del sistema, los médicos.


Y las soluciones hay que lograrlas antes que se apague la luz.

* Médico oftalmólogo. ** Magister en Administración de Servicios de Salud


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