El puente va por la mitad

Milei necesita conectar el crecimiento exportador con el consumo familiar; la oposición necesita un puente entre el desorden y la unidad.

Cuando el año termine, las exportaciones argentinas habrán llegado a un récord histórico: más de 100.000 millones de dólares. El saldo comercial proyectado contra el volumen de importaciones sería superior a los 20.000 millones de dólares. 

El superávit proviene del dinamismo actual en el sector de hidrocarburos, la expansión de las explotaciones mineras y del complejo agroindustrial, con altos niveles de molienda en 2026 y perspectivas favorables para la próxima campaña. 

20.000 millones de dólares es una cifra similar a la asistencia financiera que prometió Scott Bessent en 2025. El secretario del Tesoro norteamericano intervino con ese número en la última campaña electoral argentina para frenar la corrida cambiaria. 

Tras ese rescate, Javier Milei ganó una elección legislativa que venía con mucho viento en contra. José Luis Daza, viceministro de Luis Caputo, dijo hace poco que el Banco Central llegará a diciembre con 20.000 millones de dólares disponibles, sin tomar nuevas deudas. 

En contraste con estas cifras, el Producto Interno Bruto (PIB) de Argentina cayó un 0,6% en el segundo trimestre de 2026 respecto al trimestre anterior. La economía argentina todavía creció 2% en la comparación interanual, pero hay un puente inconexo entre los sectores más dinámicos y la caída del consumo. 

Al menos dos factores evidentes inciden en esa contracción: aunque la inflación bajó, el salario real nunca recuperó el enorme ajuste de la inflación desbocada en 2023. Y durante la corrida cambiaria de 2025, el gobierno impulsó una suba de tasas tan pronunciada que hoy ahogan a quienes tomaron deudas entonces y entraron luego en la espiral de la mora. 

La Casa Rosada sabe que esta desconexión incide en la voluntad política previa al desafío de la reelección presidencial. Pero no tiene muchas alternativas de corto plazo. Federico Pinedo, dirigente del PRO afín al rumbo económico de Milei, sintetizó esta semana la triple y muy compleja demanda que ciñe al gobierno: estabilizar los precios, retomar el crecimiento, asumir el pago de la deuda externa. 

Si se observan los grandes números de la economía, la inflación sigue en baja, la deuda se está pagando y el crecimiento asoma. Pero el cambio de modelo económico implica un ajuste que requiere una nueva legitimación en 2027. Si el gobierno afloja pesos para alentar el consumo, la inflación puede regresar y un dólar inquieto complicaría todo el precario equilibrio conseguido. 


Consecuencias


Milei le está exigiendo a su equipo que aquello que la economía no puede hacer sin riesgo de naufragio, debe hacerlo la política para renovar el respaldo al gobierno. La mesa política que lo acompaña señala una ventana de oportunidad: la oposición sigue dispersa, necesita de primarias para ordenarse y sólo propone un regreso al modelo económico anterior. 

El momento de quiebre entre ese diagnóstico oficialista y la reconstitución de una alternativa opositora está próximo a verse. Pronto habrán de confluir en el Congreso los dos proyectos legislativos en los cuales convergen la urgencia material de todos los actores políticos y sus estrategias electorales. 

Esos proyectos son el Presupuesto 2027 y la modificación de las Paso. 

A diferencia del año anterior, esta vez el Gobierno envió un programa presupuestario más realista: una inflación anual promedio de 21,1% y un resultado financiero del sector público con un superávit modesto: 0,2% del PIB. 

Las expectativas de crecimiento son ambiciosas: cuatro puntos del Producto. Pero para el diálogo con los actores de oposición, en especial los gobernadores, más relevante que la promesa de mejora integral futura es la distribución del resultado fiscal esperado. 

Con un presupuesto más realista con las variables macro, el quid pro quo con las provincias se ceñirá a la letra fina. En esa expectativa está para el Gobierno la llave maestra para la negociación por las Paso. 

El panorama en el principal espacio opositor muestra que sin la herramienta de las primarias obligatorias, las posibilidades de unidad se diluyen.

Cristina Kirchner insiste con una candidatura jurídicamente inviable. Axel Kicillof la ignora y lanza formalmente su propio espacio. Sergio Massa asomó en un flirteo con el peronismo cordobés, inmerso a su vez en una crisis por el desgaste de 27 años en el poder. 

El resto del PJ mira expectante. El desorden bonaerense espanta a los jefes territoriales que ponen en juego la continuidad de sus proyectos locales. 

Hay gobernadores beneficiados por el cambio de modelo económico y otros entrampados en la resaca del modelo anterior. Incluso con primarias nacionales para ordenarse, la oposición depende del desencanto mayoritario con la economía de Milei. 

Y no a todos los gobernadores les conviene apostar alegremente a la decepción con la economía de Milei. Es una apuesta de riesgo que podría beneficiar de seguro al kirchnerismo bonaerense y a caciques como Quintela o Insfrán, cuya economía sigue anclada al gasto público sin sector privado. 

La escena cambia en otros distritos del eje cordillerano o de la franja central agroexportadora.

Bertrand Russell decía que lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar. Milei y sus adversarios se señalan mutuamente como el puente a incendiar. 

La economía todavía no le entrega a Milei una mejora del consumo que justifique definitivamente su modelo como un puente difícil, pero virtuoso. 

Y la oposición espera que una nueva crisis -por inflación, recesión o desempleo- la reivindique ante los electores como la tierra de bonanzas que prometió ser y no fue.


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