El fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe

El federalismo se debilita a nivel global. La concentración se consolida. Ponerle precio a las valiosas facultades constitucionales de las Provincias tendrá un alto costo.

“Los jugadores de cartas” Otto Dix, 1920.

La guerra contra el federalismo.

1. Las cartas que juegan los fuertes


Tucídides hace casi 2500 años, en el siglo cuarto antes de Cristo, en su extenso “Historia de la guerra del Peloponeso” relata el diálogo previo al asedio de la isla de Melos. En su texto dice: “El fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe”.

Esta frase aplica a diferentes aspectos que convergen en la realidad argentina. A las relaciones entre el Gobierno y las Provincias, a la recesión económica que padece la sociedad, sus familias, y a la reacción de las comunidades ante fenómenos ambientales dramáticos que siendo predecibles no generan respuesta oficial acorde. Desde ya, también aplica a la guerra que empeora todo.

Concentrémonos en la cuestión federal. El Gobierno quiere salir de la parálisis de obras públicas que provocó y de paso construir aliados provinciales para el 2027. Se paralizó lo público para reconstruirlo como oportunidad de negocio. No se hablará de las responsabilidades, de la puesta en peligro, del abandono o del costo humano. Por ejemplo, en el calamitoso estado de las rutas nacionales.

A Sturzenegger lo dejaron derogar y destruir incluso contra la Constitución y su artículo 76 o 82, incluso con daño a la producción, exportación y riesgo sanitario. Lo de Adorni tapa cualquier brote como los de scrapie en la producción ovina.

La distracción acompaña la confusión. En lugar de construir real valor en el Senado y con sus diputados, ciertas provincias le ponen precio a sus capacidades constitucionales. El costo será cada vez más alto pero para las provincias que siguen entre la improvisación y la atomización.

¿Hacia dónde va el aceleracionismo del mundo? Incluso con incertidumbre los patrones son visibles. Por un lado, este cuarto de siglo tuvo una concentración del poder económico, político y digital como tendencia innegable. Se configura un mundo multipolar de poderes concentrados de forma unitaria. Por otro lado, toda guerra refuerza las estructuras nacionales y debilita a las provincias. Las fuerzas federales tienen ventajas comparativas que no usan ni identifican en un contexto de desafíos existenciales. Quienes las observan las aprovechan sigilosamente en medio del ruido y distracción colectiva.

Tanto la oposición como el oficialismo son efectivos en hacer una guerra contra el sentido común, contra la realidad, ofreciendo respuestas cosméticas a problemas estructurales. El debate de la ley de glaciares lo demostró. Los que sufrieron oposiciones irresponsables son irresponsables y los que sufrieron persecuciones quieren perseguir. El teatro del oficialismo se combate con teatro opositor.


Lo nuevo es la instrumentalización abierta de los expedientes, la delegación de espacios de poder material a la familia porteño-judicial para negociar una paz igual de porteño-judicial. Los salvajes federales (sic) tendrán que ser responsables para construir su propia paz, la paz de los expedientes. Así el sistema político parece negociar las sentencias y deja de aplicar las normas, la misma Constitución. Esa norma que nos hacía una imperfecta república representativa y federal.

El fuerte no hace lo que quiere, hace lo que puede, lo que le permiten. Nadie piensa en construir mejores instituciones ni en estabilizar la disfuncional máquina del poder federal.

2. Sufrir lo que se debe


La guerra trae a la inflación como factor constante. Aunque el Gobierno la sufra, la inflación es uno de los factores que trajo a Milei al Gobierno y que saturó la relación de la clase política tradicional con las mayorías.

En ese contexto de inflación estructural la estabilidad monetaria seguirá teniendo un costo inmenso. Esto es, más estrés en la sociedad que ajusta mucho más que sus consumos de primera necesidad, que se transforma a sí misma acorralada, obligada a autoexigirse para sobrevivir. La pandemia ya la acercó a la pulsión de muerte y la alejó de sus representaciones políticas históricas.

El deterioro de la sociedad no la obligará a volver a los brazos de la clase política tradicional sino a transformarse, a desconocerse, a animalizarse, a sobrevivir perdiendo la razones para vivir.

Es cuestión de supervivencia, no de justicia. La frase completa de Tucídides dice “Lo justo, como suele suceder en el mundo, sólo es una cuestión entre iguales en poder, mientras el fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe”. La desigualdad y la fragmentación federal en la que vivimos es una de las cartas ganadoras de los fuertes y una regla que rige el sufrimiento de los débiles.

* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.


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